El rally de enero que Powell apagó en una tarde
Hay una escena que resume el mes: alguien anuncia a gritos que las rebajas se han acabado y que en un mes estamos en máximos históricos, y a las pocas horas el mercado le contesta con una de esas velas rojas que se recuerdan. La secuencia no es anecdótica. Es el retrato de un enero de 2022 en el que media bolsa española se convenció de que la corrección era una oportunidad de compra y la otra media se preparó para ver sangre. Entre medias, la Reserva Federal y una frontera llamada Ucrania.
El detonante tiene nombre: Powell. La comparecencia del presidente de la Fed dejó un mensaje que el mercado interpretó como un jarro de agua fría. Subida de tipos en marzo, tres subidas adicionales a lo largo del año y una reducción del balance de la Fed de al menos 30.000 millones mensuales. Con esas tres piezas, la fiesta de las tecnológicas se apagó de golpe. El Nasdaq perforó soportes, el bitcoin acompañó y los índices europeos se dieron la vuelta en cuestión de horas.
¿Qué dijo exactamente Powell y por qué tumbó al Nasdaq?
La respuesta cabe en una frase: dijo lo que el mercado ya sabía, pero lo dijo en el peor momento posible. Subida de tipos en marzo, tres subidas adicionales a lo largo del año y tapering con recortes de compra de deuda de al menos 30.000 millones mensuales. Nada de eso era una sorpresa en términos nominales, pero el tono y el calendario bastaron para que el dinero que había entrado en el rebote saliera corriendo.
Hay quien sostiene que la reacción fue desproporcionada, incluso artificial. El argumento es que el mercado ya descontaba esas subidas y que no había ninguna causa nueva que justificara el desplome. Otros responden que el problema no es la subida en sí, sino la combinación de tipos al alza con una economía que ya venía desacelerada. Si subes los intereses para frenar la inflación, congelas la actividad. Si no haces nada, la inflación sigue desbocada. El dilema no tiene salida elegante.
El contexto político añade una capa más. En año electoral en Estados Unidos, la lectura más repetida es que a la administración Biden no le interesa que todo explote por los aires. La apuesta de una parte del mercado es que la Fed hará «algo» pero nimio, un movimiento a medio plazo que no rompa nada. La apuesta contraria es que la inflación no da tregua y que la Fed tendrá que apretar más de lo que dice.
Netflix, Nvidia y NIO: las apuestas que dividieron a todos
El menú de compras que se discutió en esos días tenía tres nombres propios: Nvidia, Netflix y NIO. La tesis del comprador era simple: están baratas, las rebajas se acabaron, en un mes estamos en máximos. La respuesta del otro lado fue igual de contundente: Netflix por debajo de 200 dólares en febrero, el Dow Jones en 28.200 como mal menor y mucha más sangre por ver.
Nvidia se llevó la parte más amable del análisis. Incluso los escépticos reconocían que tiene buenos fundamentales, aunque la acción estuviera carísima. La duda añadida era la compra de ARM: si se materializaba la imposibilidad de cerrarla, el castigo podía ser mayor. Parte de las caídas previas ya habían descontado ese escenario, pero no todo.
Netflix concentró las críticas más duras. El argumento bajista no era solo de precio: la competencia de Disney+, HBO y Amazon Prime estaba comiéndole mercado, y la acción seguía pareciendo sobrevalorada. La horquilla que se manejaba era amplia, con escenarios que la llevaban a niveles muy por debajo de los 387 dólares a los que cotizaba en ese momento.
NIO era la apuesta de más riesgo. El escenario optimista hablaba de 40 dólares antes de verano. El pesimista, de 10. La distancia entre ambos resume el estado de ánimo del mercado con los valores de crecimiento.
Ucrania: el riesgo que nadie sabía cuantificar
La otra pata del desplome fue geopolítica. La concentración de tropas rusas en la frontera con Ucrania metió un factor de incertidumbre que los modelos no saben digerir. La lectura más repetida era que Putin daría un susto garantizado, antes o después, y que la respuesta europea y de la OTAN sería tibia. Con ese cuadro, muchos optaron por reducir exposición.
La historia de los conflictos bélicos ofrece un patrón que se citó varias veces: las bolsas han aguantado guerras napoleónicas, la Primera y la Segunda Guerra Mundial. La matización es importante: aguantar no significa no corregir. En todos esos episodios hubo caídas previas y fases de volatilidad. La conclusión práctica que se extraía era esperar más correcciones y aprovechar para comprar buenas empresas en rebajas, sin prisa.
El problema es que nadie sabe cuándo termina la corrección. Un mes con los mercados derruidos puede ser el preludio de una recuperación o el aperitivo de algo peor. La única certeza es que la incertidumbre, por sí sola, ya mueve precios.
La liquidez como estrategia: el 15% que lo cambia todo
En medio del ruido, una parte del mercado adoptó una posición intermedia: mantener cartera, pero con un colchón de liquidez. El 15% en efectivo se citó como nivel de confort. Con esa estructura, una corrección del 10-15% no es alarmante, es una oportunidad. La clave está en haber construido la cartera antes, no en reaccionar después.
Esa estrategia tiene una lógica incómoda: si todo el mundo está asustado, esa es la primera señal de que esto no va a bajar. El problema es que también puede ser la primera señal de que va a bajar mucho más. La historia no da una respuesta única.
Lo que sí se repitió fue la advertencia sobre las prisas. Ganar dinero con urgencia suele salir caro. La filosofía que se defendía era la de olvidarse del técnico, buscar buenos negocios a buenos precios y esperar valoraciones métricas, no movimientos diarios. Fácil de decir, difícil de ejecutar cuando el índice cae un 2% en una tarde.
El cierre de semana que dejó a todos con la duda
El S&P 500 acabó la semana 100 puntos básicos por encima de donde la empezó. No es un rally, pero tampoco es un desplome. Puede ser el inicio de un canal o el último coletazo antes de la siguiente pierna bajista. Con los tipos al alza, Ucrania sin resolver y las tecnológicas en el punto de mira, la única conclusión honesta es que nadie tiene la bola de cristal. El que compró el rebote sigue esperando su rally. El que se quedó en liquidez sigue esperando su corrección. Los dos pueden tener razón. Solo uno la tendrá.