Regulares en Polonia: 180 euros por menús con cerdo y duchas frías
Un ejército que cobra a sus soldados por comer y les sirve salchichas de bolsa tiene un problema de mando antes que de intendencia. Las quejas que llegan del despliegue español en Polonia apuntan exactamente ahí: unidades de
Ceuta que participan en unas maniobras de la OTAN habrían abonado unos
180 euros por una alimentación que las familias califican de «basura» y que, en el caso de la tropa musulmana, incluye cerdo y jamón. El malestar no se queda en el plato. Se habla de duchas con agua fría a
3 grados, de tiendas con insectos y de un barco con cocinas y armamento que llegó tarde.
¿Qué hacen unidades de Ceuta en Polonia?
El despliegue se enmarca en el ejercicio multifuncional
Saber Strike 24, dentro del
Steadfast Defender 24 que dirige el Mando de Estados Unidos para Europa y África. La misión partió el
10 de abril desde el puerto de Gijón con destino a la zona de Gdansk y está previsto que se prolongue hasta el
29 de abril.
Entre las unidades movilizadas figuran el Grupo de Regulares número 54 de Ceuta y el Batallón de Infantería Protegida San Quintín, de la Brilat. El objetivo declarado es poner a prueba la capacidad de despliegue estratégico, la integración de fuerzas y la interoperabilidad de los procedimientos aliados en el flanco oriental de la OTAN. La Comandancia General de Ceuta, responsable de los militares salidos de la ciudad autónoma, no se había pronunciado sobre las quejas en el momento de publicarse la información.
¿Por qué el cerdo en el menú genera conflicto en los Regulares?
Porque los Regulares son una unidad con una larga tradición de tropa musulmana, y el menú servido en la base incluye cerdo y jamón de forma recurrente. No es un fallo puntual: según los relatos de las familias, ocurre
todos los días.
El encaje de militares musulmanes en el Ejército español tiene más de un siglo de historia y ha dado a los Regulares algunas de las páginas más condecoradas de las fuerzas armadas. De ahí que parte del análisis considere esta discusión un asunto de previsión, no de identidad: una unidad que existe con esa composición exige una cadena de suministro adaptada a sus dietas. El reproche que sube de tono es otro: que se les haga pagar por adelantado una comida que no van a poder tomar.
Agua fría a 3 grados, tiendas con bichos y un camión averiado
El resto de las quejas no tiene que ver con la religión. Los desplazados se duchan sin agua caliente con el termómetro a 3 grados, duermen en tiendas de campaña que las familias describen como infestadas y han visto cómo se averiaba un camión. La organización, dicen, deja bastante que desear.
A esto se añade el retraso del barco que transportaba las cocinas y el armamento: llegó días después que el grueso de la tropa, cuando el despliegue ya estaba asentado en la base aérea polaca. El Ejército dispone de cocinas de campaña y de raciones preparadas para operar sin depender de contratos externos, lo que hace más difícil de explicar por qué la solución desplegada se limitó a menús servidos con cuentagotas.
El rancho, termómetro de la moral militar
«Un ejército camina sobre su estómago», resume una idea que recorre toda la discusión: una unidad mal alimentada no combate, se convierte en un grupo de descontentos. La comida no es un detalle de intendencia, es la primera prueba de cómo trata un mando a su tropa antes de pedirle sacrificios.
En la comparación sale a relucir que el rancho del Ejército español está considerado, en condiciones normales, uno de los mejor valorados, con raciones de combate que mucha gente no ve ni en su casa. Precisamente por eso chirría el menú del despliegue: si la referencia es buena, la excepción en Polonia señala un fallo grave de ejecución, no una fatalidad logística.
¿Está preparado el Ejército español para un combate real?
Las condiciones del despliegue han reabierto una discusión recurrente: qué pasaría si estas mismas unidades tuvieran que sostener una posición bajo fuego en lugar de hacer ejercicios de interoperabilidad. Hay quien sostiene que quien se queja de la ducha y del menú no aguanta una trinchera; en el otro extremo se responde que la queja no es debilidad, sino la primera señal de que algo falla aguas arriba.
El argumento más incómodo es el de la moral de combate. Un despliegue que empieza con la tropa pagando por comida que no quiere comer no arranca con buen pie, y estas maniobras existen justamente para detectar esos fallos antes de que el escenario sea real. Que el problema se detecte en un ejercicio es una buena noticia. Que se detecte en el primer plato, bastante menos.
Quién paga la comida y quién responde por ella
El dinero es el otro eje del enfado. Los participantes habrían abonado unos
180 euros por la comida y, aun así, muchos gastan de su bolsillo en alimentarse mejor. En varios cuarteles funciona desde hace años un sistema de apuntarse con antelación para comer en el módulo, un mecanismo que veteranos de distintas promociones describen con matices: en algunas unidades el servicio se cortaba al mediodía y quien quería comer allí tenía que pasar por caja.
Lo que nadie aclara por ahora es quién contrató, quién supervisó y quién autorizó el menú servido en Polonia. La Comandancia General de Ceuta no ha dado explicaciones y tampoco hay versión oficial sobre el retraso del material.
Con estos mimbres, lo previsible es que las quejas se disuelvan cuando la tropa regrese y se apague el foco, aunque hay algo que apunta en sentido contrario: el encaje de los Regulares en misiones con menús cerrados es un problema recurrente que reaparece cada vez que hay un despliegue. Toca decidir si se adapta la logística o se sigue improvisando. Sin datos sobre el contrato, cualquier promesa de mejora queda en el aire.
Datos clave del despliegue
- 180 euros: cantidad abonada por los participantes por la comida entregada
- 3 grados: temperatura a la que se duchaban con agua fría, según las familias
- 10 de abril: salida de la misión desde el puerto de Gijón
- 29 de abril: fecha prevista de cierre del ejercicio en Polonia