México no habría frenado a EE.UU. por tener la corte en América
En 1807, con las tropas de Napoleón entrando en la Península, la familia real portuguesa embarcó hacia Brasil. La española, en cambio, acabó cautiva en Bayona. Esa asimetría es el punto de partida de un escenario contrafactual que lleva tiempo circulando: si los Borbones se hubieran instalado en México, ¿habría conservado el virreinato su territorio? La tesis más ambiciosa sostiene que México habría llegado hasta el Mississippi y que Brasil es grande hoy gracias al traslado de la corte portuguesa, que le habría conferido una escuela geopolítica de primer orden.
El problema es que la comparación se cae por varios flancos. Brasil no tenía frontera con una potencia en expansión demográfica como Estados Unidos, y su avance hacia el interior venía de lejos: los bandeirantes ya mordían territorio más allá de Tordesillas en el siglo XVI, mucho antes de que la corte lusa cruzara el Atlántico.
La demografía como factor decisivo
El argumento que más peso tiene en el análisis es el de la población. México era un país de
apenas siete millones de habitantes frente a más de veinte millones en Estados Unidos en los años de la guerra de 1846-1848, y la mayor parte de esos siete millones se concentraba entre Veracruz y Jalisco. Poblar y defender dos millones de kilómetros cuadrados —cuatro veces España— con esa base era, en el mejor de los casos, una quimera.
La migración anglosajona hacia Texas había empezado antes incluso de la independencia mexicana. Cuando el territorio se independizó, ya había colonos estadounidenses asentados. La geografía tampoco ayudaba: mientras que para ir del interior de México a Texas había que salvar sierras y montañas, desde Luisiana o desde Oklahoma el terreno era llano. Eso facilitó la movilización del ejército estadounidense durante la guerra.
¿Por qué Brasil sí y México no?
La comparación con Brasil es engañosa por una razón de fondo: Portugal trasladó su corte a una colonia que no tenía vecinos capaces de desbordarla. México, en cambio, compartía frontera con un país que duplicaba su población y crecía a un ritmo exponencial. La expansión brasileña hacia el interior, además, se apoyó en la trata de esclavos: cientos de miles de personas traídas por los esclavistas portugueses crearon una bomba demográfica que se iba a comer el centro del continente sudamericano con independencia de dónde estuviera el rey.
Hay quien sostiene que un México con la corte en América habría tenido una élite con mayor conocimiento geopolítico y una emancipación más ordenada. El escenario más optimista asume que el rey, presente en el territorio, habría desactivado el argumento del vacío de poder que justificó las juntas americanas. En contra pesa el hecho de que la corte portuguesa volvió a Lisboa en 1821 y Brasil se independizó en 1822: la presencia del monarca no garantizó la continuidad.
El ejército que nunca llegó
España intentó recuperar México en 1829. Envió una fuerza de vanguardia de
3.500 hombres, de los que solo desembarcaron unos 3.000 tras el naufragio de una embarcación. Las tropas de refuerzo nunca llegaron. Ese episodio resume la capacidad real de la monarquía para proyectar poder militar en América tras la independencia.
El ejército peninsular rondaba los 100.000 soldados en 1820, pero estaba inmovilizado en guarniciones, dividido entre absolutistas y liberales, con un índice de deserciones enorme. La expedición al Río de la Plata, con casi 30.000 hombres entre tropa y marinería, nunca se desplegó como estaba previsto. La travesía era a vela; en 1895, cuando Weyler movilizó 200.000 soldados a Cuba, los vapores ya habían cambiado la logística por completo.
La anexión que Estados Unidos rechazó
Un detalle que suele olvidarse: Estados Unidos no anexionó todo México tras la guerra. Los políticos estadounidenses argumentaron la imposibilidad de integrar a millones de personas con una cultura distinta —católicos, hispanohablantes, mayoría mestiza o indígena—. La razón de fondo fue mantener el equilibrio entre estados esclavistas y abolicionistas en el Congreso.
Ese mismo equilibrio explica por qué la expansión territorial se hizo por etapas y no de golpe. La guerra de 1846-1848 fue una conquista, y eso genera tensiones en el relato fundacional estadounidense: apenas hay películas sobre ella. Las batallas fueron desiguales, la logística estadounidense funcionó con una eficacia que no tuvo parangón en el bando mexicano.
Al final, el dato que descoloca no es el que se discute, sino el que se olvida: en 1900 Brasil tenía 18 millones de habitantes para un territorio veinte veces mayor que España, que también andaba por los 18 millones. La bomba demográfica brasileña explotó después de la independencia, no antes. Si el traslado de la corte hubiera sido el factor decisivo, los números no cuadran.