Apalancarse en Telefónica: la historia de un crédito de 40.000 € que se convirtió en pesadilla
A finales de febrero de 2020, un inversor anónimo publicó en un foro de bolsa su plan: pedir un préstamo de 40.000 euros al 4% TAE a 66 meses para comprar acciones de Telefónica a 5,41 euros. «Espero no cagarla», escribió. Lo que siguió es un caso de libro de manual de lo que no debe hacerse en bolsa: apalancamiento, compra de un valor en descrédito y, para rematar, duplicar la apuesta cuando el precio cayó.
El plan «sin fisuras» que olía a ruina
El inversor justificó su jugada argumentando que Telefónica reducía deuda (de 54.000 a 37.000 millones) y que su dividendo de 0,40 euros anuales compensaría una posible caída. La comunidad fue unánime: lo calificaron de locura, de «premio Darwin financiero». Compararon la operación con ir al casino, pero con peores probabilidades: mientras la ruleta da casi el 50%, Telefónica ofrecía un 20-30% de éxito.
Cuando la codicia duplica la apuesta
Al mes, el banco le ofreció ampliar el crédito a 60.000 euros. El inversor aceptó, pensando que si subía ganaría aún más. Pero el precio siguió cayendo: a 4,76, luego a 4,24, y llegó a 3,84. Las pérdidas superaron los 11.600 euros en minusvalía, sin contar los intereses del préstamo. «La primera cuota duele un poco, pero las demás van como la seda», ironizaban.
La salida de emergencia con ayuda familiar
Consciente del error, el inversor recurrió a su mujer y a sus padres para que le prestaran el dinero y así evitar pagar intereses. En año y medio logró devolver 35.000 euros. Las acciones no las vendió: «No las voy a vender hasta tenerlo en positivo, aunque las tenga que mantener 10 años». Un auténtico «hold forever» forzado.
¿Lección aprendida?
Años después, el inversor reapareció para decir que ya estaba en positivo un 1,5%. Pero el hilo, que se convirtió en un clásico del foro, dejó varias moralejas: nunca invertir dinero prestado, no comprar un «cuchillo que cae», y tener siempre un colchón de ahorros. Como resumió un participante: «Pedir un crédito para jugar al casino, esto es la hostia».
El dato que descoloca es que, tras seis años, el inversor apenas ha ganado un 1,5% mientras cargó con el estrés de una deuda de 60.000 euros y el riesgo de una quiebra. La paciencia le ha dado un respiro, pero la pregunta queda en el aire: ¿y si la acción vuelve a caer?