Jesús Cacho: Los españoles se merecen un gobierno que no les mate

Jesús Cacho: Los españoles se merecen un gobierno que no les mate
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

Jesús Cacho sostiene en Vozpópuli que el PSOE llegó al poder en 2004 con 192 muertos del 11-M y lo deja con 115 fallecidos en dos tragedias ferroviarias, y pide un Gobierno «que no les mate». El artículo denuncia el estado de la red de alta velocidad y el uso partidista de las instituciones.

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Jesús Cacho sostiene en Vozpópuli que el PSOE llegó al poder en 2004 con 192 muertos del 11-M y lo deja con 115 fallecidos en dos tragedias ferroviarias, y pide un Gobierno «que no les mate». El artículo denuncia el estado de la red de alta velocidad y el uso partidista de las instituciones.

La frase que Alfredo Pérez Rubalcaba pronunció el 13 de marzo de 2004, en la jornada de reflexión previa a las elecciones generales, ha vuelto a circular con una variación. «Los españoles se merecen un Gobierno que no les mienta» fue la versión original. La que ahora defiende el periodista Jesús Cacho en un artículo publicado por Vozpópuli el 1 de noviembre de 2026 cambia el verbo: «Los españoles se merecen un Gobierno que no les mate». El cambio no es un juego de palabras. Es la tesis de un texto que compara dos fechas separadas por 22 años y que sostiene que el socialismo regresó al poder con 192 muertos y se despide con 115.

El artículo arranca en el 11 de marzo de 2004, el mayor atentado terrorista de la historia de España, con 192 personas asesinadas y varios cientos de heridas. Cacho describe una operación con «tufo a servicios secretos europeos y mano de obra marroquí» y sitúa en ese contexto la movilización del PSOE y la izquierda comunista contra José María Aznar durante la jornada de reflexión. La politización de la tragedia, sostiene, llevó a la presidencia a José Luis Rodríguez Zapatero, a quien dedica una andanada sin matices: lo llama «tonto de baba» y «miserable» y le atribuye la intención de desmontar el consenso constitucional de 1978.

De los 192 muertos del 11-M a los 115 de las tragedias ferroviarias

El núcleo del texto es la comparación numérica. Cacho contrapone los 192 fallecidos del atentado de 2004 con los 115 muertos que, según su recuento, se han producido en dos tragedias ferroviarias en un solo año, con los accidentes de Adamuz y Urda (Toledo) como referencia. La cifra aparece dos veces en el artículo y funciona como cierre: «Los españoles se merecen un Gobierno que no les mate».

El columnista acusa al Ejecutivo de Pedro Sánchez de pedir que no se politice la tragedia ferroviaria de Urda mientras él politiza todo lo demás. Y enumera lo que considera los pilares de ocho años de desgobierno: la división de los españoles en buenos y malos, el desprecio a las normas democráticas y lo que describe como una apuesta por destruir el orden constitucional. Menciona también el pago de los 7 votos de Junts con la amnistía a los dirigentes del proceso catalán como la factura con la que Sánchez se compró la presidencia.

La acusación más grave del texto, y la que más espacio ocupa, es la de corrupción. Cacho afirma que desde junio de 2018 España ha estado gobernada por «una mafia, una organización criminal con vocación de permanencia en el poder» y sostiene que esa corrupción «cerca al capo di tutti capi». Son palabras textuales del artículo, no una descripción neutra de los hechos. El texto mezcla ahí denuncia periodística y opinión sin separarlas.

El argumento del dinero: 5.807 millones de la UE frente a 435 de mantenimiento

El artículo construye su caso más concreto con cifras. Adif ha recibido 2.909 millones de los fondos Next Generation y Adif Alta Velocidad otros 2.898 millones: 5.807 millones en total. Con ese respaldo europeo, el Ejecutivo invirtió en 2025 apenas 435 millones al mantenimiento de la red de alta velocidad más extensa de Europa. Ese mismo año, España destinó más de 4.550 millones a ayuda oficial al desarrollo, un 13 % más que en 2024.

