Un forero afirma que el 25% del grano ucraniano está bajo control ruso
En el hilo se menciona un vídeo: una persona que colaboraba con los reclutadores estuvo a punto de ser linchada por sus vecinos en una ciudad ucraniana. Para algunos participantes, la escena resume el cambio de ánimo. De la euforia de las banderas se ha pasado, según esa lectura, a una pregunta incómoda: ¿para qué tanto? Un participante sostiene que
Rusia controla ya el 25% de lo que era la producción cerealera ucraniana, y que el escenario pesimista la lleva al 50% o más si el frente se derrumba.
De fondo late una acusación repetida en el hilo: que a Ucrania se la utilizó, se la arruinó y se vendieron sus recursos a las multinacionales occidentales. La idea tiene variaciones y matices, pero en varios mensajes se repite un núcleo: Kiev puso la carne y otros pusieron la factura.
La tesis del expolio: utilizados, arruinados y vendidos
El punto de partida del desencanto no es un informe ni una filtración: es una frase que resume una sensación expresada en el hilo. Utilizados primero, arruinados después, asesinados al final, con los recursos del país colocados entre las grandes corporaciones occidentales. Así se describe, en esa línea de análisis, un proceso que empezó con un cambio de gobierno, siguió con promesas de integración y terminó, según un participante, con el país convertido en un agujero negro económico para las próximas generaciones.
Saqueo es la palabra que emplea el mensaje inicial.
¿Fue Ucrania utilizada por Occidente o solo se defendía?
Es la fractura principal. Una corriente sostiene que el país sirvió de ariete contra Rusia y que, cumplida su función, quedó arruinado, vaciado y con la cabeza pisada durante un siglo. En este relato,
el error fue confiar en unos socios que solo querían utilizarlo: a Washington, se afirma, Ucrania le preocupa cero y mañana dará la espalda sin despeinarse. Se añade un matiz económico incómodo: el gran ganador habría sido Estados Unidos, que se ha quedado con parte de la industria europea sin perder un solo soldado.
Enfrente, otra corriente niega la mayor. Defenderse de una invasión no es dejarse utilizar; el país recibió un ataque y respondió. Que Kiev quiera alinearse con quien le apetezca forma parte de su soberanía, y el precio lo puso el invasor, no los aliados. La paradoja que se lanza en esta dirección: si Ucrania iba ganando, iba a conquistar hasta el último rincón del mapa; si pierde, la culpa es suya. Las dos cosas a la vez no caben.
Las bases, la OTAN y la comparación con Cuba que no cesa
Aquí el tono se calienta. La instalación de bases de Estados Unidos en territorio ucraniano se describe como
un acto hostil de primera magnitud. El paralelo que se repite es el de los años 60: Estados Unidos estuvo a punto de montar una guerra nuclear porque la URSS llevó misiles a Cuba, y acabó cediendo al retirar los suyos de Turquía. Ese detalle final, se señala, aparece poco en las películas que Hollywood dedicó al episodio.
La réplica es igual de tajante: no había ninguna base instalada todavía y aun así se produjo la invasión; el armamento y las infraestructuras son idénticos cambie la bandera que cambie, y reforzar la defensa del propio territorio no es un acto hostil, entre otras cosas porque Rusia hace lo propio sin que nadie lo catalogue así. La discrepancia no se resuelve: cada cual tiene su mapa mental de quién amenaza a quién.
El granero, las tierras negras y las cuentas del expolio
La lista de agravios no es solo retórica. En el hilo se pregunta por las tierras negras ucranianas y por quién acabará cobrando las cosechas. En esa dirección, un participante afirma que el país envía a sus hombres jóvenes a una muerte casi segura para defender tierras de cultivo propiedad de BlackRock y Monsanto. Otra intervención vincula la deuda con el gas, el cereal y BlackRock.
Los que no compran el arrepentimiento
No todos aceptan el marco. Una parte recuerda que Ucrania es un país soberano y que provocar a un vecino fuertemente armado sale caro, pero eso no convierte al agredido en culpable. Otra voz apunta que el problema real es de un continente entero que ahora paga la factura en forma de energía y de industria deslocalizada. Y asoma una tercera lectura: el país que intentaba mantener un equilibrio entre bloques se quedó sin margen cuando ese equilibrio dejó de interesar a propios y extraños, según una intervención.
Con el cálculo del 25% y la posibilidad de que la cifra suba hasta la mitad, el fondo de la cuestión, según esa lectura, no es quién tuvo razón en el Maidán. Es cuánto territorio productivo hace falta perder para que el relato del arrepentimiento deje de ser un estado de ánimo y se convierta en un dato contable.