Cenar en un asador cuesta ya entre 60 y 250 euros por cabeza
¿Cuánto cuesta hoy sentarse a cenar en un buen asador? La respuesta depende de quién pregunte. En una misma mesa, ocho comensales, la horquilla arranca en
60 euros por cabeza y escala hasta
250, sin contar el vino ni las copas de después. Chuletón de buey o vaca vieja, kilo y medio por pieza, y una reserva a las diez de la noche con el local lleno. La escena, contada con todo detalle por quien la vivió, sirve de radiografía de un país que se ha partido en dos: para unos la cena es un trámite, para otros es el plan del mes.
El precio del kilo de buey viejo y la factura final
La carne es el eje de la discusión. Un comensal reconoce que a los veinte años se comía
dos chuletones de kilo y medio y ahora se conforma con uno de kilo. El precio por kilo de buey o vaca vieja se lanza como pregunta retórica al aire y nadie da la cifra exacta, pero la factura total sí aparece: entre 60 y 250 euros por persona, sin bebidas. Con ese rango, la cena de ocho personas puede superar los 2.000 euros.
Hay quien admite que 60-80 euros es su techo y que 250 le parece «carne de unicornio». Y hay quien responde que el problema no es el precio, sino la hora: cenar a las diez y media de la noche un kilo de carne es garantía de mala noche. La propuesta alternativa —empezar a las seis o las siete, o directamente convertir la cena en almuerzo— choca con los biorritmos del comensal español, que si no cena fuerte no duerme.
¿Por qué se cena tan tarde en España?
La hora es tan discutida como el precio. Para unos, las nueve es demasiado temprano porque a las cuatro de la madrugada hay que volver a comer. Para otros, las diez y media es una barbaridad digestiva. En una misma casa conviven dos turnos: a las ocho o nueve para unos, a las once para otros. El resultado es un país que cena cuando media Europa duerme y que luego presume de siesta.
La camarera metiendo prisa a un grupo para que pidan postres y liberen la mesa, la tablita de queso y embutidos de cortesía en la barra: son los detalles que revelan que el negocio funciona por rotación. La jefa de sala calcula que la mesa no se libera hasta pasadas las diez y media. El cálculo no es ocio, es contabilidad.
La clase media que ya no sale a cenar los sábados
El análisis más citado va más allá del asador. La tesis: en el futuro solo habrá plebeyos y patricios. La clase media agoniza y mengua, y las parejitas que salían a cenar y tomar una copa por 40 o 60 euros en total desaparecen. Unos pocos comerán carne de primera a diario; la mayoría, insectos y solo los días de fiesta. España, dice el diagnóstico, se encamina a un modelo de desigualdad extrema.
El contrapunto llega desde la propia experiencia: quien reconoce haber conseguido más del 90% de lo que tiene en una notaría, no en un asador. Y quien paga una cuenta de restaurante con la que otro viviría dos semanas. La polarización no es una predicción de futuro: está en la mesa de al lado.
El menú de 10 y el de 300 en el mismo local
Una objeción gastronómica recorre la conversación: no gusta que un mismo establecimiento ofrezca opciones de 10 y de 300 euros. Si toca apretarse, se va al de 10 y se disfruta; si toca homenaje, al de 300. Mezclar ambos en la misma carta se considera una aberración. La calidad, defienden, debe ser pareja en cada tramo.
También aparece la comparación internacional: quien se está volviendo «guiri asqueroso» y ya no entiende sentarse a cenar a las diez y media para ponerse hasta arriba. Aunque, matiza, un chuletón con patatas se lo comería ahora mismo.
Al final, la pregunta no es cuánto cuesta la cena. Es cuántos pueden permitírsela. Y la respuesta, con los datos en la mano, es cada vez menos.