Hay que hacer algo YA contra la granja de trolls del Kremlin

Pantallas encendidas en un edificio gris bajo un cielo desaturado, ilustración sobre la granja de trolls del Kremlin

Quince años de cárcel por un bulo: el espejo ruso de la censura​

Una cuenta sin actividad desde 2014, con siete mensajes en todo 2021, empezó el 24 de febrero de 2022 a publicar sin descanso en apoyo del Kremlin. El patrón se repite en varios perfiles: alta reciente, historial vacío, dedicación exclusiva al mismo asunto. Sobre ese rastro se ha montado una discusión que ya no va de Ucrania, sino de hasta dónde puede llegar una democracia para defenderse de la granja de trolls del Kremlin sin acabar pareciéndose a lo que dice combatir.

El detonante fue Bucha. Las tendencias se llenaron de mensajes que negaban la matanza y señalaban a «nazis» ucranianos, con el relato invertido y el agresor convertido en víctima. La reacción llegó en forma de propuesta legislativa: castigar la propaganda de estados totalitarios con el mismo marco que se aplica al terrorismo, con multas de 100.000 euros y prisión para quien no pague. El problema, responden otros, es que ese remedio ya existe en Moscú y allí no protege a nadie.

Qué pasó en Bucha y por qué el relato se dio la vuelta​

La secuencia que se denuncia es siempre la misma. Primero se niega el hecho, después se atribuye a un montaje y por último se acusa a la víctima. En Bucha el resultado fue una tendencia global en la que los mensajes más destacados daban por falsa la matanza y colocaban a las fuerzas ucranianas en el papel de verdugo. Lo llamativo no es que esos mensajes existan —siempre hay un cuñado dispuesto—, sino que hayan desplazado a la noticia que los provocaba.

Quien compara episodios encuentra un guion reutilizado. Las matanzas atribuidas a Damasco y a Moscú se han defendido con el mismo argumentario: primero islamistas, ahora nazis; primero los Cascos Blancos, ahora el Batallón Azov. Cambian las palabras, no la estructura, y ese calco es el que convence a muchos de que no hay improvisación por ningún lado.

El calendario delata más que el contenido​

El análisis más citado no mira lo que se dice, mira cuándo se empezó a decir. Una de las cuentas señaladas se registró el 10 de febrero de 2022, dos semanas antes del inicio de la invasión, según quienes la vinculan a la operación. Otra, según el mismo relato, llevaba desde 2014 sin publicar y despertó el mismo 24 de febrero con cientos de mensajes. Silencio prolongado y arranque simultáneo: eso es lo que sostiene la hipótesis de coordinación.

No todo lo que suena próximo a Moscú es una nómina. Hay quien defiende que existe una corriente genuina, alimentada por el descrédito de las versiones oficiales occidentales, y que tratar como mercenario a cualquiera que discrepe es la vía más rápida para perder el argumento. La sospecha, sin prueba, no convierte a nadie en empleado.

Cuánto cuesta mantener una granja de trolls​

Pocas cosas definen mejor el fenómeno que su factura. El relato más difundido sobre la fábrica de trolls rusa habla de varios cientos de personas trabajando en un mismo edificio por un salario base de 400 dólares al mes. En algunos mensajes la cifra sube hasta los 600. Poco para quien cobra, calderilla para quien paga: el coste por unidad de desinformación es de los más bajos del mercado.

De ahí el argumento que más se repite. No hay intercambio de ideas, hay una operación con presupuesto, turnos y objetivos. Los picos de actividad nocturna y la reacción sincronizada ante cada noticia incómoda apuntan a organización, no a espontaneidad. Y si es una operación pagada, la respuesta legal deja de parecer desproporcionada a ojos de muchos.

¿Qué castiga Rusia con hasta 15 años de cárcel?​

Los bulos sobre su propio Ejército. La norma aprobada en Rusia contempla penas de hasta 15 años de prisión por difundir información falsa sobre las Fuerzas Armadas, un marco que en la práctica convierte cualquier discrepancia en delito. Ese es el doble rasero que recorre toda la discusión: el país al que se atribuye la maquinaria de propaganda es el mismo que encarcela a quien cuenta lo que ocurre.

