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Rusia no ha hecho absolutamente…
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Rusia no ha impuesto sanción alguna a Israel y mantiene con Tel Aviv una relación comercial y financiera que le sirve para esquivar las sanciones occidentales. Quien defiende a la vez a Palestina y a Rusia está sosteniendo dos causas que, sobre el terreno, se contradicen.
La pregunta de fondo no es retórica: ¿qué ha hecho Rusia por Palestina? La respuesta corta es nada. La larga es que Moscú ha construido con Israel una relación de conveniencia que dura décadas y que se ha intensificado desde que Vladímir Putin ordenó invadir Ucrania en febrero de 2022. Mientras la Unión Europea aprobaba medidas contra Tel Aviv por su conducta en los territorios ocupados, Rusia no ha aplicado ni una sola.
Alrededor del 20% de la población de Israel tiene pasaporte ruso, según los cálculos que manejan los analistas de la zona. Eso convierte a Israel en uno de los países con mayor presencia de ciudadanos con doble nacionalidad rusa fuera de la órbita postsoviética. La cifra no es anecdótica: explica por qué Moscú trata a Tel Aviv con una prudencia que no aplica a otros socios.
Entre esos ciudadanos con pasaporte ruso hay colonos asentados en Cisjordania, algunos de los cuales han protagonizado episodios de violencia contra población palestina. La doble nacionalidad les da una cobertura consular que complica cualquier respuesta diplomática.
Putin ha utilizado durante años el sistema financiero de Israel para evadir las sanciones que Occidente le impone. No es un rumor: la relación bancaria y comercial entre ambos países ha permitido a Moscú seguir accediendo a componentes occidentales que, de otro modo, le estarían vetados.
El mercado israelí funciona como puerta de entrada de tecnología y piezas de origen occidental. Es un intercambio silencioso, sin grandes anuncios, pero constante. Mientras tanto, Rusia no ha movido un dedo en foros internacionales para frenar la expansión israelí en Cisjordania o Líbano.
Bashar al Assad, el principal aliado de la causa palestina en la región, fue derrocado en diciembre de 2024. El régimen sirio se sostuvo durante años gracias al respaldo militar ruso. Cuando Putin decidió invadir Ucrania, quemó buena parte de su ejército y de su capacidad de proyección exterior. Assad se quedó sin red.
Ese mismo ejército ruso aplica en Ucrania métodos que Israel replica en Gaza: ocupación de territorios que el derecho internacional no le reconoce. La diferencia es de escala y de resistencia. Ucrania es un Estado industrializado y armado; Gaza es una franja sin ejército, sin espacio y sin salida.
Israel lo sabe: la única entidad global con peso suficiente para frenar su expansión es la Unión Europea. Por eso Tel Aviv apoya, de forma directa o indirecta, a Rusia en su intento de debilitar a Europa. Un continente dividido y distraído es un continente que no presiona.
Apoyar a Rusia lleva, en la práctica, a respaldar los mismos principios coloniales que Israel aplica en Palestina. Putin es un sionista que ha cooperado con Israel durante décadas. Si gana en Ucrania, no ayudará a Palestina: seguirá con el Báltico, con Polonia, con Asia meridional. Y mientras, Israel seguirá expandiéndose por lo que queda de Cisjordania y Líbano.
Rusia no ha hecho absolutamente…