Zumaia ofrece 8,99 €/h por vendimiar y exige coche propio
Cuarenta puestos de vendimiador, jornada completa, incorporación inmediata, contrato hasta el final de la campaña y
8,99 euros brutos la hora. Los requisitos no son menores: carnet de conducir y vehículo propio para llegar a los viñedos de Zumaia (Guipúzcoa), disponibilidad entre semana y también los fines de semana, y aguante para un trabajo de esfuerzo físico. La función tampoco admite dudas: recogida del racimo de uva para su posterior prensado. Veinte días después de publicarse la oferta, los inscritos eran
ocho. Para cuarenta plazas. La vendimia en Zumaia se queda con un cupo que no llega a la cuarta parte.
Qué pide exactamente el anuncio y qué paga
El texto, difundido a través del servicio vasco de
empleo, califica de «experiencia imprescindible» algo que no se aprende: tener coche. La experiencia previa en la tarea aparece solo como valorable. De modo que el filtro que se anuncia como experiencia no es saber vendimiar, sino poder desplazarse hasta la zona de viñedo con carnet y vehículo propio. La disponibilidad, además, cubre los siete días de la semana, y la campaña se extiende hasta que el último racimo entra en la bodega. Es el tipo de contrato que en el txakoli se mide en semanas, no en meses.
¿Cuánto queda en neto a 8,99 euros la hora?
Aquí empieza la aritmética. A jornada completa, hay quien calcula en el hilo un bruto en torno a
1.500 euros al mes y un neto de unos 1.300. Otra lectura rebaja el bruto por debajo de esa cifra y lo deja
12 céntimos por encima del SMI que se maneja en la comparación, 1.323 euros. Sostener que la oferta compensa el esfuerzo físico, el madrugón y el gasto de desplazamiento es otro asunto. Ahí está el nudo señalado por algunos participantes: no es un problema de ilegalidad, es un problema de precio.
El coche, las tijeras y los días de lluvia
El vehículo propio no es un detalle menor. Combustible, desgaste y averías corren por cuenta del trabajador, y una avería en plena campaña convierte el sueldo en una anécdota. Súmese el material que el vendimiador suele poner de su bolsillo —tijeras de podar, guantes, agua— y el tiempo de traslado desde el punto de encuentro hasta la viña, que, según un testimonio del hilo, no se paga. Tampoco se paga el día que llueve y no se puede entrar al campo. La fórmula que se reclama es sencilla: un minibús desde el pueblo más cercano, como se hace en otros países con los temporeros. El coche propio convierte un empleo precario en una inversión con riesgo.
Dos semanas de txakoli, tres meses de Rioja
Hay quien ha pasado por las dos vendimias y lo resume con crudeza: la del txakoli es corta; la de la Rioja Alavesa se estira dos o tres meses. El joven se gasta lo de dos semanas en cuatro días; el padre de familia convierte tres meses en algo que se queda en casa. Sobre el terreno, un participante relata
4 euros la hora en la Rioja Alavesa con un intermediario de por medio, diez horas de faena y 40 euros al día. La comparación con la oferta guipuzcoana es inmediata: esas mismas diez horas serían 90 euros. Un detalle del oficio que se apunta en el hilo: el txakoli se emparra en altura y no obliga a agacharse como la cepa de vaso.
La alternativa francesa está a 40 minutos en coche
La referencia exterior aparece pronto y con números:
11,65 euros la hora, 35 horas semanales, horas extra con un 25% de recargo y cotización como si se trabajara en España, además de alojamiento que puede descontarse del sueldo. Con Hendaya a unos 40 minutos, según lo apuntado en el debate, la pregunta se responde sola. La ironía fina que se señala es que España lleva años exportando mano de obra al campo francés y ahora se extraña de que no aparezca nadie para recoger uva a 8,99.
¿Por qué no se cubren los 40 puestos?
Las explicaciones se pelean entre sí. Una corriente sostiene que el problema es el precio: si se han apuntado ocho, es que se paga poco, y el mercado habla. Otra apunta al reparto dentro de la cadena: si el vendimiador cobrara 15 euros, el resto de escalones tendría que subir en proporción, y nadie quiere que la copa de txakoli pase de los
2,50 euros que ya cuesta en el bar mientras la botella se vende a 30. Una tercera se concentra en las prestaciones sociales y en el desincentivo que generan; la contrarréplica es que ninguna ayuda convierte a nadie en vendimiador y que la escasez es de precio, no de manos. Y una cuarta, más técnica: cuánto tardaría un robot en hacerlo más barato.
Prestaciones, ingenieros y el agravio comparativo
En el fondo late una discusión más vieja que la vendimia: qué se paga por esfuerzo físico y qué por formación. Hay quien compara el sueldo del vendimiador con el de un ingeniero que también pone coche y que, sostiene, cobró menos durante años, y concluye que el problema no es este contrato sino la escala entera. La respuesta desde el otro lado no discute el dato, discute la utilidad de cargar con años de estudio y de ansiedad. Nadie gana ese pulso, pero sirve para entender por qué el cartel de Zumaia sigue sin completarse.
Nadie discute el dato bruto: campaña corta, un sueldo que roza el mínimo por horas, un coche propio como peaje y 8,99 euros la hora. Y en veinte días, ocho personas.