El 'no voy a ver la final' que todos dicen pero nadie cumple
Contraintuitivo: en medio de la fiebre mundialista, una corriente de opinión asegura que no verá la final. Unos por ansiedad, otros por desprecio al fútbol moderno, unos pocos por fidelidad a alternativas deportivas. Pero la historia –y el comportamiento humano– sugiere otra cosa.
Los argumentos para esquivar el partido son variados: desde el estrés que genera hasta la convicción de que el fútbol es cosa de «analfabetos funcionales». No falta quien prefiere seguir la final de baloncesto femenino sub17 entre Estados Unidos y España, un duelo que la FIBA se empeña en no emitir en directo. La ansiedad es un tema recurrente: hay quien confiesa que el partido le ataca los nervios y que se entera del resultado por los gritos del vecino.
La paradoja la destapa un corredor habitual: cuando sale a la hora del partido, las calles están vacías. Esa contradicción entre el discurso y la práctica es la clave. ¿Cuántos de los que dicen «no» acaban pegados a la pantalla? La muestra es pequeña, pero el patrón es viejo.