Gripe aviar H5N5: primer muerto humano y sombras de confinamiento
El Departamento de Salud del estado de Washington confirmó la primera muerte humana por la cepa H5N5 de la gripe aviar. La víctima era una persona de edad avanzada con problemas de salud subyacentes previos al contagio. La noticia ha encendido todas las alarmas en un contexto donde, según un mensaje difundido en el foro, Europa ya despliega planes de contingencia y sistemas de alerta temprana ante el riesgo de pandemia por la cepa H5N1. Mientras los organismos reguladores diseñan protocolos que incluyen cuarentenas selectivas y refuerzo de stocks de vacunas, la sombra de las medidas sanitarias de 2020 vuelve a planear sobre la opinión pública.
El precedente que nadie quiere repetir
La secuencia de acontecimientos que llevó al confinamiento global de 2020 se repite ahora con una precisión incómoda, según un guion que circula entre los participantes del debate. Primero la zoonosis: una enfermedad infecciosa que salta de los animales a los humanos. Después, un fallecido con patologías previas. Más tarde, la posibilidad de que alguien sin problemas de salud también muera. Y finalmente, el anuncio de una pandemia con su correspondiente batería de medidas sanitarias.
Hay quien sostiene que este patrón no es casual sino diseñado, y que las crisis sanitarias previas —la propia gripe aviar, el ébola— sirvieron para preparar el terreno. El cálculo más optimista asume que se trata de simples ciclos biológicos; el escenario pesimista parte de la base de que existe una coreografía ensayada. Lo que sí es un hecho es que, según un mensaje difundido en el foro, la Unión Europea ya ha comenzado a desplegar planes de contingencia y sistemas de alerta temprana ante la creciente amenaza de una posible pandemia provocada por la cepa H5N1.
Los organismos reguladores están diseñando protocolos que incluyen cuarentenas selectivas y el refuerzo de stocks de vacunas, ante el temor de que el virus, que ya ha saltado a mamíferos, pueda mutar y lograr una transmisión eficiente entre humanos.
¿Confinamiento otra vez? El pulso entre el miedo y la fatiga
La pregunta que sobrevuela cada conversación no es si habrá nuevas restricciones, sino si la población está dispuesta a acatarlas. La experiencia de los encierros anteriores dejó un poso de desconfianza difícil de disolver. Una parte del análisis sostiene que la gente ya no va a tragar ni de coña, y que la cantidad de personas dispuestas a plantar cara se multiplicaría por tres respecto a la primera vez.
En contra pesa el argumento de que el aparato estatal tiene recursos y experiencia para imponer medidas. Los toques de queda, la distancia obligatoria de seguridad y el cierre de comercios no serían una novedad.
La cuestión es si la sociedad tiene la energía para resistir un segundo envite o si el cansancio acumulado jugará a favor del statu quo.
Hay quien señala que las autoridades sanitarias tienen muy presente las revueltas que causan repetir el mismo truco dos veces, y que rara vez insisten en la misma fórmula. Otros, en cambio, recuerdan que los planes ya están sobre la mesa y que los protocolos de cuarentena selectiva no son una hipótesis de trabajo, sino documentos oficiales.
El negocio de la pandemia: mascarillas, vacunas y PCR
Cada crisis sanitaria trae consigo un rastro de oportunidades económicas que no pasa desapercibido.
Mascarillas, vacunas y pruebas PCR conforman el trío de productos que ya vivió un auge sin precedentes y que ahora podría repetirlo. La maquinaria industrial y farmacéutica está preparada; la pregunta es si la demanda volverá a dispararse.
La sombra de la corrupción planea sobre los contratos de emergencia. Durante la pandemia anterior, las adjudicaciones directas y los sobrecostes generaron un sinfín de polémicas.
El BOE y sus capítulos de contratación de emergencia se convirtieron en el epicentro de un negocio que algunos califican de opaco. No hay indicios de que esta vez vaya a ser diferente.
Hay quien sostiene que las muertes atribuidas a la COVID se contabilizaban sin distinción de causas, inflando las cifras para justificar las medidas. Otros defienden que los datos eran rigurosos y que la gravedad de la situación exigía respuestas contundentes. Lo que está claro es que la confianza en las instituciones sanitarias quedó tocada.
Las residencias: el fantasma que no se ha ido
Uno de los puntos más oscuros de la gestión pandémica fue el trato a las residencias de mayores. La prohibición de visitas y el aislamiento de los residentes generaron un debate que sigue abierto.
Hay quien sostiene que el virus mató menos en los domicilios particulares que en las residencias, donde las medidas de confinamiento pudieron agravar la situación.
La comparación entre las muertes en residencias y las ocurridas en casas particulares alimenta la sospecha de que los protocolos fueron contraproducentes. Quienes defienden la actuación oficial argumentan que las residencias concentraban población vulnerable y que sin las restricciones el número de fallecidos habría sido aún mayor. El debate no está resuelto y probablemente no lo estará nunca.
Lo que viene: entre la vigilancia y la resignación
Los planes de contingencia europeos incluyen cuarentenas selectivas y refuerzo de stocks de vacunas. La maquinaria está engrasada. La pregunta no es si habrá nuevas alertas, sino cuándo y con qué intensidad.
La cepa H5N1 ya ha saltado a mamíferos, y el temor a una mutación que permita la transmisión eficiente entre humanos es real.
La predicción más prudente apunta a que no habrá un confinamiento generalizado a corto plazo, pero sí un goteo de restricciones selectivas, recomendaciones y alertas que irán preparando el terreno. La fatiga social es un factor limitante, pero no una garantía.
Con estos mimbres, cualquier escenario es posible.