Identidad digital y CBDC: las piezas del debate
Una sola aplicación. Dentro, toda tu información. Eso presentó el jefe de Gobierno porteño bajo el nombre de «Identidad Digital Autosoberana»: una herramienta con la que el ciudadano autentica su identidad y gestiona trámites, permisos y documentos desde un único lugar. La etiqueta promete empoderamiento. La suma de esa identidad con el dinero digital programable que preparan los bancos centrales lleva a muchos de los que siguen el asunto a una conclusión bastante menos amable:
identidad digital más CBDC, y el resultado que muchos leen es simple: sistema de control.
El decreto que Macron firmó nada más ganar las elecciones
Francia puso nombre a su versión: el «Servicio de Garantía de Identidad Digital» (SGIN). Macron lo firmó por decreto el
26 de abril, menos de 48 horas después de imponerse a Marine Le Pen. La aplicación es biométrica y da acceso a servicios públicos y privados. Fue el entonces primer ministro Jean Castex quien confirmó su creación, no el propio presidente. Hay quien lee ese detalle —y las prisas— como un guiño al Foro Económico Mundial, al que sus críticos atribuyen la identidad digital como objetivo prioritario.
Coincidencia o calendario apretado, la secuencia no ayuda a disipar la sospecha.
Ucrania, Irán y el laboratorio del crédito social
El caso ucraniano es el más citado. La aplicación Diia agruparía identidad digital, pasaporte de vacunas y una renta básica universal, todo en la misma pantalla, lo que algunos leen como el primer despliegue real del llamado Gran Reinicio.
China lleva más tiempo con su sistema de crédito social y en
Irán funciona un racionamiento de alimentos ligado a identificación biométrica que se presenta como pionero en el mundo. Para los críticos, la idea de fondo es la misma en los tres sitios: tu acceso a bienes y servicios depende de quién eres y de cómo te comportas a ojos del sistema.
El euro digital y la frase de Lagarde sobre el anonimato
El Banco Central Europeo lo tiene encarrilado. Christine Lagarde dejó caer que «el anonimato total, como el que ofrece el efectivo, no es, en mi opinión, una opción viable». Fabio Panetta, de su comité ejecutivo, situó a
finales de 2023 la posible decisión de iniciar la fase de realización del euro digital, y el BCE publicó un documento de trabajo técnico el
13 de mayo. El ministro francés Bruno Le Maire añadió el argumento económico:
decenas de miles de millones de euros permanecen inactivos en las cuentas de los europeos. La lectura crítica de esas palabras: el dinero parado molesta.
Del grano de arroz al pasaporte digital
La parte física también avanza. La empresa sueca Epicenter fabrica un microchip del tamaño de un grano de arroz que usa comunicación por campo cercano (NFC) y que se puede implantar bajo la piel, con usos que van del pago al certificado sanitario. El siguiente paso ya tiene nombre: Internet de los Cuerpos. Y en paralelo, la ONU trabaja en un pasaporte digital vinculado a cuentas bancarias, mientras Bill Gates mantiene su ID2020 desde hace años.
Quién planta cara y con qué argumentos
No todos reman en la misma dirección. Ron DeSantis anunció que prohibirá las CBDC en Florida por la vigilancia y el control que permiten: «no habría privacidad, y si no hay privacidad, no hay derechos», dijo. Donald Trump prometió detener el dólar digital para que el gobierno no tenga control absoluto sobre el dinero. En el otro extremo, el primer ministro británico Rishi Sunak apadrina las CBDC, y en
Australia el Macquarie Bank elimina el efectivo y los cheques de cara a finales de 2024.
España: el carnet digital de 30 accesos
El penúltimo escalón se prueba en casa. Para verificar la edad en webs para adultos, el Gobierno plantea un carnet digital de
30 accesos válido durante 30 días, armonizado con la normativa europea eIDAS 2. Es la punta de lanza de algo mayor: la Identidad Digital Europea ya aprobada, presentada como llave de acceso a servicios públicos y privados.
Puestos a elegir el dato que descoloca, es el de Le Maire. Con esa cantidad de dinero quieto en los bancos, la pregunta deja de ser tecnológica y se vuelve obvia: ¿el euro digital viene a facilitar pagos o a que el dinero parado no siga parado donde su dueño lo dejó? Nadie en el circuito oficial lo responde con esas palabras.