La conclusión que extrae Cacho es que Sánchez dedica diez veces más dinero a ayuda al desarrollo que a conservar las vías por las que circulan a diario cientos de miles de españoles. El columnista añade que cada martes los Consejos de Ministros reparten cientos o miles de millones a organizaciones no gubernamentales de perfiles diversos, todas con perspectiva de género, y afirma que la trazabilidad de esas ayudas es imposible de seguir. Son afirmaciones del autor que el lector debe contrastar con las cuentas públicas.

El texto también apunta a los nombramientos. Cacho sostiene que el Gobierno ha colonizado los organismos de regulación y control —CNMV, CNMC, Tribunal de Cuentas, Banco de España, Tribunal Constitucional— con personas de «clamorosa mediocridad», eliminando técnicos y expertos. Como ejemplo señala la presidencia de Renfe, ocupada por Álvaro Fernández Heredia, a quien describe como hombre de confianza del ministro Óscar Puente: dirigía la empresa municipal de autobuses de Valladolid cuando Puente era alcalde de la capital castellana, fue nombrado secretario general de Movilidad Sostenible en 2024 y llegó a la presidencia de Renfe en enero de 2025 sin experiencia en el sector ferroviario, según el artículo.

La advertencia técnica sobre la vía de balasto

El pasaje más técnico del texto recupera un artículo que el propio Cacho publicó el 1 de febrero de ese año. En él citaba al ingeniero Manuel Melis, catedrático de Geotecnia en la ETS de Caminos de La Coruña y de Ferrocarriles en la ETS de Caminos de Madrid, que en abril de 2007 diseccionó en la Revista de Obras Públicas la línea de alta velocidad Madrid-Barcelona. Melis advertía de que para circular a 350 km/h no puede utilizarse vía en balasto por los problemas de vuelo del balasto y asiento de la traviesa, y que debe emplearse vía en placa. El trabajo señalaba descensos y movimientos de terraplenes que daban una vía de mala calidad, con un movimiento de trenes a los tres años de servicio mucho mayor que el de la vía de Sevilla con quince años de funcionamiento.

De ahí deduce Cacho que no basta con la auditoría integral de la red de alta velocidad que reclama Núñez Feijóo: a su juicio habría que cerrar la línea Madrid-Barcelona para cambiar la vía de balasto a vía en placa y reforzar terraplenes. El columnista menciona que sus dos hijas la utilizan semanalmente y afirma que quienes la usan se juegan la vida. Es una opinión apoyada en un informe técnico de 2007, no un diagnóstico oficial del estado actual de la infraestructura.

El texto cierra con una llamada al voto para el 29 de noviembre, fecha que sitúa como la cita electoral en la que los ciudadanos pueden manifestar en las urnas lo que piensan. Cacho advierte de que el resultado no está garantizado y compara el escenario español con Brasil, donde sitúa a Lula da Silva como ejemplo de corrupto reelegido, y con Francia, que a su juicio camina hacia el enfrentamiento civil tras la alianza entre la izquierda de Mélenchon y el islamismo. Son analogías políticas del autor, no pronósticos verificables.

Un texto de opinión con datos que el lector debe separar

Conviene leer el artículo sabiendo qué es cada cosa. Los datos de inversión —los 5.807 millones europeos, los 435 millones de mantenimiento en 2025, los 4.550 millones de ayuda al desarrollo— son cifras concretas que pueden contrastarse con las fuentes oficiales. Las acusaciones de corrupción, la descripción del Gobierno como organización criminal y las comparaciones históricas son opinión del columnista, expresadas con un lenguaje que no busca la neutralidad. El propio medio lo publica como columna.

La comparación entre los 192 muertos del 11-M y los 115 de las tragedias ferroviarias mezcla dos fenómenos de naturaleza distinta: un atentado terrorista y accidentes de infraestructura. El artículo los une por la vía política, no por la estadística. Y la afirmación de que el PSOE «se despide del poder» con esa cifra da por hecho un resultado electoral que, a la fecha de publicación, todavía no se había producido.

Nada de esto invalida el debate sobre el estado de la red ferroviaria, el reparto de los fondos europeos o la calidad de los nombramientos públicos. Son asuntos que admiten discusión con datos. Lo que el lector no encontrará en el texto es la otra versión: las cifras oficiales de inversión ejecutada, los informes de los organismos reguladores o la respuesta del Gobierno a cada acusación. Un artículo de opinión no está obligado a incluirla, pero quien lo lea debería saber que falta. Y si el asunto deriva en responsabilidades políticas o legales, conviene acudir a las fuentes oficiales y, si hay causas judiciales abiertas, a los tribunales.

