Racionamiento de petróleo: bajar 10 km/h y domingos sin coches
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha puesto sobre la mesa un decálogo de «economía de guerra» que apunta directamente al racionamiento de petróleo. No es un ejercicio teórico: el propio organismo considera
más que probable un colapso del suministro. Y las medidas entran en la rutina diaria:
reducir los límites de velocidad en autopista al menos 10 km/h, impulsar el teletrabajo, decretar un día a la semana sin coches y recuperar los domingos sin tráfico en las ciudades.
Queda la pregunta incómoda. ¿Pueden las economías permitirse, después de una pandemia, más apreturas que contraigan a su vez el consumo? La AIE no responde a eso: su apuesta es que el consumo a corto plazo se puede recortar con medidas de gobiernos y ciudadanos. Y pone cifras al ahorro.
Cuánto petróleo ahorraría cada medida propuesta
El cálculo global:
2,7 millones de barriles diarios menos en cuatro meses, siempre que las medidas se apliquen plenamente en el mundo desarrollado. El margen está concentrado, porque las economías avanzadas representan alrededor del
45% de la demanda mundial de petróleo.
El desglose importa más que el titular. Los cambios y restricciones en el uso del automóvil supondrían
más de 2 millones de barriles. Dentro de ese bloque, tres medidas —domingos sin coches, fomento del coche compartido y restricción del acceso a las grandes ciudades según la matrícula— suman
1,5 millones de barriles diarios. El teletrabajo y la limitación de los viajes de negocios rebajarían otros
700.000. Abaratar el transporte público y dar alas a la bicicleta, la micromovilidad y los desplazamientos a pie aportarían
300.000 más.
- Cambios en el uso del automóvil: más de 2 millones de barriles diarios
- Domingos sin coches, coche compartido y matrículas: 1,5 millones
- Teletrabajo y viajes de negocios: 700.000
- Transporte público, bicicleta y micromovilidad: 300.000
A todo eso se añade un detalle menos vistoso: promover la conducción eficiente entre los camiones de carga y de reparto. El ahorro no viene solo de que el ciudadano aparque; también de cómo conduce quien trabaja al volante.
Por qué la AIE recorta la demanda en vez de bombear más crudo
La lógica oficial es que subir la producción no arregla el problema de hoy. Los planes para paliar la producción rusa «solo podrían aumentar la liquidez del mercado a medio plazo sin aliviar las tensiones actuales», advierte el organismo. De ahí su apuesta: «Otra forma de ayudar a equilibrar el mercado y reducir el dolor causado por los altos precios del petróleo es rebajar la demanda».
Con ese marco, la AIE pide el esfuerzo a los consumidores, no a los productores. Y matiza: apuesta por dar prioridad a los sectores más pobres de la población y a quienes tienen en el automóvil una herramienta indispensable para trabajar. Es decir, que la restricción no la paguen quienes ya van justos.
El precedente de los años 70: qué falló entonces
Ya se intentó. La crisis petrolera de los años 70 trajo racionamiento en el repostaje según las matrículas y un horario de verano en pleno enero en Estados Unidos entre 1974 y 1975. Aquello no ahorró: constriñó aún más las economías. Hubo excepciones. Limitar el tamaño de los automóviles o eliminar la tracción trasera sí lograron recortar el consumo. La lección —funcionan mejor las medidas que cambian el diseño del parque móvil que las que cambian la vida de la gente— parece no haber calado.
El Gobierno de Zapatero ya bajó el límite de velocidad a 110 km/h. Duró lo que tardó en aparecer el rechazo.
Teletrabajo: la medida menos discutida
Si hay una propuesta que genera poco ruido es la del teletrabajo. Quien lleva dos años haciéndolo no quiere volver: el ahorro en combustible es notable y el estrés baja. Hay quien reorganiza su vida en torno a esto, hasta el punto de plantearse vender uno de los coches si consigue el teletrabajo permanente. Con una excepción: el fin de semana sigue siendo para coger el coche y visitar a la familia.
Ojo, porque el reparto del esfuerzo no es neutro: en el debate hay quien advierte de que medidas como el domingo sin coches golpearán al turismo de interior, cuando mucha gente sale en masa el viernes y vuelve el domingo.
El rechazo: de la pandemia al agotamiento de los recursos
La desconfianza es la nota dominante. Las comparaciones con la pandemia se repiten —los pases, los confinamientos, las restricciones para trabajar o viajar— y buena parte de los participantes lo lee como un
ensayo general. El lema «no tendrás nada y serás feliz» resume ese estado de ánimo.
Enfrente hay dos relatos que chocan. Uno sostiene que el problema real es el agotamiento de los recursos: si los gobiernos empobrecen, dicen, es porque saben que la era del petróleo barato se acaba y no llegan a tiempo los sustitutos tecnológicos. El otro lo niega de plano: el
peakoil no existe, la culpa es de la guerra y las medidas serán temporales. Y una tercera corriente mira solo el bolsillo: si el carburante está por las nubes, que cada cual ajuste su consumo sin que nadie le ponga un límite legal.
Lo que no parece moverse es el reparto del esfuerzo, siempre del mismo lado.