Comprar en el desplome: Santander a 2,70 y «no hay suelo»
El desplome acumulado ha hecho que la pregunta deje de ser si hay pánico para convertirse en qué se hace con él. Los futuros anticipan otra sesión en rojo —Nasdaq y S&P 500 cediendo en torno al 2%— y las respuestas se parten en dos: órdenes ya colocadas en las
rebajas y la certeza, en el otro lado, de que lo peor está por venir.
¿Es el momento de comprar acciones en plena caída? Depende de a quién se le pregunte y de cuánta pólvora quede en la recámara.
¿Dónde está el suelo del mercado? Nadie se atreve a fecharlo
Nadie sabe dónde está el suelo. La frase se repite tanto que ha dejado de ser un aviso para convertirse en un método: si el mínimo es indemostrable, mejor escalonar. Pillar el punto exacto de inflexión es
azar, sostienen unos; otros dan por hecho que todavía falta caída y que la semana siguiente traerá más sangre. Hay quien no piensa volver a mirar el parqué hasta un desplome del 50%. Y hay quien compra mientras el mercado baja, sin más ceremonia.
El resultado es un mercado que cae con compradores dentro. Eso explica parte del ruido intradía y también esos rebotes que duran horas y se apagan.
Aportaciones periódicas, bloques del 25% y pólvora para más abajo
Para el inversor de largo plazo, la receta que se impone es el goteo. Aportaciones periódicas que compran más cuando el precio baja:
el sistema DCA convierte cada tramo de caída en una compra algo más barata. No es una apuesta a que esto toque fondo mañana, sino a que dentro de unos años el precio de hoy parecerá razonable.
La variante más citada es mecánica: dividir la cantidad disponible en cuatro bloques del 25%, soltar el primero y reservar los demás. Si el mercado sigue cayendo, se aporta lo que queda; si rebota con fuerza, se deja correr. Otra opción es escalonar por debajo del primer paquete, con entradas preparadas en niveles muy inferiores —un fabricante de automóviles por debajo de los 20 euros, y munición apartada para los 15 y los 10—. El reparto exacto, bloque a bloque, es lo que convierte la intención en un plan con reglas.
Santander, Telefónica y Renault: los imanes de siempre
El inversor español vuelve al mismo sitio.
Santander y BBVA concentran buena parte de las órdenes, con precios de entrada que hace meses habrían sonado a broma: una compra en el Santander a 3,18 euros permitió vender a 3,34 en 24 horas, y hay órdenes puestas a 2,70. Telefónica aparece a 5,47 euros, Enagás a 19 y DIA en 0,078 —aunque en este último caso la caída se atribuye a sus propios resultados, no al virus—.
Fuera de los grandes nombres, la lista de seguimiento mezcla renovables que llevaban años subiendo y que por fin han encontrado su corrección, un fabricante de automóviles con el balance de 2019 aparentemente sólido, una química con resultados notables y las navieras de cruceros, donde un forero apunta que las ventas de verano tardarán en recuperarse.
El coronavirus es lo de menos: el problema es la deuda
Aquí el diagnóstico se agria. Una parte del análisis sostiene que el brote solo ha sido el detonante de algo estructural:
una economía mundial interconectada y apalancada hasta el cuello. Si una empresa no puede producir, ¿cómo paga sus deudas? Y si no las paga, ¿cómo las pagará su plantilla? El razonamiento termina en ese
castillo de naipes que nadie quiere mirar de frente.
A ese argumento se suma el aviso sobre suministros. Ya antes de que se confirmara la caída del PMI chino circulaban señales de problemas de abastecimiento en sectores exportadores, y en según qué negocios lo que falta no son piezas raras, sino la posibilidad misma de servir pedidos. La conclusión es incómoda: deslocalizar toda la producción deja al fabricante a merced de que un tercero cierre el grifo.
Comprar con el ruido de cañones
El manual clásico dice lo contrario de lo que dicta el estómago: se compra cuando retumban los cañones y se vende cuando suenan los violines. Traducido, las bolsas suelen girar mucho antes de que las noticias mejoren. Si esto acaba siendo una gripe fuerte y no una crisis sistémica, la intervención de los bancos centrales podría provocar rebotes de dos dígitos en una sola sesión.
La duda es la del otro manual, el del ganado. Si todo el mundo está esperando el batacazo para entrar, ¿qué queda por descontar? Comprar cuando todos planean comprar es una forma incómoda de ir con la mayoría.
La fijación con el Ibex, bajo la lupa
¿Por qué se insiste en el índice español y no en el estadounidense? Por cercanía y familiaridad, responde una corriente: sabemos de qué empresas se habla porque las tenemos al lado. Los críticos lo atribuyen a invertir por lo que se conoce de oídas. Mientras las principales bolsas desarrolladas marcaron máximos al arrancar el año, la española encadena una cuesta abajo sin fin, y a la hora de desplomarse lo hace como la que más.
Con el suelo sin fechar, las órdenes puestas y los bancos centrales en la recámara, la única certeza compartida es que nadie firmará mañana que hoy era el día.