El aparcamiento que Gibraltar quiere construir en territorio español
¿Hasta dónde puede estirarse el límite de la soberanía española? La respuesta, según los analistas, es que bastante poco. El proyecto de ampliar el aeropuerto de Gibraltar con un aparcamiento en suelo español ha reabierto la vieja herida del conflicto territorial, con el Tratado de Utrecht como telón de fondo.
El Tratado de Utrecht y la letra pequeña
El artículo X del Tratado de Utrecht, firmado en 1713, cedió el peñón a la Corona británica, pero no incluyó las aguas territoriales ni las instalaciones aeroportuarias actuales. De hecho, el aeropuerto se construyó posteriormente sobre terreno que jurídicamente no entraba en la cesión. Gibraltar no tiene aguas territoriales, y la pista aérea se levanta en parte en suelo español. Esta ambigüedad es el caldo de cultivo de la reclamación británica para el nuevo parking.
La reacción en Madrid: entre la pasividad y el temor
La percepción generalizada es que el Gobierno español, sea del signo que sea, acabará dando su aprobación con la excusa de que se crearán empleos. Pero el escepticismo es máximo: pocos se creen esa promesa, y algunos apuntan que los únicos puestos serán los de vigilancia. La retirada de la valla fronteriza hace años eliminó un símbolo de control, y ahora el paso es libre, lo que abre la puerta a que Gibraltar haga uso de suelo español sin contrapartidas.
Hay quien va más lejos: si el nivel de los dirigentes españoles es tan bajo, quizá España debería preocuparse de que otros territorios con aspiraciones similares sigan el mismo camino. La ironía está servida: mientras unos se ríen de la situación, otros reflexionan sobre si algún día pagaremos nosotros las obras.
El caso es que la lógica soberanista choca con una dejadez crónica. Y la pregunta que queda flotando es sencilla: ¿para cuándo un aparcamiento subterráneo o elevado que evite nuevas fruta? El tiempo, como siempre, juega a favor de los que no se mueven.