Puigdemont exige un sí o no y la investidura queda en el aire
La investidura no está encarrilada; está aparcada. La sesión se ha dejado para el último día que permite el reglamento, según un participante, un detalle de calendario que confiesa lo obvio: los apoyos no están atados. Y el último movimiento sobre la mesa, atribuido a Carles Puigdemont, tensa aún más la cuerda: Junts descarta la abstención y exige un voto claramente sí o no, lo que aparta de la ecuación a Coalición Canaria y reduce el margen de maniobra. Traducido: más ruido de urnas y menos margen.
Qué significa exigir un voto sí o no a la investidura
Una abstención es un tornillo suelto que permite apretar por otro lado. Un sí o un no, en cambio, cierra la puerta. Se argumenta que forzar la votación explícita dificulta la investidura de Sánchez, porque con una abstención de Junts habría más opciones de sumar. El movimiento, además, deja sin papel al partido canario que se reservaba como comodín. La investidura pasa de negociación a examen.
La aritmética no perdona. Un cálculo que circula reparte
120 diputados al PSOE y 137 al PP, 257 entre ambos, cifras que por sí solas no deciden nada mientras el resto de grupos estire el chicle. El problema no es el tamaño de los bloques, sino quién está dispuesto a moverse en el último minuto.
Por qué una repetición electoral puede convenir a Junts
Un participante defiende una hipótesis incómoda: a Junts le conviene repetir. Con nuevas elecciones catalanas en el horizonte, la formación rentabilizaría su pulso al Estado y dejaría a ERC retratada como
cómplice del Gobierno de España. ERC aparecería como fuerza separatista débil, mientras Junts se quedaría con la mayoría del voto independentista. Y no es un farol, añade: Puigdemont ya demostró que puede poner al Estado contra las cuerdas.
La duda es de orden psicológico, no matemático. Se sostiene que el expresident es creyente firme de su causa y que la ideología podría pesar más que el interés práctico. Si es así, ni una
amnistía aprobada antes de la investidura le obligaría a investir a Sánchez: una vez concedida
no se puede deshacer, y el incumplimiento del referéndum seguiría siendo el argumento para votar no.
El PNV y el coste de quedarse expuesto
El nerviosismo vasco es otro ingrediente. Si la investidura se cae en el último suspiro, el PNV se queda sin red. El PSE juega como árbitro del futuro gobierno autonómico y ahí se cruzan cálculos: si los socialistas no facilitan la investidura, en Euskadi se les acusará de entregar el gobierno a posiciones más radicales, con EH Bildu al alza. La incertidumbre se traslada del Congreso a los parlamentos autonómicos.
Los cinco diputados de Podemos y las piezas sueltas
En el flanco izquierdo, la hipótesis que plantea un participante es que
los cinco diputados de Podemos voten no. Sería una venganza de manual, y con repetición electoral podrían presentarse con marca propia y sin los actuales compañeros de viaje, mejorando resultados. Yolanda Díaz aparece descrita como dubitativa tras semanas de tanteo con el protagonista. Cinco escaños bastan para inclinar la balanza.
En el otro extremo, hay quien da por hecho que el PP no volvería a presentar a Feijóo y buscaría otro candidato, mientras otro participante especula con que Sánchez intentaría pescar una abstención popular disfrazada de acuerdo de Estado. Son escenarios, y como escenarios hay que leerlos: nada de esto está confirmado.
Presupuestos, pensiones y la factura de la parálisis
Sin acuerdo no hay presupuestos, y sacarlos adelante y poder gobernar en concordía es la otra prueba de fuego, según un forero. Otro sostiene que Bildu puede presionar al PNV si lleva el aumento de las pensiones en su programa. La parálisis no es gratis: cuesta tiempo legislativo y credibilidad.
El escenario de repetición tiene horizonte: enero. Se habla de votar en plenas navidades, con el elector a medio gas y el calendario metido en la urna. Otros responden que aquí nadie comete trampas y que, si las hubiera, la legislatura se convertiría en un
calvario de vetos cruzados, empezando por los presupuestos.
¿Y si Puigdemont se equivoca de cálculo? La incertidumbre sigue abierta: hay quien cree que acabarán pactando, porque a medio arco parlamentario le va la vida en ello, y hay quien está convencido de que el expresident decide si se repiten elecciones o no.
Nadie tiene la aritmética cerrada, y esa es exactamente la razón por la que todo se juega en el último día.