Paqui deshereda al hijo que no la visita en 15 años
¿Puede una madre dejar sin
herencia al hijo que lleva quince años sin dirigirle la palabra? Paqui, con dos hijos de 54 y 51 años, lo tiene claro. La relación con su hija es «perfecta», pero con su hijo, dice, «hemos cortado el bacalao» desde que se emparejó. Ni siquiera sabe si tiene nietos. «Me dolería ahora que tuviera un hijo y no saberlo», confiesa en una entrevista reciente. Su único bien es la casa de toda la vida, y ha decidido que no vaya a parar a ese hijo.
La decisión no es tan sencilla como parece. En España existe el
tercio de legítima, la porción de la herencia que por ley corresponde a los hijos y de la que no se puede privar a nadie sin una causa legal tasada. Desheredar no es un simple capricho: hay que justificarlo ante notario y, si el afectado impugna, el asunto acaba en los tribunales.
¿Se puede desheredar a un hijo en España?
Sí, pero solo por las causas que marca la ley. El Código Civil permite desheredar por haber negado alimentos sin razón, por maltrato grave, por haber calumniado o por haber impedido la relación familiar, entre otras. La clave está en la prueba. Si el hijo recurre, será un juez quien decida si la causa es real o una excusa.
En el caso de Paqui, la causa sería el distanciamiento prolongado. Quince años sin contacto son un argumento sólido, pero no automático. La hija, según el relato, ya le ha dicho a la madre que «su hermano no se merece que le des ni el piso». Esa frase, contada así, suena a influencia. Y la influencia de un heredero sobre el testador es uno de los motivos clásicos de impugnación.
El papel de la hija y la sombra de la manipulación
La hija no es neutral. Si el hermano queda fuera, ella hereda más. Eso no significa que haya hecho nada ilegal, pero sí que su interés es evidente. La ley no prohíbe que un heredero aconseje a la madre, pero si se demuestra que la voluntad de la testadora no era libre, el testamento puede caer.
Hay quien sostiene que la madre oculta la verdadera razón del distanciamiento. «No pasas de tener una relación estrecha con tu hijo a la más absoluta nada sin saber el porqué», se argumenta. Otros apuntan a lo contrario: que el hijo se alejó por su propia salud mental, y que la madre, al no reconocer su parte de culpa, busca ahora castigarlo.
¿Qué pasa si el hijo impugna el testamento?
El proceso puede durar años. El hijo tendría que demandar, probar que la desheredación no se ajusta a derecho y esperar una sentencia. Mientras tanto, la herencia queda bloqueada. La casa no se puede vender ni repartir. Para una familia con un solo inmueble, eso es un problema serio.
La otra vía, más limpia, es vender la casa en vida y repartir el dinero. O donarla a la hija. O gastárselo. Todo es legal. Lo que no se puede es dejar al hijo sin su legítima y esperar que nadie diga nada.
El contexto: 27% de mayores sin visitas
Un estudio de Cruz Roja sobre vulnerabilidad social revela que el
27% de las personas mayores atendidas no recibe nunca o casi nunca la visita de sus hijos o familiares. Paqui no es un caso aislado. Es la punta de un iceberg de soledad no deseada que, en muchos casos, termina en decisiones testamentarias drásticas.
La pregunta no es si Paqui tiene derecho a desheredar. La tiene, si lo justifica. La pregunta es si el derecho debe proteger la libertad de testar o la legítima de los hijos. Y ahí no hay consenso. Ni en los juzgados.
Al final, la casa de Paqui acabará en manos de quien ella decida. O de quien decida un juez. Quince años de silencio pesan mucho, pero no tanto como una firma ante notario.