La UNESCO advierte de un tsunami en 30 años
¿Cuánto tiempo tendría usted para salir de la playa si el mar de Alborán se levantara? La Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la UNESCO sitúa la amenaza en la falla de Averroes, frente a las costas del sur de España, y sostiene que un terremoto en esa zona podría generar olas de hasta seis metros que alcanzarían la costa en apenas 21 minutos. En el mejor de los escenarios, los residentes dispondrían de 35 minutos para alejarse del litoral. La advertencia se acompaña de un dato que ha hecho saltar todas las alarmas: la certeza del organismo es del 100%.
El problema no es la ola. Es el plazo. Y es ahí donde el anuncio empieza a agrietarse.
Qué dice exactamente el informe sobre el tsunami en el Mediterráneo
El documento, difundido por la Comisión Oceanográfica Intergubernamental, señala que desde principios del siglo XX se han registrado unos
100 tsunamis en el Mediterráneo y mares circundantes, lo que equivale al
10% del total mundial en ese periodo. La zona crítica es la falla de Averroes, en el mar de Alborán. Un seísmo allí desencadenaría una llegada de la ola a la costa española en un margen de entre 21 y 35 minutos.
La propia coordinadora nacional del Centre d'Alerta Tsunami (CENALT) de Francia, Hélène Hébert, matiza la escala: «No esperamos olas de 20 metros, como en Japón, Chile o Sumatra, sino más bien de uno o dos metros». Su colega Pascal Roudil añade que «incluso 50 cm pueden ser peligrosos para los bañistas». La horquilla va de medio metro a seis. Un margen que, en términos de planificación, lo cambia todo.
El precedente histórico que se cita es el terremoto de magnitud 8,5 de 1755, que arrasó Lisboa, Cádiz y partes de Marruecos, y cuyas olas llegaron hasta el suroeste de Cornualles. Aquello no fue un simulacro.
Por qué un 100% de certeza a 30 años no cuadra con la predicción meteorológica
La contradicción que recorre el anuncio es sencilla de formular: si no se acierta el tiempo que hará a dos días vista, ¿cómo se firma un 100% a tres décadas? La comparación con los pronósticos fallidos de la AEMET —que llegó a dar un 0% de lluvia antes de un tormentón en Madrid— aparece una y otra vez. La conclusión que se extrae es que el método de meter miedo por acumulación ha dejado de funcionar:
ya casi nadie pica.
Hay quien recuerda que llevamos décadas oyendo que en 30 años no habrá petróleo o que no quedará nieve en los polos. La sospecha de fondo no es científica, es económica: ¿a quién le compensa sostener una alarma con ese nivel de certeza? ¿Qué se juega el que firma? ¿Su vida, su libertad, su capital? ¿O al contrario, su situación se ve recompensada por dar alarmas bajo un presunto 100%?
El cálculo más cínico que circula por el submundo del análisis: un muro de contención contra tsunamis es una obra pública perfecta. Se licita, se ejecuta y nadie podrá comprobar nunca si era necesaria.
Los planes de evacuación que ya existen en España y Francia
El Plan Estatal de Protección Civil ante el Riesgo de Tsunamis cuenta con un sistema de alerta temprana para identificar seísmos submarinos y coordinar la respuesta. Francia dispone desde 2012 de un plan de alerta roja para los primeros 15 minutos. En 2022 la UNESCO envió una misión a las Islas Eolias, frente a Sicilia, para evaluar el riesgo de sus volcanes submarinos, que según el vulcanólogo Francesco Italiano podrían provocar tsunamis catastróficos.
En la costa de Cádiz, un tsunami originado en el cabo de San Vicente llegaría en 40 minutos. La COI sitúa la probabilidad de un evento así en Cádiz en solo el
10% en los próximos 50 años. Aun así, Chipiona aspira a ser el primer municipio español «preparado para un tsunami» y ya ha realizado simulacros de evacuación, dentro de los ejercicios organizados para siete comunidades del Atlántico nororiental y el Mediterráneo.
Seis metros de ola: marejadilla en el Cantábrico
La escala del fenómeno es el punto donde el relato se desmorona. Seis metros de ola, en el norte, es una marejadilla. En el charco de meados del Levante invernal hay olas mayores. La comparación con el tsunami del Índico de 2004 —más de 230.000 muertos y 1,7 millones de desplazados— o con el de Japón de 2011 —unos 243.000 millones de dólares en daños— no sostiene el paralelismo: ni la altura ni la energía son comparables.
La ironía recurrente es la de la piscina: si el tsunami llega a la Bahía de la Concha con medio metro, los txikitos se toman en el centro de Donosti y santas pascuas. Para quien vive a más de seis metros sobre el nivel del mar, el riesgo real es prácticamente nulo. Y para los bañistas, la bandera roja por olitas de un metro ya hace tiempo que convirtió la playa en un espacio regulado.
Qué pasa con la línea de costa cuando el mar regresa
Uno de los argumentos más sólidos que se esgrimen es geológico: un tsunami no cambia la línea de costa. El mar vuelve a su nivel anterior. Para modificar el litoral hace falta un evento telúrico gigantesco, no una ola. En la costa de Huelva, de hecho, se ganó terreno al mar: La Antilla, Isla Cristina, Isla Canela eran mar y emergieron.
La conclusión que se impone es que el anuncio mezcla dos cosas distintas: el riesgo real, que existe y está documentado, y la certeza absoluta, que no. Un tsunami puede ocurrir. Lo que no se sostiene es la aritmética del 100% a 30 años. Y menos cuando el mismo organismo que lo firma admite que las olas serán de uno o dos metros.
Al final, la única certeza que resiste el escrutinio es la de siempre: en 30 años, todos calvos.