Guía práctica: qué hacer ante la trampa de las obligaciones preferentes de la banca

alehopio

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Guía práctica: qué hacer ante la trampa de las obligaciones preferentes de la banca



Los bancos españoles tienen un problema. Las entidades colocaron cerca de 12.000 millones de euros en participaciones preferentes entre sus clientes en los últimos tres años. La política de comercialización era clara: un interés gancho el primer año (que alcanzaba el 7% o el 8% en algunos casos) y luego un Euribor más diferencial para los siguientes.

El problema del producto es que muchos de los inversores tenían un perfil conservador y creían estar contratando algo similar a un depósito. Es decir, esperaban que el banco devolviera la inversión al cabo de unos años.

Pero realmente las preferentes son una deuda perpetua, lo que significa que el banco no tiene porqué devolver el capital inicial si no quiere. Cuando el ciclo económico acompañaba, los beneficios crecían año a año y los requisitos de capital eran más bajos, los bancos cumplían con esos plazos de vencimiento tácitos. Pero ahora que pintan bastos, los bancos no pueden hacer frente a esos compromisos oficiosos y las quejas han llegado a las sucursales.

Para tratar de compensar a la multitud de clientes afectados -que esperaban un reembolso y no lo tienen-, los bancos están ofreciendo alternativas de canje del producto. BBVA y Banco Sabadell, por ejemplo, ofrecen bonos convertibles. La Caixa está ofreciendo a algunos clientes una mezcla (30% en bonos convertibles y 70% en deuda). Santander propuso un canje directo por acciones. Ayer Bankia dijo que estudiaría transformar parte de los casi 5.000 millones de euros en “instrumentos de capital”. ¿Pero qué puede hacer un cliente con preferentes en estos casos? Aquí tiene una guía práctica con las distintas opciones.

1. DENUNCIAR AL BANCO. Si usted se siente engañado por su entidad, es la opción más intuitiva, pero tenga en cuenta algo muy importante: la realidad es que usted compró deuda perpetua. Si firmó todos los papeles voluntariamente, el banco no tiene nada que devolverle si no quiere. De hecho, si compró preferentes después de noviembre de 2007 (cuando entró en vigor la directiva europea Mifid) es casi seguro que usted firmó un papel en el que reconocía conocer a la perfección todos los detalles del producto y que éste se adaptaba a su perfil inversor. En la práctica, da igual lo que le dijera en su momento el director o comercial de la sucursal: que si esto era como un depósito, que si le devolverían el dinero al cabo de un determinado número de años... Algunos bancos llegaron a estampar referencias a un futuro “VENCIMIENTO" en los documentos que firmaron los clientes y siguen sin querer compensar a sus clientes cuando la fecha llegó y no se satisfizo el pago. Pero o usted (o su abogado) pueden demostrar que ha habido mala praxis a la hora de venderle el producto, o no va a ser fácil que recupere el dinero por esa vía. En cualquier caso, si desea hacerlo, puede empezar mandando su queja al Banco de España, que luego lo remitirá a la CNMV, que emitirá un veredicto no vinculante. Si ese veredicto es a su favor, puede plantearse iniciar acciones legales. En ese caso, lo mejor es que busque consejo legal.

2. QUEDARSE COMO ESTÁ. Usted puede rechazar las ofertas que le hace el director de la sucursal y seguir cobrando el cupón anual que le ofrece. El riesgo que tiene está opción es que sigue estando a merced de la “buena voluntad” del banco. Hasta que la entidad de turno no decida darle una solución a su problema particular, no recibirá de vuelta su dinero. Además, también va a depender de la marcha de la entidad, ya que las preferentes incluyen una cláusula: si hay pérdidas anuales, no hay pago de cupón. Y recuerde, usted tiene deuda perpetua. Si el banco no quiere, no se lo devuelve. Esto quiere decir que si apela a la buena voluntad del banco, tendrá que esperar a tiempos mejores en los que las entidades puedan permitirse devolverlo.

3. VENDER LAS PREFERENTES EN MERCADO SECUNDARIO. Usted podría vender sus preferentes en el mercado secundario, pero con un descuento abismal. Algunas emisiones cotizan al 40% o al 50% de su valor nominal, lo que quiere decir que si usted invirtió 10.000 euros, solo le ofrecerán 4.000 o 5.000, menos las comisiones que le cobre el banco por la operación. En cualquier caso, si le interesa esta opción, pregunte a su banco cuál es el precio de mercado secundario de sus preferentes. Haga el cálculo de si le compensa y actúe en consecuencia.

