Veteranos de guerra en España: entre el silencio y la incomprensión
Un cabo primero destinado en Bosnia durante nueve meses regresó a España y vio por televisión al ministro de Defensa de entonces asegurando que «España no ha disparado una sola bala». Ese contraste —entre lo que él había visto sobre el terreno y lo que se contaba en el telediario— le hizo dejar de creer en la política. No es un caso aislado. Quienes han pasado por escenarios de conflicto describen una realidad que rara vez encuentra hueco en el relato oficial: la guerra no se olvida, pero tampoco se lleva en el día a día.
¿Qué experiencias relatan quienes han estado en zona de conflicto?
Los testimonios recogidos abarcan desde misiones de paz en los Balcanes hasta despliegues en Afganistán, pasando por la Guerra del Golfo y el Sáhara. Un cabo primero destinado en Bosnia con las fuerzas IFOR y SFOR relata que no disparó un solo tiro, pero vio
muertos de todas las edades y condiciones, atrocidades que califica de inimaginables. Recuerda a compañeros llegar con los cargadores vacíos y vehículos con impactos de bala. Lo peor, dice, fue volver tras nueve meses y escuchar en el telediario que España estaba en misión de paz. Todavía hoy no puede ver el concierto de U2 y Pavarotti en Sarajevo.
Otro participante, destinado en
Afganistán entre 2010 y 2012 en la provincia de Badghis, confirma que la zona bajo mando español se limitaba a la capital Qala e Now y sus rutas principales, con presencia de uzbekos, tayikos y pastunes. Hubo rotaciones de la BRIPAC, la Legión, la Brilat y unidades de Montaña. No entra en detalles escabrosos, pero responde a quien pregunta con seriedad.
La experiencia no siempre implica combate directo. Un participante que estuvo en Kosovo con ayuda humanitaria aclara que no disparó a nadie, aunque describe el entorno con crudeza. Otro relata que su cuñado estuvo prisionero en Bosnia durante unas horas, hasta que fue intercambiado, y que los captores le apuntaron con pistolas para intimidarle. El estrés postraumático le acompañó durante años.
«No habléis de estas cosas a la ligera porque marcan de forma terrible», advierte.
¿Cómo afecta el estrés postraumático a los veteranos?
El impacto psicológico aparece en varios relatos. Un participante menciona que su cuñado arrastró estrés postraumático durante años tras apenas unas horas de retención. Otro apunta que
muchos veteranos acaban «jodidos de la azotea». La exposición a cuerpos desmembrados, a la violencia extrema y a la amenaza constante deja secuelas que no siempre se reconocen.
Quienes han estado en combate coinciden en una cosa: el entrenamiento no prepara para la realidad. Un participante que recibió instrucción para combatir en población, moverse por desagües y soportar presión física y mental describe haber visto
cuerpos desmembrados, brazos colgados de ventanas y cerebros estampados contra fachadas. También presenció cómo compañeros eran apaleados por la multitud y exhibidos después. «Hasta que no te ves en acción, hasta que el clic no suena en tu cerebro, no lo entiendes», concluye.
La vuelta a casa añade otra capa de dificultad. El silencio entre veteranos es la norma.
«Entre militares, nunca se habla ni se...», deja caer el cabo primero, sin terminar la frase. La incomprensión social y el contraste con el relato oficial complican aún más la reintegración.
¿Qué pasó con la mili obligatoria y sus riesgos?
La mili no era una guerra, pero podía matarte. Un participante que la hizo en aquella época recuerda que
te podían matar por cualquier gilipollez o dejarte hecho un trapo. Otro va más allá y sostiene que un año de mili cualquiera causaba más muertos que los caídos en acto de servicio en los últimos diez años. La afirmación no viene acompañada de datos, pero refleja una percepción extendida.
El servicio militar obligatorio envió a jóvenes a destinos peligrosos. Un participante relata el caso de un conocido que hacía la mili en Villa Cisneros cuando le sorprendió la Marcha Verde. Aislado en el desierto con otros tres, sin agua y bebiendo su propia orina con azúcar durante días, sobrevivió tras un enfrentamiento con una vendedora de agua. Son historias que rara vez trascienden.
La Guerra del Golfo también dejó su huella. Un participante fue movilizado dos veces y llegó con el final del conflicto. Estaban
«más tensos que un maricón en una rebaja de bragas», describe, con alarmas nocturnas y preparación constante por si atacaban el cuartel. La mili era una lotería: podía tocarte un destino tranquilo o uno chungo.
¿Se puede hablar abiertamente de la guerra en España?
No parece fácil. El mensaje que abre el tema pregunta directamente a quienes han matado o han visto morir si pueden contar cómo lo llevan. Las respuestas evitan el sensacionalismo y reclaman prudencia.
«Esas cosas no se preguntan y no se responden», zanja un participante. Otro advierte:
«Tal como va el mundo vas a gozar el placer de dar y recibir plomo».
La mayoría de los relatos comparten un tono sobrio. No hay épica. Hay recuerdos que no se borran, pero que tampoco se convierten en el centro de la vida diaria. El cabo primero lo resume:
«Nunca se olvida, pero no lo llevas en tu día a día». La guerra deja una marca profunda, pero la vida continúa. Lo que no continúa es la conversación pública sobre lo que ocurrió.
¿Qué pasa con los que no han estado en una guerra?
La distancia entre quienes han vivido un conflicto y quienes solo lo han visto por televisión es abismal. Un participante compara la experiencia con atropellar a un perro: sientes pena, pero no es lo mismo. La mayoría de las respuestas evitan el juicio y se limitan a constatar que la guerra es otra cosa.
«Aquí casi todos quieren que haya una guerra pronto. Es evidente que ni se imaginan lo que es eso», sentencia un mensaje destacado.
Otros recurren al humor para marcar distancia. Un participante dice que lo más cerca que ha estado de una guerra es ir a trabajar a las 3000. Otro bromea con una ciberguerra en redes sociales defendiendo el coleccionismo. La ironía no oculta una realidad: la guerra es un asunto serio que exige respeto y silencio.
El relato oficial dice que España no dispara. Los que estuvieron allí dicen otra cosa. Entre ambas versiones hay una brecha que ningún telediario ha cerrado.