Datos clave
  • Jesús Cacho publica en Vozpópuli el 1 de noviembre de 2026 un artículo que compara los 192 muertos del 11-M con los 115 fallecidos en las tragedias ferroviarias de Adamuz y Urda.
  • Adif recibió 2.909 millones de los fondos Next Generation y Adif Alta Velocidad 2.898, un total de 5.807 millones, según el artículo.
  • El Ejecutivo invirtió en 2025 apenas 435 millones en mantenimiento de la red de alta velocidad, frente a más de 4.550 millones en ayuda oficial al desarrollo, un 13 % más que en 2024.
  • El texto señala a Álvaro Fernández Heredia, presidente de Renfe desde enero de 2025, como hombre de confianza del ministro Óscar Puente.
  • Cacho cita al ingeniero Manuel Melis, que en abril de 2007 advirtió en la Revista de Obras Públicas de los problemas de la vía en balasto en la línea Madrid-Barcelona.
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Los españoles se merecen un gobierno que no les mate ​


El socialismo regresó al poder con 192 perecid, y 22 años después se despide del poder con 115

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Trabajos de rescate tras el accidente ferroviario en Urda (Toledo) | Europa Press


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Jesús Cacho

Publicado:
01/11/2026 · 04:44 CET


Once de marzo de 2004. España sufre el mayor ataque extremista violento extremista violento de su historia. 192 personas mueren vilmente asesinadas y varios cientos resultan gravemente heridas. Una operación con el tufo a servicios secretos europeos y mano de obra ingenieros. En la jornada de reflexión previa a las generales del 14 de marzo, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), junto con la izquierda comunista, se lanza a la yugular de un tan soberbio como desbordado José María Aznar cercando las sedes del PP y provocando graves algaradas callejeras. El líder y portavoz entonces del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, pronunció el 13M aquella frase según la cual “los españoles se merecen un Gobierno que no les mienta”. La politización de la tragedia cumplió plenamente su objetivo: llevar a la presidencia del Gobierno a un político que no hubiera pasado de jefe de negociado en una oficina bancaria de provincias, alguien que se creyó ungido y urgido por la misión de lanzar al arroyo el más luminoso gesto de concordia que ha conocido la historia de España, el abrazo que tras la Guerra Civil se dieron vencedores y vencidos concretado en la Constitución del 78, una tarea que muy probablemente era lo que perseguían los autores intelectuales de la masacre. Tras el PSOE de Felipe González, a la palestra española volvió en 2004 el peor PSOE de siempre, el de la revolución de Asturias del 34 y el del comunista Largo Caballero en el 36. El socialismo regresó al poder con 192 perecid, y 22 años después se despide del poder con 115. Los españoles se merecen un Gobierno que no les mate.

Ahora, el epígono de Largo Caballero que nos preside pide que no se politice la tragedia ferroviaria de Urda. Sea. Lo que resulta imposible de despolitizar son sus ocho años de desgobierno, su voluntad de dañar la convivencia construyendo un muro capaz de dividir a los españoles en buenos y malos, su radical desprecio por las más elementales normas de la democracia, su decidida apuesta por la destrucción del orden constitucional para llevarnos a esa Confederación de Repúblicas Socialistas Ibéricas con lo peor que ha producido este país, y, en fin, su sectarismo y su abismal incompetencia, una incompetencia que le ha llevado a hacer a los españoles más pobres y a convertir una de las redes ferroviarias mejores del mundo en un desastre al que los ciudadanos intentan dar la espalda ante el riesgo cierto que supone poner pie en un tren de alta velocidad. Un tipo que se compró la presidencia del Gobierno pagando los 7 votos de Junts con la amnistía a los golpistas catalanes, que ha envilecido las instituciones, y que se ha corrompido hasta el tuétano, porque hoy nadie puede albergar duda, más allá del ejército de estómagos agradecidos que medran en su derredor, que desde junio de 2018 hemos estado gobernados por una organización incivil con vocación de permanencia en el poder dispuesta a hacerse inmensamente rica, una corrupción que hoy cerca al capo di tutti capi y con la que diariamente se mete en la cama.

