El tráfico en Ormuz repunta al 80% previo, pero nadie cuadra el peaje
El estrecho de Ormuz mueve estos días buques en cifras que, según
El Debate, se acercan al 80 % de las que registraba antes de la guerra. El medio lo publica apoyándose en un artículo de
The Wall Street Journal, y esa lectura ha bastado para dar por roto el bloqueo. El problema es que los fragmentos del texto original que circulan dicen algo menos épico: los cruces han aumentado respecto a las semanas más tranquilas del conflicto, pero siguen siendo «insignificantes» comparados con los estándares habituales. Las principales navieras, añade ese mismo párrafo, siguen evitando la zona.
Qué se sabe del tráfico de buques en el estrecho de Ormuz
El artículo de referencia está tras muro de pago, así que la discusión se hace con retales. De un lado, la lectura optimista: el flujo se normaliza, hay petroleros cruzando y el control iraní se deshilacha. Del otro, el propio material citado para sostenerla. Cada vez que se tira del hilo aparece la misma frase: el repunte es notable respecto al bache más duro, pero
insignificante frente a lo que era el estrecho en tiempos normales.
Hay además una cuestión de método. Un porcentaje del 80 % sobre qué base, medido cómo y con datos de quién. Quien quiera salir de dudas tiene el boletín diario de
Lloyd’s List Intelligence, que sigue el tránsito marítimo y no se basa en declaraciones. Es la diferencia entre contar barcos y contar voluntades.
Irán y el peaje que la UE dice que no debe existir
La vicepresidenta de la Comisión Europea y alta representante,
Kaja Kallas, se reunió con el ministro de Exteriores iraní,
Araghchi, en el marco de la Asamblea General de la ONU. Lo contó ella misma: hablaron de las perspectivas diplomáticas para terminar la guerra entre Estados Unidos e Irán y de reabrir por completo el estrecho de Ormuz. Su frase fue tajante: antes de la guerra no había peajes ni tasas de paso, y no debería haberlas.
Ahí está el nudo. Si buena parte del tráfico paga para cruzar, el bloqueo no se ha roto: se ha convertido en un negocio con barrera. Y si no paga nadie, no se entiende de dónde sale la recaudación que se atribuye a Teherán. Ninguna de las dos versiones ha sido confirmada con documentación pública.
La gasolina a 2,1 euros que no acompaña al repunte
En el surtidor no se nota nada. El litro de gasolina aguanta en
2,1 euros sin que las noticias de normalización muevan la aguja. Si los barriles vuelven a fluir y el estrecho se destapa, el precio debería ceder; si el crudo escasea, debería subir. Se queda quieto, que es la peor señal para quien esperaba un alivio.
Petroleros, futuros y elecciones en el horizonte
La lectura más áspera apunta al mercado de futuros: contratos que se mueven con titulares, posiciones que hacen caja con cada rumor y una realidad física menos amable. Hay quien sostiene que hay petroleros ardiendo y que las instalaciones petroleras tardarían meses o años en bombear como en 2025. Otro argumento recurrente es la distancia de la flota estadounidense, cada vez más lejos del estrecho, lo que se interpreta como cautela ante torpedos más que como control.
Y encima, el calendario. Con las elecciones legislativas estadounidenses al caer, no falta quien pronostica que bastará un mensaje en redes para declarar la victoria, el
petróleo iraní en manos propias y el asunto cerrado. Es una predicción, no un dato; conviene tratarla como lo que es.
El análisis se atasca justo aquí: nadie ha puesto sobre la mesa una serie de tránsitos verificable, y la única cifra fuerte, ese 80 %, viene de un texto que también dice que el movimiento es insignificante. Con esos mimbres, el precio del crudo y el de la gasolina seguirán gobernados por el relato.