4. ACEPTAR LA OFERTA DE CANJE DE LA ENTIDAD. En ese caso, depende del tipo de oferta. Vamos a analizar los más extendidos:

a. Acciones. Sin duda la mejor opción para el cliente y la peor para el accionista (a corto plazo). Un canje de la inversión en preferentes por acciones del banco permite que los clientes recuperen buena parte de su inversión de forma relativamente rápida. Es el ejemplo de Banco Santander, que amplió capital, repartió las acciones entre los clientes que compraron preferentes, y estos las pudieron empezar a vender desde la semana pasada. La única pega es que si desea venderlas el mismo día que empiezan a cotizar -para recuperar su dinero cuanto antes y no asumir riesgos de renta variable- probablemente venda un poco más barato de la cuenta. Ese día la avalancha de ventas por parte de minoristas hará bajar puntualmente el precio de la acción. Esa bajada será el “coste” que el cliente paga por ver su problema solucionado. Para el accionista actual, en cambio, la ampliación le supone una dilución de su participación. No obstante, la alternativa de tener a decenas de miles de clientes enfadados a las puertas de la sucursal tampoco está exenta de problemas a medio y largo plazo.

b.Bonos obligatoriamente convertibles en acciones. Lo más normal es que este bono incluya un precio de conversión, que se fijará en un determinado momento. Pongamos un precio de canje por acción de 4 euros cinco años antes de la conversión. Esto significa que si usted tiene 10.000 euros en preferentes, le van a dar bonos que se convertirán en 2.500 acciones del banco dentro de 60 meses. Si cuando llegue el momento del canje, la acción vale 4 euros, usted recupera el 100% de su inversión (2.500 acciones x 4 euros = 10.000 euros). Si cuando llega ese momento, la acción vale 3 euros, usted recibirá solo 7.500 euros (2.500 acciones x 3 euros). En cambio, si la acción vale 5 euros, usted puede llegar incluso a ganar dinero (2.500 acciones x 5 euros = 12.500 euros). Para determinar si le interesa debe fijarse en ese precio de canje: cuanto más por debajo esté de la cotización actual, mejor (esa distancia es su colchón: querrá decir que la acción tiene que bajar esa cantidad para que usted entre en pérdidas). Si por el contrario, el precio de canje está por encima de la acción actual querrá decir que los títulos deberían subir hasta ese nivel para que usted recupere todo su dinero. Si el precio de canje se fija poco antes de que los bonos se conviertan en acciones, entonces el riesgo de fluctuación se reduce, ya que pasa menos tiempo entre que usted sabe cuánto valen sus acciones y ya es capaz de venderlas. En cualquier caso, debe tener en cuenta que si usted entró hace años en la sucursal a por un depósito o una inversión conservadora, ahora estará saliendo con un producto vinculado a la bolsa. Si quiere asumir ese riesgo, adelante, pero sepa que está ahí.

c. Bonos a largo plazo. En este caso le están canjeando una deuda perpetua por un bono, pongamos, a diez años. Aquí lo importante es que sepa que ese dinero estará ahí bloqueado durante todo ese tiempo. Puede venderlo en mercado secundario (y probablemente le den más dinero del que le dan ahora por sus preferentes), pero no hay garantía de que recupere el 100% de su inversión. Debe fijarse en el tipo de interés que le ofrece el banco y decidir si le compensa. Por ejemplo, en el caso de La Caixa, la entidad emitió recientemente deuda subordinada a cinco años con un rendimiento del 7,5% anual. Si usted tiene preferentes de La Caixa y le ofrecen bonos subordinados a ese plazo, como mínimo deberían ofrecerle ese interés.

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Banco Santander está cayendo cerca de un 4% en bolsa, casi el doble de lo que cede el valor más comparable -BBVA-. ¿Por qué? Porque desde hoy, los inversores que tenían participaciones preferentes han recibido acciones del banco en compensación y ya pueden venderlas -la vía más rápida de recuperar el dinero que depositaron inicialmente-.

