Barranco del Poyo: de 400 a 1.600 m³/s sin aviso hasta las 20:12
El 29 de octubre el barranco del Poyo multiplicó por cuatro su caudal en una sola hora. A las 17:00 marcaba casi
400 metros cúbicos por segundo; a las 18:00,
1.600. Los sensores enviaban esos datos de forma automática a la Confederación Hidrográfica del Júcar. La alerta masiva a los móviles no salió hasta las
20:12. Entre esos dos momentos se decide buena parte de lo que vino después, y el reparto de responsabilidades sigue abierto.
El caudal que se conocía dos horas y media antes de la alerta
El informe de
más de 200 páginas de la Guardia Civil sitúa el foco en la Confederación Hidrográfica del Júcar. Según ese documento, entre las
16:13 y las 18:43 no se informó del aumento del caudal en el barranco del Poyo, epicentro de la riada. Por la mañana el cauce ya había superado los 200 metros cúbicos por segundo. Para calibrar la magnitud: 1.600 m³/s es el caudal máximo histórico registrado del Ebro a su paso por Zaragoza. El mismo número, esta vez dentro de un barranco.
Los sistemas
SAIH transmiten de forma automática: nadie tiene que estar mirando una pantalla para que el dato exista. La pregunta incómoda es otra. Quién estaba delante de esa pantalla esa tarde.
¿Por qué la alerta Es-alert no llegó hasta las 20:12?
Porque la decisión se planteó en una reunión que arrancó pasadas las 18:00, cuando el agua ya bajaba por las calles. El presidente de la Confederación Hidrográfica del Júcar, Miguel Polo, propuso entonces activar el sistema
Es-alert en el Centro de Coordinación Operativa Integrada. Horas después declaró ante la juez que conocía el caudal del Poyo y que no avisó; un técnico entró en la sala para comunicarle que alcanzaba los 1.600 m³/s.
A la AEMET española se le atribuye haber minimizado el episodio. La AEMET francesa, en cambio, habría anticipado
400 litros por metro cuadrado y «riesgo mortal» para Valencia. Esa asimetría entre dos servicios vecinos alimenta una de las líneas más incómodas del caso.
El nuevo cauce del Turia y la presa de Forata no son lo mismo
El nuevo cauce del río Turia, esa obra de ingeniería fea y funcional levantada tras la gran riada de 1957, aparece en el análisis como el motivo de que el balance no fuera peor. Desviar el cauce impidió que el agua entrara en la ciudad por donde lo hizo hace casi siete décadas. Es el tipo de obra que no sale en las fotos y que se echa de menos cuando falta.
Conviene no mezclar frentes. La presa de Forata no tiene nada que ver con el Poyo: son cuencas vertientes distintas. Confundirlas distorsiona cualquier discusión seria sobre lo que falló.
Limpiar los montes y los diques de gaviones: qué sostiene la hidrología forestal
Cada vez que España se inunda reaparece el mismo
mantra: limpiar los montes. La respuesta técnica distingue dos cosas. Una, la vegetación viva: si se elimina y el monte queda monda, el agua se filtra menos y corre más rápido. Otra, los restos —ramas, troncos, sedimentos— que obstruyen puentes, azudes y diques de gaviones y llegan a laminar la avenida. La
hidrología forestal trabaja sobre esa segunda vía.
El límite del argumento también se apunta: da igual cuánto se despeje si el cauce acaba colmatado de sedimentos y el agua termina desbordando igual. La discusión no está zanjada.
El relato del clima y el de los poderes ocultos
En medio del ruido, una parte del análisis sostiene que las dos explicaciones más repetidas son falsas. Ni todo se reduce a un episodio atribuible al cambio climático producido por el hombre, ni la riada se debe a supuestos poderes que manipulan el clima con sistemas tipo HAARP. La segunda no cuenta con ninguna prueba que la respalde.
Sobre el terreno, un testimonio recogido en la sierra de Chiva apunta a un factor poco comentado: la nube descargó sobre el mismo punto durante más de veinte horas pese al vendaval. La meteorología también tiene su parte de mala puntería en el sitio donde insiste.
Los frentes judiciales abiertos
La Fiscalía pidió a la juez de la DANA que investigue a la delegada del Gobierno, a la Confederación del Júcar y a la AEMET. Lo hizo por escrito y, de facto, contra el criterio inicial de la magistrada, reacia desde el primer día a profundizar en la actuación del Gobierno. Las confederaciones hidrográficas dependen del Ministerio para la Transición Ecológica. El escrito abre la puerta a dilucidar quién sabía qué y cuándo.
También está sobre la mesa el audio difundido de los bomberos que se retiraron del barranco del Poyo: «El agua ha bajado. Retiraos». Una instrucción difícil de encajar con lo que vino después.
Nadie discute ya que los datos existían y que llegaron a quien debía verlos. Lo que sigue sin respuesta es lo que no cabe en un organigrama: quién miró esa pantalla aquella tarde.