Un tipo cuya norma sarracena está seguramente a la altura del derecho de admisión de las saunas gais con las que su suegro financió su carrera política. España se ha convertido en un Estado fallido. Nada funciona. Ni la sanidad, ni la educación, ni los transportes, ni las infraestructuras, ni la Guardia Civil (dirigida por paniaguados), ni el Ejército (descabezado y desmotivado). Un Gobierno de ineptos que diariamente luce con desparpajo su total incapacidad para gestionar la nevera de su casa. Su gran éxito, su siniestro éxito, ha consistido en poblar las instituciones de amigos y conmilitones, fieles gregarios dispuestos a seguir sus órdenes con fidelidad perruna. Todo lo ha ocupado con su ejército de fieles sirvientes: los organismos de regulación y control (CNMV, CNMC), el Tribunal de Cuentas, el Banco de España, el Constitucional… nada ha quedado fuera de su control. Todo lo ha fundido mediante una política de nombramientos que ha privilegiado a personajes de una segarro mediocridad, eliminando a técnicos y expertos y expulsando cualquier muestra de talento. Al frente de Renfe está Álvaro Fernández Heredia, un hombre a una nariz pegado, la de Óscar Puente. El citado dirigía la empresa municipal de autobuses de Valladolid cuando Puente se desempeñaba como regidor en la capital castellana. Ya ministro, lo nombró secretario general de Movilidad Sostenible en 2024, y en enero de 2025 lo colocó en la presidencia de Renfe, sin la menor idea de un sector crítico como el ferroviario. Las consecuencias de esta irresponsable purga están a la vista, yacen estos días en los cementerios: 115 perecid en dos tragedias ferroviarias en un solo año. “Es la concepción del poder que permitió la contratación de cortesana en empresas públicas sencillamente porque todo valía”, decía el editorial que este diario publicó el pasado jueves.

No había dinero para invertir en el mantenimiento de infraestructuras críticas pero sí lo había para disparar el gasto corriente con el que alimentar el voto cautivo. Jamás Gobierno alguno en la historia de la democracia ha dispuesto de tanto dinero, de tantos recursos para haber convertido España en el mejor y más seguro país de la Unión, digno émulo de ese Japón que en 62 años no ha registrado un solo accidente en su muy cualificada red de alta velocidad. “Yo quiero saber adónde han ido a parar los miles de millones que nos entregó la UE para arreglar la red ferroviaria”, escribía estos días Juan Manuel Jiménez en la red social X. “Y quiero saber a cuántas cortesana, amigas de Ábalos, ha enchufado el PSOE en Renfe y Adif. Y quiero saber a cuántas Miss Asturias ha colocado. Y quiero saber qué consecuencias se han sacado del accidente de Adamuz. Y quiero saber por qué Puente dedica más tiempo a tuitear en redes sociales que a arreglar los trenes…” Adif ha recibido 2.909 millones de los fondos Next Generation y Adif Alta Velocidad otros 2.898: 5.807 millones en total. Con ese respaldo, el Ejecutivo invirtió en 2025 apenas 435 millones al mantenimiento de la red de alta velocidad más extensa de Europa. Ese mismo año, España destinó más de 4.550 millones a ayuda oficial al desarrollo, un 13 % más que en 2024. El corolario es trágico: Sánchez dedica diez veces más dinero a “ayuda al desarrollo” que a conservar las vías por las que circulan a diario cientos de miles de españoles.

