La fábrica china que pone en alerta al Ejército en Ferrol
Aquí hay una paradoja que ni el más fino analista geopolítico sabría resolver sin una

la Armada española ha pasado décadas intentando blindar el arsenal de Ferrol y sus fragatas F-100, y ahora tendrá que compartir la ría con una fábrica de coches china. SAIC Motor, gigante automovilístico de Shanghái, ha elegido el puerto ferrolano para su primera planta en España, a escasa distancia de los muelles donde descansan los buques de aprovisionamiento de la flota. Los informes del Ejército, que han circulado este agosto, advierten: «Es una amenaza».
Riesgo real o comodín electoral
La advertencia militar no ha sentado bien a quienes ven en esta operación el mayor balón de oxígeno para una comarca que aún llora el cierre de los astilleros públicos. En la otra esquina, los números: Navantia sostiene en Ferrol a 1.885 trabajadores directos y a otros 9.000 sumando la industria auxiliar y la cadena de valor. La llegada de SAIC promete poner a trabajar a muchos más. Por eso, la pregunta no es si existe riesgo —siempre existe—, sino por qué se invoca ahora y no cuando se firmaron contratos de material militar con terceros países.
La doble vara de medir en el Ministerio
El recuerdo de Altri es inevitable. Aquel proyecto portugués de pasta de celulosa en Lugo se estrelló contra un muro de informes ambientales y rechazo institucional. SAIC, sin embargo, ha recibido la alfombra roja con la liturgia del «hub industrial» ante Bruselas. La diferencia salta a la vista: una generaba decenas de empleos y un problema político para el gobierno gallego; la otra, miles de empleos y una foto electoral para Madrid. La sospecha de que la seguridad se aplica con criterio selectivo recorre el análisis de este proyecto.
El expediente completo, con los informes militares y las alegaciones de los promotores, permanece bajo secreto. Mientras tanto, la ría de Ferrol seguirá teniendo a la Armada a un lado y a la cadena de montaje al otro. ¿Quién gana al final? Dependerá de si el informe militar se convierte en un veto o en un simple papel mojado para un proyecto que ya ha empezado a girar la llave en la cerradura. A juzgar por el historial de la política industrial española, nadie apuesta a sustancia ilegal ganador.