Un plan naval para sacar el grano de Odesa que solo EEUU podría liderar
Una flota internacional abriéndose paso hacia Odesa entre minas y baterías de costa, con una hilera de cargueros de cereal esperando detrás para poner rumbo al Mediterráneo. Ese es el escenario que se ha puesto sobre la mesa en plena guerra de Ucrania: una operación naval para tomar los puertos ucranianos del Mar Negro y reanudar las exportaciones de grano. La propuesta se atribuye al Gobierno lituano, con un supuesto empujón británico de fondo —el
Evening Standard hablaba de una ruta segura desde Odesa para evitar millones de muertes por hambre—, pero el arranque del asunto es tajante:
solo Estados Unidos tiene medios para lanzar y liderar algo así. El objetivo declarado no sería militar, sino alimentario: que el grano ucraniano llegue al Mediterráneo y frene una crisis en Oriente Medio y el África subsahariana.
Qué pide Lituania y qué países entrarían en el Mar Negro
Según la información que circula, Lituania solicitaría a una coalición de aliados —
Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Turquía— una operación naval para recuperar los puertos costeros ucranianos y permitir la exportación internacional de alimentos sin obstáculos. La tesis de partida es que solo Washington puede coordinar ese despliegue y que el resto de los firmantes actuaría de acompañamiento. Ahí empieza el problema: entre el anuncio y el agua hay varias capas de obstáculos.
¿Por qué no pueden entrar buques de guerra en el Mar Negro?
Porque un tratado internacional restringe el paso de buques de guerra a un mar cerrado y pequeño, donde cualquier flota quedaría expuesta a misiles lanzados desde varias orillas. A esto se añade que los accesos a los puertos están sembrados de minas, y sin desminar no hay corredor que valga. ¿Y quién desmina? Ese es el nudo.
Rusia ofrece pasillo a cambio del desminado de los puertos
Moscú ha movido ficha por vía diplomática. El ministro de Exteriores ruso,
Serguéi Lavrov, declaró desde Baréin que Rusia está dispuesta a facilitar la salida de los buques cargados de grano, pero condicionó su seguridad al desminado de las aguas territoriales ucranianas. «Si se resuelve el problema del desminado... la Armada Rusa garantizará en alta mar el paso sin obstáculos de estos buques al mar Mediterráneo», afirmó. Dicho de otro modo: el corredor existe, pero con la rúbrica de Moscú.
Cuánto grano hay atrapado y por qué el tren no basta
La cosecha de este año es récord y el país no tiene dónde meterla:
unos 50 millones de toneladas de cereal se quedarían sin almacenamiento, porque los silos disponibles apenas dan para
15 millones. Hay quien sostiene que el grano y el girasol ucranianos ya están saliendo por tren y por el Danubio sin ser molestados por el Ejército ruso, de modo que el bloqueo total no sería el problema real. La conclusión de esa línea: el cuello de botella es logístico y de previsión, no de cañones.
Las dudas sobre la operación militar: sin buques y sin voluntad
El escepticismo es la nota dominante. Se argumenta que si Occidente no se ha atrevido con medidas mucho más baratas, difícilmente va a embarcarse en una operación anfibia de este calibre. Se recuerda también que Turquía mantiene retenidos cargueros en el puerto de Odesa, que habría que hacerles sitio antes de sacar nada, y que en un mar tan estrecho los buques serían un blanco fácil. La versión más ácida: esto es una novela de aventuras, no un plan de Estado Mayor.
El desvío hacia el hambre y la migración
Una parte de la conversación ha derivado hacia la crisis alimentaria y sus consecuencias migratorias. Hay quien sostiene que el objetivo verdadero no es evitar muertes, sino contener posibles flujos de población hacia Europa, y quien responde que esos desplazamientos no se producen caminando ni de forma espontánea: moverlos exigiría una maquinaria logística cuyo coste supera al de enviar trigo. Otra corriente recuerda precedentes de intervenciones occidentales que acabaron alimentando precisamente los flujos que decían querer evitar.
La novela que se quedó corta
Como curiosidad, hay quien ha traído a colación
La alternativa del diablo, la novela de Frederick Forsyth en la que una crisis de grano se convierte en moneda de cambio geopolítica. La broma que circula es que la realidad ha superado la ficción del autor.
Con
50 millones de toneladas de cereal buscando dónde caerse y 15 millones de hueco, la discusión sobre portaaviones puede ser lo de menos. Alguien tendrá que decidir si el problema se resuelve con escoltas navales o con silos. Nadie ha dado con la respuesta.