La zona cero a la que llegó Iker Jiménez y no llegó la ayuda del Gobierno
¿Cómo es posible que una cámara de televisión alcance la zona cero antes que la ayuda del Estado? La pregunta atraviesa todas las conversaciones sobre la riada que anegó buena parte de la provincia de Valencia, y la respuesta que se repite es incómoda. El equipo de
Horizonte, el programa de Iker Jiménez, emitió en directo desde calles cubiertas de barro mientras
los vecinos de esas mismas calles pedían a gritos agua y comida. El presentador se calzó las botas y se fue al terreno. La maquinaria pública, con matices, todavía no había llegado.
El relato de esos días deja una imagen fija: particulares, militares y agentes moviéndose por su cuenta hacia los municipios afectados, mientras las organizaciones y los equipos institucionales esperaban a que se restablecieran los accesos.
Unos iban por vocación; otros, por una orden que no terminaba de llegar. Y en medio, una televisión emitiendo desde el fango.
El Ejército esperaba la orden mientras los vecinos pedían ayuda
Los zapadores llevaban días esperando a que alguien los pusiera en alerta, según lo que se difundió durante la emergencia.
En el hilo se comentó que el Ejército llegaría al día siguiente sobre las ocho. Mientras tanto, en las zonas afectadas los vecinos seguían pidiendo agua y comida.
Según un mensaje difundido durante la emergencia, bomberos y fuerzas de seguridad habrían emitido comunicados en los que sostenían que no se les había permitido salir a colaborar en las labores de rescate y atribuían esa parálisis a las autoridades. Son acusaciones difundidas sin verificar. Aun así, la sucesión de testimonios dibuja un patrón, el de una movilización que arranca tarde y a cuentagotas.
¿Por qué se compara la riada de Valencia con Sant Llorenç y con los perros de La Palma?
Porque en el caso de La Palma la iniciativa privada llegó antes que los medios oficiales, y en Sant Llorenç se comparan los efectivos enviados entonces con los citados ahora. En Sant Llorenç des Pla i Sa Vall, en Mallorca, una riada se llevó doce vidas en 2018. Se enviaron
300 militares a un pueblo pequeño. En el hilo se habló de
500 efectivos para una catástrofe de otra escala.
- Sant Llorenç (2018): 12 fallecidos y 300 militares desplegados
- Provincia de Valencia: 500 militares citados para un territorio mucho mayor
El otro precedente que se cita es el de la erupción de La Palma, cuando unos particulares con drones llegaron a rescatar animales antes que los medios oficiales. Según el relato de quienes lo citan, se recordó entonces como el primer ridículo de la maquinaria de emergencias. La comparación es dura, y quizá injusta, pero la hicieron quienes la trajeron a colación.
Saqueos: qué se puede sostener y qué no
En el hilo se habló de asaltos a comercios y viviendas en zonas evacuadas. Se mencionaron grupos organizados y herramientas para forzar cierres. Algunos mensajes pidieron medidas excepcionales, como la ley marcial.
A partir de ahí, el relato se dispara. Una parte de los mensajes atribuye los saqueos a personas nacidas fuera de España. No hay ningún dato que respalde ese perfil, y convertir una sospecha en diagnóstico es el atajo que transforma un problema de orden público en otra cosa.
Otra línea, la más extrema, sostiene que la lentitud de la ayuda fue deliberada, para generar miedo o para repartir contratos entre afines. Son afirmaciones sin ninguna prueba aportada. Se parecen más al ruido de fondo de cualquier catástrofe que a un hallazgo.
La televisión pública y el apagón informativo
Una de las críticas más repetidas no apunta al Gobierno, sino a la televisión pública.
Se sostiene que TVE tendría que haber suspendido su programación y haber emitido información continua desde el primer momento, sobre todo para los propios afectados, que no sabían qué estaba pasando en el municipio de al lado. La queja de fondo es la misma: los medios generalistas tardaron en dimensionar la tragedia.
En paralelo, hubo quejas sobre las dificultades para volver a ver los programas que cubrieron la emergencia, con plataformas que restringen la reproducción y obligan a grabarla por otras vías. Y una crítica lingüística, la de quien sostiene que llamar
DANA a la
gota fría de toda la vida diluye la alarma. Un coronel lo dejó caer en antena: si dices gota fría, el pueblo entiende; si dices DANA, no.
Donaciones, luto y desgaste político
Las donaciones privadas también entraron en la comparación.
Amancio Ortega aportó cuatro millones de euros, y la pregunta que siguió fue la de siempre: cuánto pone cada cual y con qué se queda. Las tres jornadas de luto oficial se leyeron como un paréntesis obligado antes del choque político.
Hay quien anticipa que el desgaste de la gestión se cobrará piezas en las administraciones implicadas, y quienes apuntan al reparto de contratos de emergencia como el próximo frente. Sin actas publicadas ni resoluciones, es sospecha. Con el fango todavía en las calles, la sospecha se instala igual.
Al final, la escena que resume todo es la de un presentador con botas y un micrófono en la zona cero, contando lo que veía, mientras un vecino explicaba que de lo que salía en la televisión, nada. La ayuda oficial, según el relato dominante, llegaba tarde y a cuentagotas. Eso sí: después de la cámara.