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En el fondo, procesar al…
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La idea de procesar a un líder político por traición, aunque atractiva para algunos, podría ser contraproducente si no ataca la raíz de los problemas sistémicos que permiten su ascenso y permanencia en el poder.
La política española ha visto resurgir la idea de procesar a Pedro Sánchez por traición, una propuesta que, si bien puede sonar contundente, plantea interrogantes sobre su efectividad real para sanear el panorama político. La Constitución Española, en su artículo 102, contempla la posibilidad de llevar a un presidente del Gobierno ante el Tribunal Supremo por delitos como la traición. Sin embargo, la aritmética parlamentaria actual, donde ninguna fuerza política alcanza la mayoría absoluta por sí sola, hace que tales iniciativas dependan de pactos y apoyos que, a menudo, se desvanecen en meras declaraciones de intenciones.
La analogía de la hidra de Lerna, ese monstruo mitológico cuyas cabezas se regeneraban al ser cortadas, se utiliza para describir la naturaleza de lo que se percibe como un problema sistémico en la política española. La crítica apunta a que el PSOE, desde su refundación en Suresnes en 1974, ha operado como un "partido de Estado" cuya principal función ha sido satisfacer intereses, tanto plutocráticos como extranjeros, manteniendo a la vez una aparente paz social. La idea es que centrarse en una figura individual, como Sánchez, sería como cortar una sola cabeza de la hidra, dejando intacto el cuerpo y la capacidad de regeneración del problema.
La argumentación sugiere que la solución no reside en procesar a un líder concreto, sino en desmantelar la estructura o "partido de Estado" que permite la existencia de tales figuras y sus prácticas. Se plantea que la caída de esta estructura, comparada con la destrucción de Sauron en la obra de Tolkien, haría desaparecer a los actores menores que orbitan a su alrededor. En este sentido, la propuesta de procesar a Sánchez se considera insuficiente, ya que no aborda la raíz del "Régimen del 78" y, en última instancia, podría servir para revitalizar un sistema que se busca criticar.
Se señala que el momento ideal para una acción política de tal calado sería tras una victoria electoral contundente de la derecha, que proporcionaría la mayoría necesaria para emprender reformas profundas. Sin embargo, se expresa escepticismo sobre la voluntad o capacidad de los partidos de derecha para llevar a cabo una acción que desestabilice el sistema del que, en cierto modo, también se benefician. La metáfora final compara a los partidos políticos con satélites que, por necesidad, permanecen en órbita del planeta que les da su fuerza, sugiriendo una falta de independencia para actuar contra el sistema establecido.
En el fondo, procesar al…