El jefe de Cultura de Público señalado por sus propias becarias
¿Qué ocurre cuando el hombre que publica libros sobre la escasez de mujeres en el arte es señalado por las mujeres que trabajaron a sus órdenes? El caso de
Peio H. Riaño, jefe de la sección cultural de
Público, ha pasado de rumor de redacción a asunto público a base de testimonios difundidos en redes. Varias trabajadoras —becarias y periodistas del propio diario— describen a un jefe que habría usado su posición para acercarse a subordinadas y que, según esos relatos, habría complicado la vida a quienes no siguieron el juego. De momento no hay explicaciones; según los mensajes difundidos, su cuenta de Twitter ya no existe.
Qué se le atribuye y qué está probado
Conviene separar dos cosas. Una: circulan acusaciones publicadas por afectadas que describen insinuaciones, mensajes de tono sexual fuera de contexto y, según esos testimonios, un ambiente laboral donde nadie se atrevía a denunciar. Dos: no hay condena, resolución judicial ni expediente conocido a la fecha de estos hechos. Lo que se difunde son relatos, no sentencias.
Lo que sí es verificable es el perfil del señalado: responsable de Cultura de un diario que los mensajes del hilo sitúan en la órbita progresista, autor de varios ensayos sobre la escasa presencia femenina en el arte y voz habitual en los foros sobre feminismo cultural. Es, en el argot de internet, el perfil que se bautizó como
aliade: el hombre que exhibe su apoyo a la causa y espera que eso le sirva de salvoconducto.
El relato de una becaria y la asimetría del circuito laboral
El testimonio más detallado es el de una periodista que coincidió con él durante
un año. Ella era becaria; él no. En ese tiempo, según su propio relato, apenas le dirigió la palabra. Hasta que empezó a reaccionar a sus historias de Instagram en bikini y a abrir conversaciones de tono personal.
La clave no está en el mensaje concreto, sino en lo que la afectada escribió después: no podía publicarlo, aunque lo hubiera hecho con otras agresiones, porque ambos formaban parte del
mismo circuito laboral y él ocupaba una posición más importante. Ahí está el mecanismo entero del abuso de poder, sin necesidad de amenaza explícita. La jerarquía trabaja sola, y el miedo a quedarse sin la siguiente beca hace el resto.
Por qué este caso no salta a las portadas
La sospecha más repetida entre quienes siguen el asunto es que el color político del señalado determina la cobertura. Con una figura de la derecha, sostiene esta lectura, la denuncia estaría en portada en cuestión de horas; con un responsable cultural de un medio afín a la izquierda, se queda en redes. Es una percepción, no un dato: nadie ha medido esa asimetría con cifras públicas. Pero está extendida y explica buena parte del tono de la conversación.
Hay un factor que los propios relatos señalan: el miedo. Denunciar a un jefe de sección no sale gratis cuando él ocupa una posición más importante en el mismo circuito laboral, como explicó la afectada.
Del discurso al comportamiento
Circula como contraste una frase suya sobre el Museo del Prado y las violaciones que no vemos. El eco ha sido inevitable: quien pontifica sobre la mirada masculina en el arte es ahora examinado por cómo trataba a las mujeres que tenía cerca. No es un detalle menor en un perfil construido, precisamente, sobre ese discurso.
Parte de la conversación ha derivado, como casi siempre, hacia generalizaciones sobre la izquierda y sobre las mujeres en general. Eso es ruido y como ruido conviene tratarlo. Lo relevante es más simple: una segunda periodista del mismo diario ha publicado también su acusación, y el patrón que se dibuja —jefe con poder, subordinadas jóvenes, silencio por miedo a la represalia profesional— no pertenece a ninguna ideología concreta. Se parece demasiado a lo que el propio señalado denunciaba por escrito.
Qué pasa ahora
Sin explicación pública, sin expediente conocido y sin resolución judicial, el asunto sigue abierto. Nada indica, a la fecha de esta información, que haya dejado el cargo. Si el caso termina saltando a los grandes medios o se queda en el limbo de las redes dependerá menos de los hechos que de quién tenga interés en amplificarlo.
Un hombre que escribía sobre mujeres invisibles en el arte y ha acabado señalado por mujeres que no veía cuando eran becarias. La cuenta ya no existe. El cargo, de momento, tampoco consta que haya cambiado.