Irán reabre Ormuz y el crudo se hunde un 10%
El ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Seyyed Abbas Araghchi, anunció que el paso de todos los buques comerciales a través del Estrecho de Ormuz se declara completamente abierto. La decisión llega tras el establecimiento de un alto el fuego en Líbano. El
petróleo cae un 10%. La reacción en los mercados fue inmediata, pero la desconfianza también: el crudo sigue muy por encima de los 56 dólares de hace cuatro meses, y buena parte del análisis sostiene que el estrecho se ha abierto y cerrado tantas veces que ya nadie se cree el parte oficial.
Qué ha pasado y por qué importa
El anuncio de Araghchi es el hecho central: paso libre para todos los buques comerciales, no solo para los que ya venían pasando. El detonante declarado es el alto el fuego en Líbano. El efecto medido es una caída del 10% en el precio del petróleo. Sobre ese dato se construye todo lo demás, y ahí empieza el problema.
Hay quien sostiene que el daño ya está hecho y que la reapertura no repara nada. El argumento es que durante el cierre solo pasaban con normalidad los buques de determinados países, y que el resto lo hacía pagando en monedas distintas al dólar. Si eso fuera cierto, la foto del mercado no sería la de un crudo a 90 dólares, sino la de un crudo a 120-160 dólares con entrega a dos meses y dinero por delante. La UE, en ese escenario, estaría tirando de reservas o subvencionando el combustible.
El estrecho de Schrödinger: abierto y cerrado a la vez
La ironía más repetida es que Ormuz funciona como el gato del experimento: abierto y cerrado al mismo tiempo, según quién mire. Unos dicen que nunca estuvo cerrado del todo; otros, que el cierre fue real y que lo que cambia ahora es solo el relato. En medio, un dato incómodo: Irán decide cuándo y cómo, y eso convierte cualquier apertura en algo reversible.
La consecuencia práctica es la que señalaba un análisis del foro: ¿quién manda ahora un petrolero desde Australia? Para cuando llegue habrán pasado semanas, y en ese tiempo el estrecho puede haberse cerrado y abierto cuatro veces. Lo que más se valora en el transporte marítimo no es el precio, es la predictibilidad. Y la situación sigue siendo impredecible.
El daño que no se deshace con un comunicado
El daño ya está hecho, resume otra corriente. Aunque la capacidad gasista de Qatar bajara unos años y hubiera un déficit pronunciado durante un par de meses con algunas refinerías dañadas, el susto fue mayor: se tonteó durante semanas con mandar al mundo desarrollado al medievo. No es descartable que vuelva a intentarse en otro momento, pero hasta el invierno siguiente la cosa parece parada. De momento.
El calendario que se maneja es el de un verano más, con Mundial y elecciones de por medio, y con el mapa geopolítico reorganizándose. Cada vez quedan menos veranos así, viene a decir el análisis más pesimista.
Qué pasa con el petróleo y con los fertilizantes
En seis u ocho semanas la ola de inflación será plenamente visible, según el escenario que se dibuja. La falta de fertilizantes que garantizan la cosecha provocará escasez de comida. La solución estándar, imprimir dinero, no funcionará esta vez porque no se puede imprimir petróleo y, por tanto, no se puede comprar lo que no hay. Fertilizantes y los 6.000 derivados del crudo son la cadena que nadie quiere mirar.
La noticia de la reapertura es maravillosa si se mantiene, porque de lo contrario, a cada día que el estrecho permanezca cerrado, las consecuencias son apocalípticas. Sin sensacionalismos. Ese es el marco en el que se mueve todo el análisis, y explica por qué nadie se fía de una caída del 10%.
El golfo Pérsico, hipotecado para 25 años
Más allá del precio del barril, hay una factura estructural que no se paga con un alto el fuego. La tesis que circula es que los países del golfo Pérsico han quedado tocados para un cuarto de siglo: nadie va a invertir en ese avispero, nadie nuevo va a vivir como expatriado con misiles encima de la cabeza, nadie se arriesgará a comprar petróleo que salga por barco por Ormuz. La salida, si la hay, es un oleoducto y un gasoducto bien gruesos hacia el mar Rojo o el Mediterráneo, con Jordania, Siria y Turquía frotándose las manos.
Los hubs aéreos del golfo, Qatar Airways, Etihad, Emirates y Gulf Air, quedan en el aire si nadie quiere quedarse atrapado días o semanas. El centro de comercio de oro y plata volvería a Suiza, a Londres y a China. Son consecuencias de segundo orden que no aparecen en el titular del 10%.
El punto exacto donde el análisis se atasca
La reapertura es un hecho. La caída del 10% es un hecho. Lo que no cierra es la cuenta: si el crudo sigue muy por encima de los 56 dólares de hace cuatro meses, si hay quien paga 120-160 con entrega a dos meses, si el estrecho se ha abierto y cerrado tantas veces que ya es una broma recurrente, entonces el mercado no está descontando paz, está descontando que la próxima vez puede ser la buena. Y ahí, con el barril otra vez camino de 100 o de 110 según el escenario que se maneje, es donde el análisis se queda sin respuesta.