Regalar 0,001 bitcoin: la promoción que acabó valiendo un gramo de oro
¿Cómo se empieza a probar bitcoin cuando no tienes ninguno y todavía no sabes dónde comprarlo? En diciembre de 2016 alguien respondió a esa pregunta con una oferta sencilla: 0,001 bitcoin para quien se lo pidiera, con una sola condición —solo para el que no tenga ninguno— y un método sin intermediarios. Bastaba pegar una dirección pública. La lista de agraciados llegó a once nombres y la ventana se cerró con fecha límite un sábado.
El gesto tenía una explicación concreta, nada de filantropía abstracta. «Por que hace un año me hizo falta que alguien tambien me regalara algo para empezar, y gracias a ello pude hacer pruebas», justificó el autor del regalo. La lógica sigue en pie: para entender una criptomoneda hay que mover una fracción real, verla llegar a la cartera y comprobar el saldo. En aquel momento, comprar cantidades minúsculas era un laberinto con más puertas cerradas que abiertas.
Dónde comprar bitcoin sin dar la cuenta del banco
La pregunta de dónde conseguir la primera fracción ocupó buena parte de la conversación. Se propuso pagar con tarjeta mediante pasarelas específicas, aunque quien lo hizo avisó de que
comprar así es más cómodo, no más barato. Para esquivar el banco apareció el truco de las tarjetas prepago de Correos:
6€ por adquirir la tarjeta y 1€ de comisión por cada recarga, sin ninguna cuenta bancaria asociada.
Había más puertas. El intercambio entre particulares, quedando en persona para pagar en efectivo, con depósito en garantía para proteger a las dos partes. La compra indirecta, pagando a alguien un artículo de Amazon a cambio de bitcoin. Y, para quien buscara el precio más bajo, la recomendación repetida: transferencia bancaria a un exchange, más barata que la tarjeta, aunque obligue a enseñar la cuenta.
El muro real: la clave privada y cuatro céntimos
Instalar un monedero ligero fue el primer escalón y también el primer muro. Quien lo intentó se topó con direcciones que caducan, saldos que se quedan a cero en una cartera y reaparecen menguados en otra, y la duda de cómo comprobar si un ingreso ha llegado de verdad sin recurrir a un explorador de bloques público. Quedó sin respuesta en el hilo la pregunta del monedero en papel: cómo consultar su saldo sin conectarlo a nada, ¿mirando en un explorador de bloques público?
La respuesta que más se repitió fue una:
la clave privada. «Lo importante en una direccion bitcoin es tener controlada la llave privada, si es necesario apuntada en un papel», se aconsejó. Con ella se restaura el monedero aunque desaparezca el ordenador. Después llegó la letra pequeña: conviene recibir cada pago en una dirección nueva para no perder el anonimato, y cada transacción arrastra una comisión ajustable según el tráfico de la red. Pagar cuatro céntimos, se defendió, hace el sistema más rápido y atractivo para quienes verifican las operaciones.
Qué es bitcoin: la respuesta que no convenció a nadie
A la pregunta de qué es bitcoin y por qué vale tanto se contestó con una frase que no explica nada:
es el dinero del futuro. Quien la recibió no se dio por satisfecho; para cambiar dinero fiduciario por BTC, lo mínimo es saber qué es cada cosa. La réplica fue más seca todavía: quien regalaba sostuvo que el 99% de los españoles no sabe qué es el dinero fiduciario y que la obligación de todo adulto es informarse de todo.
Entre medias, aprendizaje a golpes. Algunos descubrieron que los grifos que reparten fracciones gratis son un engorro y que minar con un ordenador doméstico apenas compensa. Otros se quedaron, que era justo el objetivo.
De prueba de novato a 60,98 dólares
La promoción terminó en Navidad, pero el asunto no. Años después la conversación se reactivó con un dato que lo cambia todo:
0,001 BTC = 60,98 dólares. Aquella fracción que apenas servía para hacer pruebas se había convertido en una cantidad con la que ya se compra algo. La comparación que corrió fue sonora: es como regalar un gramo de oro.
El contraste con el arranque es brutal. En 2012, según el recuerdo de un usuario, bitcoin valía
0,02 dólares, y cuando llegó a 20 dólares ya había quien decía que estaba demasiado caro. Quien sostiene que es «el mejor dinero del mundo» y «el único activo deflacionario» añade que solo podía subir; circulan proyecciones de 500.000 dólares por bitcoin en 2030. En medio, la frase de un usuario que retrata a más de uno:
«...visionarios, y yo jugando en el IBEX».
El regalo no llegó a los que se apuntaron tarde. La promoción cerró, sí, pero con una puerta entreabierta: si el precio subía más, habría más. Subió.