Picazo y los 5-8 grados: el verano que unos miden y otros niegan
El 5 de julio, un meteorólogo avisó de que en muchas zonas de España se iban a registrar
entre 5 y 8 grados por encima de la media y recordó que eso «no es lo normal» para el arranque del mes. Veinticuatro horas después, varios participantes contaban haber salido por la noche con sudadera y ropa de abrigo. La discusión sobre el clima lleva años jugándose en dos terrenos que no se tocan: el del dato instrumental y el del termómetro que cada uno lleva pegado a la piel. Cuando los dos se contradicen, ya no se discute la temperatura. Se discute la intención de quien la mide.
Qué dijo exactamente Mario Picazo sobre el calor de julio
El mensaje atribuido al meteorólogo Mario Picazo sostenía que el calor de mediodía del 5 de julio iba a quedar muy por encima de la media en amplias zonas del país, y advertía de que la costumbre de dar por normales los
40 grados en el arranque de julio está deformando la percepción colectiva. La respuesta llegó en dos direcciones opuestas. Unos lo leyeron como la prueba de que el discurso climático se ha convertido en un ejercicio de propaganda. Otros, como la confirmación de que el calor extremo ya es rutina.
La coincidencia, paradójicamente, era la misma: todos miraban por la ventana.
Un país partido por el termómetro: 18 grados en Galicia y 37 en dos estaciones
Los testimonios dibujan un mapa que parece imposible.
18 grados de máxima a mediodía en la costa gallega, con rocío en los tejados y piel de gallina.
23 grados a las 13:30 en Salamanca a mediados de julio, con noches tapado y piscina solo si no sopla el viento. Playas del sur donde la gente se abriga con la toalla en pleno mes. Noches frescas al norte de Madrid, con la ventana abierta y sin aire acondicionado. Y en el otro extremo,
37 grados en un punto concreto, que es donde se libra la batalla.
Hay quien sostiene que esas temperaturas extremas se alcanzaron en exactamente dos estaciones del país y que la tercera ya quedaba por debajo de los 37. Se afirma incluso que los registros oficiales incorporan correcciones que engordan el resultado final. Es una acusación de parte, sin verificación independiente en el material disponible, pero explica por qué la conversación se ha vuelto tan bronca. En un mismo día caben la sudadera y el aviso por calor extremo. Y las dos cosas eran verdad en sitios distintos.
Normal no es lo mismo que habitual
La climatología trabaja con medias de décadas; la meteorología, con lo que va a pasar esta tarde. De ahí el malentendido que atraviesa todo el asunto: una temperatura puede ser estadísticamente anómala y, a la vez, perfectamente soportable. Un participante sostuvo haber oído en público que un valor es «
normal» y «extraordinario» al mismo tiempo, dos palabras que en castellano casi se excluyen.
El resultado es un lenguaje que pierde sentido para el ciudadano. Si todo es anómalo, nada lo es. Y la alerta permanente acaba compitiendo con la experiencia directa de una noche fresca, que es justo el terreno donde el relato oficial lleva todas las de perder.
La ofensiva contra los satélites y contra Copernicus
Según la información difundida a partir de los datos de Copernicus,
2024 registró el mes de junio más caluroso de la historia y las temperaturas del océano alcanzaron nuevos máximos. El rechazo fue frontal. Hay quien cuestiona que un satélite que mide el aire a miles de kilómetros pueda sustituir al termómetro de superficie y acusa al programa europeo de alimentar un relato útil para justificar subidas de impuestos y nuevas restricciones.
Otros apuntan más arriba: el problema no sería el dato suelto, sino la narrativa que lo envuelve. Un junio fresco se convierte en excepción estadística y un día de 30 grados, en ola de calor.
¿Qué dice la ley sobre trabajar al sol de mediodía?
Aquí el debate deja de ser de percepción y entra en el BOE. Un participante cita el Real Decreto 1561/1995, sobre jornadas especiales de trabajo, que limita la jornada en las faenas que exijan un esfuerzo físico extraordinario o se desarrollen con condiciones anormales de temperatura o humedad:
seis horas y veinte minutos diarios y 38 semanales como máximo. En el campo, además, se suspende la actividad a partir de las 12 de la mañana en las jornadas de más calor.
El argumento de quienes defienden las alertas es que sin ese marco la exposición al sol se convierte en un riesgo laboral medible, y que quien pasa ocho horas al raso no necesita que le expliquen qué es el calor. El de quienes las combaten es que la estadística se está usando como herramienta política.
Queda la pregunta incómoda. Si el verano es más suave en amplias zonas del país, ¿por qué la conversación pública solo admite un guion? Y al revés: si las medias se salen de lo normal, ¿por qué varios participantes siguen saliendo de casa con sudadera?