Esta operación -ampliar capital para darle acciones a clientes enfadados- es un ejemplo de la artefacto artefacto peligroso de relojería que eran las preferentes, y nos sirve de punto de partida para explicar las distintas formas que tiene un banco de afrontar este problema y empezar a valorar otros problemas similares que llegarán este mismo año. Les pongo en antecedentes.

1. ¡PREFERENTES, PREFERENTES, ME LAS QUITAN DE LAS MANOS! Los bancos captaron dinero de los particulares colocándoles acciones preferentes. Lamentablemente, una práctica comercial habitual era decirles que esto era como un depósito y que al cabo de equis años recuperarían su dinero. No tengo constancia de un solo cliente al que el empleado de la sucursal le dijera alto y claro: "Señor cliente, está usted comprando deuda perpetua del banco y esto quiere decir que si no queremos, no le devolveremos nunca su dinero ¿Sigue queriendo las preferentes?".

2. PAN PARA AYER, HAMBRE PARA AHORA. La colocación de preferentes entre particulares solucionó muchos problemas de liquidez de la banca a corto plazo, ya que les permitió captar miles de millones de euros. Pero en realidad, lo que estaban haciendo era chutar el problema a un par de años vista. Y ese momento es ahora. ¿Qué pasa cuando decenas de miles de clientes pasan por la sucursal y piden su dinero de vuelta? Pues que ese dinero no se le puede devolver, porque el valor real de esas preferentes en el mercado es del 40% o el 50% de lo que se pagó en su día. Esto quiere decir que, si el cliente quiere su dinero tiene que asumir que recuperará solo la mitad de lo que invirtió. "¿Pero esto no era como un depósito?", se preguntará.

3. CONFIRMADO. TENEMOS UN PROBLEMA. Y cuando el nivel de enfado empieza a tocar niveles sensibles, es cuando el banco ve peligrar sus clientes y decide ofrecer una solución. Para empezar, ese producto no debería haberse colocado así, pero el mal ya está hecho. El director de la sucursal de turno probablemente sea otro, tal vez también el jefe de zona. Y el marrón está encima de la mesa. ¿Y bien?¿Cómo devuelves a un cliente sus 10.000 euros si el valor de mercado del producto que le vendiste es de 4.000?

4. POSIBLES SOLUCIONES: PLAN A. El banco asume las pérdidas vía cuenta de resultados. En el ejemplo anterior: vende por 4.000, devuelve 10.000 al cliente y asume pérdidas por 6.000 euros. Resultado: pagan los accionistas, que tienen un menor beneficio a distribuir ese año.

5. POSIBLES SOLUCIONES: PLAN B. El banco canjea preferentes por acciones propias recién creadas (ampliación de capital) y se las da a los clientes enfadados. En el ejemplo, el cliente recibe 10.000 euros en acciones de Santander. Cuando las recibe, puede mantenerlas o venderlas (acuérdense de las caídas de hoy de la acción). Resultado: pagan los accionistas antiguos, a los que se les diluye la participación que tenían en el banco. En el caso de Santander, las nuevas acciones representan un 3,8% del total de títulos que había en circulación, por lo que ahora el mismo beneficio y el mismo dividendo que estaba previsto toca a repartir entre más.

6. POSIBLES SOLUCIONES: PLAN C. El banco le dice a los clientes que haber mirado bien lo que estaban firmando, que en el quinto párrafo del anexo 37 del papel que firmó aceptando las condiciones pone claramente que la parte contratante... etcécera, etcétera... Resultado: paga el cliente, que bien se queda con la deuda perpétua a la espera de tiempos mejores, bien la vende en el mercado y asume pérdidas.

7. Y LO QUE VIENE, ES PEOR. Aunque ojo, a largo plazo, no sé si es muy bueno que un banco tenga enfadados a decenas de miles de clientes -de los que tienen capacidad de ahorro por cierto-, que pueden retirar su dinero o no volver a fiarse en su vida de un director de sucursal. Habrá que ver cómo lidia ahora el banco de Botín con la segunda parte de esta historia: los inversores de bonos convertibles. Lo de las preferentes se ha arreglado con 1.900 millones de euros en acciones. Con los bonos, hay más 7.000 millones de euros de 129.000 clientes TOP del banco, que a finales de año van a recibir acciones por un valor que, a precios actales del título, no llega ni la mitad de lo que depositaron. Y por la misma lógica, habrá que compensarles. ¿Quién pagará esta vez? Hagan sus apuestas.
 

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