Desde ahí se defiende el endurecimiento en Europa. Si Moscú legisla contra el relato incómodo, no parece descabellado que Bruselas o Madrid legislen contra el relato fabricado. El matiz que se invoca es que no se perseguiría la opinión, sino la financiación y la coordinación. Es un matiz que, advierten los críticos, se pierde en cuanto entra en juego un juzgado.

El dilema: defenderse sin parecerse al adversario​

La objeción más sólida cabe en una frase: Rusia ve la libertad de opinión de Occidente como una debilidad y la explota, pero la solución no puede ser clonar el modelo ruso. Cerrar cuentas, multar opiniones y perseguir a alguien por su calendario de publicaciones es cómodo y rápido. A medio plazo, entrega la mejor baza al adversario.

Hay además un factor que envenena cualquier respuesta: el descrédito acumulado. Años de restricciones presentadas como ciencia, censura selectiva en plataformas y trato distinto según quién diga qué han dejado a una parte del público convencida de que la versión dominante es siempre la interesada. Hay quien cifra en el 99% la proporción de gente que se limita a seguirla. Con ese terreno abonado, cualquier ley nueva se lee como censura, aunque venga envuelta en buenas intenciones.

El mismo patrón en Telegram y en los canales de vídeo​

La cosa no se queda en Twitter. Los canales de mensajería reproducen el esquema con más intensidad si cabe: cuentas que suben material sobre el conflicto a cualquier hora, siempre con la misma acusación de fondo y siempre sin firma. En vídeo ocurre algo parecido, con canales en español que repiten línea editorial y aparecen de la nada.

El objetivo que se les atribuye es más ambicioso que ganar una discusión. Se habla de instalar un marco eurasiático alternativo al orden atlántico, con Moscú y Pekín como eje y expansión hacia África y América del Sur. La propaganda sería el ariete, no el fin.

Para quienes sostienen la tesis de la coordinación, el detalle decisivo es este: las cuentas señaladas llevaban meses o años sin publicar y coincidieron al activarse en campaña, una de ellas desde dos semanas antes de la invasión. Eso es lo que, a su juicio, separa a un perfil inactivo de una máquina de propaganda.
💬 LO QUE DICEN LOS FOREROS
«Rusia ve la libertad de opinión de occidente como una debilidad y la explota. Pero la solución es volvernos también como Rusia?»
— gargamelix · límites de la censura
«Rusia aprueba penas de hasta 15 años de cárcel por 'fakes' sobre su Ejército»
— gargamelix · ley rusa contra bulos
«Según Savchuk, había unos cientos de personas en el edificio en un momento dado, y el salario promedio comenzaba en $400 al mes.»
— Icibatreuh · coste de una granja
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
Endurecer penas contra la propaganda del Kremlin40%
Castigar bulos nos iguala a Rusia30%
El problema real es la censura en Occidente30%
📌 DATOS
La norma aprobada en Rusia castiga con hasta 15 años de cárcel los bulos sobre su Ejército
El relato difundido sobre la fábrica de trolls sitúa el salario base en 400 dólares al mes
Una de las cuentas señaladas publicó 7 mensajes en todo 2021 y se activó el 24 de febrero de 2022
Otra cuenta se dio de alta el 10 de febrero de 2022, antes del inicio de la invasión
📅 EVOLUCIÓN
2021 Una de las cuentas señaladas publica siete mensajes en todo el año, sin actividad relevante
10 de febrero de 2022 Se registra una cuenta que después centrará toda su actividad en el conflicto
24 de febrero de 2022 Arranca la publicación masiva de contenido prorruso en perfiles que llevaban años inactivos
2022 Rusia aprueba penas de hasta 15 años de cárcel por difundir bulos sobre su propio Ejército
💬 POR QUÉ PARTICIPAR
✓El calendario completo de las cuentas señaladas: alta, años de silencio y activación masiva el mismo 24 de febrero
✓Las cifras de la fábrica de trolls: varios cientos de operadores en un edificio y 400 dólares de sueldo base, con versiones que elevan la cifra a 600
✓La comparación entre el argumentario usado en Siria y el empleado en Ucrania, punto por punto
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Descargo de responsabilidad: Las acusaciones sobre coordinación o financiación de cuentas se basan en indicios y denuncias públicas recogidas en la discusión, no en resoluciones judiciales firmes.
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