Abascal, señalado como «vago» dentro de su propio partido
¿Se puede sostener un partido que se vende como azote de la casta cuando el propio líder arrastra el sambenito de no haber dado un palo al agua? La pregunta no la lanza la oposición: según las informaciones publicadas, circula ya dentro de las filas de VOX. Voces internas señalan a Santiago Abascal por su escasa trayectoria laboral fuera de la política, un reproche que sus detractores repiten desde los orígenes del partido y que ahora incomoda más dentro que fuera.
El historial que se le atribuye alimenta la etiqueta: hijo y nieto de políticos, afiliado al PP desde los 18 años, sin apenas experiencia en la empresa privada. Su única incursión conocida en el sector privado —una empresa que, según se sostiene, habría quebrado— se usa como prueba de su supuesta incapacidad de gestión. El cálculo completo de su currículum, partida a partida, es lo que da munición a quienes lo llaman «Pagascal».
El argumento del «no ha trabajado nunca»
La acusación se apoya en una biografía política casi sin interrupciones: cargos, escaños y estructuras partidistas desde la mayoría de edad. Quienes lo defienden contraatacan con un dato incómodo: Abascal creó VOX desde cero, a golpe de pico y pala, y soportó durante décadas la presión de ETA en el País Vasco. «No se cansó, se arruinó», resume una de las voces que salen en su defensa, recordando que montar un partido no es lo mismo que cotizar tomando café de 9:00 a 12:00.
En el lado contrario, el reproche se extiende a su entorno: se le compara con otros líderes que también llegaron a la política sin pasar por la fábrica, y se sostiene que el votante de VOX terminará pagando la factura cuando el partido acabe regalando sus escaños al PP. La idea del «palanganero» del PP —el que sostiene al socio mayoritario sin cobrar el precio— recorre buena parte de la discusión.
Qué dice el votante que se siente engañado
El desencanto no es solo con Abascal. El patrón se repite, según este análisis, con Pablo Iglesias, Casado, Rivera o Echenique: líderes que se presentan como solución y acaban percibiéndose como más de lo mismo. La consecuencia, se argumenta, es una abstención creciente entre votantes que dejan de creer en el recambio. VOX alcanzó un resultado que muchos consideran bueno en las anteriores
elecciones, pero su nicho natural —gente quemada por PP y PSOE— tiene techo si el líder no convence como gestor.
La crisis económica aparece como el escenario que podría cambiarlo todo. Con la cesta de la compra disparada —hay quien afirma que todo cuesta el doble que hace tres años—, el discurso del «vago» pierde fuelle frente al del «incapaz» o el del «traidor». La pregunta que sobrevuela es si el votante castiga la falta de currículum o la falta de resultados.
La defensa: ETA, la quiebra y el desgaste personal
Quienes salen en su defensa no niegan el dato laboral: lo reencuadran. Sostienen que Abascal se jugó el pescuezo durante años en el País Vasco, en un contexto de violencia terrorista que muchos de sus críticos no han vivido ni de lejos. «Enviaría a vivir la misma situación a todos sus detractores, aunque fuese solo un día», llega a decir una de las voces más duras del hilo. La comparación con otros políticos que se pagaron la carrera descargando contenedores o picando en una mina se usa como espejo: nadie les exige un currículum blindado.
El contraargumento es que la política profesional no es vagancia, sino un oficio de dedicación total. «Son los más currantes de entre los vagos», resume una formulación que da la vuelta al insulto: si alguien aguanta el desgaste de maquinar por su puesto todo el día, no es por falta de trabajo, sino por exceso de ambición.
Al final, la etiqueta de «vago» dice menos de Abascal que de quien la usa, según se sostiene en el hilo. En política, el currículum se mide en escaños, no en nóminas. Y por ese rasero, el de Amurrio sigue cobrando.