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Para mí la mejor ópera de Wagner, que ya es decir; al menos es la que más me gusta. No tiene un libreto a la altura del Anillo o de Parsifal, pero se acerca más a su concepto de Gesamtkunstwerk, su obra de arte total. Y musicalmente supone un antes y un después en la historia de la música. Llevó la tonalidad a sus límites, con la melodía infinita, el cromatismo, las armonías rompedoras, y los acordes no resueltos como bandera. La música es protagonista absoluta; no es una obra tan escénica como lo suelen ser otras óperas, y las voces de los cantantes están perfectamente fusionadas con la orquesta, conformando un todo. Tristán e Isolda es más sinfónica de lo que parece, va más allá de lo que se entiende por una ópera.
Muy fanático de la obra y de Meier. La última, en ópera en 2007 en la Scala, tiene un efecto impactante; le mana un chorro de sangre por la frente, hasta que se desploma. Es curioso porque en el interesante libro de Barenboim y Chearau, los directores musical y artístico, del proceso creativo de esta versión, en el que vienen a psicoanalizar la obra y sus personajes, no mencionan este efecto que aparte de novedoso es como digo impactante por el momento, el famoso liebestod con que termina.
Incluso las bestias más abyectas son tocadas por la música.
Amadeus (latín) y Theophilus (griego) significan lo mismo, El que ama a Dios. Sin embargo él firmaba Amadé (francés)
Jóvenes también se fueron Schubert (31), Bellini (33), Bizet (36) o Arriaga, que ni siquiera cumplió los veinte...
Bizet es mi debilidad:
A Margaret Price la vi en el 94 en aquél maravilloso Don Carlo en el Albia con Scanduzzi. Qué repartos los de Bilbao, por favor!