Bukele vs Bad Bunny: la cruzada del presidente contra el reggaetón
En 2021, la revista Time incluyó a Nayib Bukele y a Bad Bunny en su lista de las 100 personas más influyentes del planeta. Cuatro años después, el presidente de El Salvador ha convertido al artista puertorriqueño en su diana cultural favorita. En una entrevista de 2025, Bukele calificó las letras del cantante como «basura para el alma» y les atribuyó la promoción de «temas malos» y de «una mala cultura» entre la juventud.
La polémica no es nueva, pero el envite tiene miga. Bukele no habla de estética: habla de salud pública moral. El problema, dice, no es que el reggaetón sea música mala, sino que sus letras dañan a quienes las consumen. Un argumento que conecta con una corriente de opinión que pide más control estatal sobre los contenidos, incluso una «policía de la moral» que vigile a la industria.
Sin embargo, enfrente está quien defiende que el trap actual no es peor que el hip-hop de los 90. Si antes se glorificaba la violencia, ahora se canta el sexo sin disimulo, que tampoco es un invento: en 1972, La Trinca publicó «Feu l'amor i no la guerra» (haz el amor y no la guerra), para recordar que el sexo en las canciones no nació con Twitch. La ironía añadida: ambos, presidente y cantante, compartieron reconocimiento mundial hace apenas cuatro años.
En el fondo, la pregunta es política. ¿Puede un Estado proteger a la juventud sin decidir por ella qué es basura? Bukele tiene el diagnóstico cerrado y el micrófono. Pero la música, como la libertad, suele cobrarse caro cualquier tutela.