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El cacao se cultiva en su inmensa mayoría en dos países,Costa de Marfil y Ghana,los cuales concentran en conjunto más del 50% de las exportaciones.Estos países reúnen una serie de particularidades,como su inestabilidad política o su gran crecimiento económico,que provoca que nuevos sectores puedan relegar a un papel secundario la tradicional siembra de cacao.
Por ejemplo, Ghana está viviendo la deserción de numerosos jóvenes que no están dispuestos a trabajar en las plantaciones de cacao, prefiriendo invertir sus esfuerzos en las minas de oro o los pozos petrolíferos, sectores en crecimiento que otorgan un mayor salario.
Además de este problema, la sombra del cambio climático se cierne sobre este cultivo, pues las condiciones climáticas que esta planta requiere son muy concretas, y la previsión de un incremento de las sequías e inundaciones en los próximos 30 años puede acabar arruinando las golosas expectativas de los amantes del chocolate.
Los científicos hoy día, trabajan sin cuartel en busca de nuevas variedades de cacao, resistentes a los caprichos del cambio climático.
Asimismo, los voraces nuevos ricos chinos, han pecado de gula respecto a esta semilla, lo cual ha despertado las expectativas de los más pesimistas diciendo que el cacao podría quedarse sin semillas en la década de 2020.Esta noticia, todo sea dicho, ha hecho que muchos agricultores hayan concentrado sus esfuerzos en producir semillas para la exportación.
¿Y las cosechas? Tras los máximos de 2015, donde el cacao llegó a alcanzar los 3.300 $ la tonelada, y en 2016, manteniéndose por encima de los 3.000, muchos agricultores comenzaron a ver un modo de enriquecerse en la plantación de cacao, llevando así al mercado a lo que parecía una situación de superávit estructural.
Por ello, la producción mundial pasó de 1,8 millones de toneladas en 2015 a 2 millones en 2017, produciendo en el mercado mundial una oferta 300.000 toneladas mayor que la demanda.Por supuesto, los precios se despeñaron ladera abajo, comenzando un descenso que llevaría el precio por debajo de los 2.000$ en el primer cuatrimestre de 2017, manteniéndose esa debilidad hasta primeros de 2018.
A mediados de 2018, las malas cosechas y las diferentes oportunidades en los países productores, han menguado la producción total sorteando por sorpresa lo que parecía un escenario de debilidad estructural.Por ello, hemos visto como el precio remontaba desde los mínimos de 1950 $ la tonelada, volando hasta los 2.620 dólares en un período de 6 meses.
En estos momentos, la incertdumbre sobre si la posición alcista perdurará, hace que nos domine el escepticismo, pues si bien parece desatarse un movimiento especulativo hacia arriba, es posible que la tranquilidad y la sobreproducción vuelvan a los mercados, con lo que el principio de prudencia debería mantenernos alejados de esta inversión.
No obstante, y a riesgo de dejar pasar esta oportunidad, deberíamos estar atentos al precio, pues una hipotética devolución al nivel de los 2.000$ la tonelada, sería una excelente oportunidad para tomar posiciones.