No vale la pena, se ha puesto muy caro. Incluso las masajistas de origen extranjero son difíciles de encontrar con buena atención al cliente. Las pocas españolas que hay son caras, frías o antipáticas. Lo mejor es tener una pareja con la que te lleves bien y mantengáis una relación satisfactoria. Quién tenga eso no sabe lo afortunado que es en la vida.