La crisis de nervios por un pronombre reaviva el choque cultural
La corrección política ha alcanzado un punto de no retorno: un incidente en un centro comercial donde un guardia de seguridad confundió los pronombres de una persona de pelo azul terminó con spray de pimienta, crisis de nervios y la policía en el lugar. Sin embargo, los detalles del altercado revelan un conflicto más complejo que el simple fallo lingüístico.
Según los testimonios que circulan en redes, la persona, probablemente no binaria, reaccionó de forma desmedida al ser tratada con un pronombre que no se correspondía con su identidad autopercibida. El guardia, en un intento de controlar la situación, empleó un spray de pimienta que resultó ineficaz —tal vez caducado o defectuoso—, lo que añadió un elemento casi cómico a la tensión. El episodio ha servido de munición para dos bandos: quienes ven un ejemplo de la tiranía de lo políticamente correcto y quienes defienden que el respeto a la identidad de género debería estar por encima de todo.
Mientras algunos sostienen que el error de un vigilante no justifica una crisis, otros argumentan que la ley trans ampara el derecho a ser tratado según el género sentido. La realidad es que ni la normativa ni los protocolos de seguridad están preparados para estas situaciones. La formación del personal y la calidad del material antidisturbios (a juzgar por el spray fallido) dejan mucho que desear.
Este tipo de conflictos probablemente se multiplicarán mientras las reglas no sean claras. O quizá no: la sociedad podría estar llegando al límite de su tolerancia con la radicalización identitaria. El tiempo, y los tribunales, dirán.