Cada martes, los Consejos de Ministros regalan cientos de millones, a veces miles de millones, a una variopinta lista de ONGs del más variado pelaje, todas con “perspectiva de género”, ayudas cuya trazabilidad resulta materialmente imposible seguir, que despiden un tufo insoportable a evasión de capitales, a robo a mano armada. Los españoles mueren en Adamuz y Urda mientras ellos se hacen ricos. El panorama de nuestra red de AV es dantesco. El 1 de febrero de este año escribí aquí que : «En abril de 2007, el ingeniero Manuel Melis, catedrático de Geotecnia en la ETS Caminos de La Coruña y de Ferrocarriles en la ETS Caminos de Madrid, toda una autoridad en ingeniería de proyectos, escribió un largo artículo en la Revista de Obras Públicas en el que diseccionaba la línea de AV Madrid-Barcelona. “Para que los trenes puedan circular a su Alta Velocidad de 350 km/h (y superior en los próximos años) no puede utilizarse la vía en balasto por los problemas del vuelo del balasto o schotterflug y el asiento de la traviesa. Debe utilizarse vía en placa, como el propio Ministerio ha reconocido”. El trabajo aludía in extenso a “los descensos y movimientos de los terraplenes y rellenos que llevan a una vía de muy mala calidad, lo que ha dado como resultado que el movimiento de los trenes en esa vía es hoy, a los 3 años de puesta en servicio, mucho mayor que el de la vía de Sevilla con 15 años de funcionamiento”». De modo que no es que Núñez Feijóo tenga razón cuando pide una auditoría integral de la red de AV española, es que habría que cerrar la línea Madrid-Barcelona para cambiar a vía en placa la actual de balasto y reforzar terraplenes, entre otras cosas, porque los españoles que la utilizan, entre ellos mis dos hijas semanalmente, se están jugando literalmente la vida.

Este país no puede seguir soportando un día más la presencia en el Gobierno de esta organización liberticida. Los derechos individuales a la seguridad (la vida), la libertad y la propiedad, el corazón mismo del sistema del Rule of Law desde Locke a esta parte, están hoy más en peligro que nunca en España. El 29 de noviembre hay que enviarles al paro y sentarles después en el banquillo. Y mantener los ojos bien abiertos hasta la noche de ese 29N, porque este bandolero no ha dicho su última palabra. Envalentonado por el éxito de otro corrupto de similar porte como Lula da Silva en Brasil, el sujeto había puesto en marcha una campaña electoral frívola, musiquita, bailecitos en el estrado con la camisetita roja ajustadita, todo muy guay, muy banal, muy estilo Lula, para hacer olvidar en el último suspiro los crímenes por él cometidos contra la nación de ciudadanos libres e iguales. No es ocioso recordar que esto no está ganado, y que si este tirano vocacional llegara a poder formar Gobierno otra vez, podríamos ir despidiéndonos de nuestras libertades. Brasil se parece cada día más a la Venezuela chavista (alguien ha dicho que Venezuela no es lo que pasa cuando el socialismo fracasa, sino cuando triunfa), con la oposición en la cárcel o en el exilio. Francia camina hacia el enfrentamiento civil tras la alianza entre la izquierda comunista de Mélenchon y el sarracinismo, y España estaría condenada al mismo trágico destino en caso de que el malhechor lograra repetir Gobierno. El 29 de noviembre los ciudadanos tienen la oportunidad de manifestar en las urnas lo que piensan de tanta iniquidad. Porque no es que los españoles se merezcan un Gobierno que no les mienta, es que se merecen un Gobierno que no les mate.

 
“ADIF ha recibido 2.909 millones de los fondos Next Generation y Adif Alta Velocidad otros 2.898: 5.807 millones en total. Con ese respaldo, el Ejecutivo invirtió en 2025 APENAS 435 millones al mantenimiento de la red de alta velocidad más extensa de Europa. Ese mismo año, España destinó MÁS de 4.550 millones a ayuda oficial al desarrollo, un 13 % más que en 2024. El corolario es trágico: Sánchez dedica DIEZ VECES más dinero a “ayuda al desarrollo” que a conservar las vías por las que circulan a diario cientos de miles de españoles. Cada martes, los Consejos de Ministros dedican cientos de millones, a veces miles de millones, a una variopinta lista de ONGs del más variado pelaje, todas con “perspectiva de género”, ayudas cuya trazabilidad resulta materialmente imposible seguir y que generan serias dudas sobre su gestión. Hay que exigir responsabilidades por ello.
 
Una de las primeras cosas que debería hacer el nuevo gobierno (si llega) es auditar todo el dinero destinado a esas ONGs y revisar los contratos y gastos hechos durante los últimos años.
Tienen que auditar todo. Si hace falta paralizar el país varios meses, se paraliza. Todo lo que sea bajar de ahí será volver a engañar. Que va a ser lo que va a pasar, por supuesto.
 

Los españoles se merecen un gobierno que no les mate ​


El socialismo regresó al poder con 192 perecid, y 22 años después se despide del poder con 115

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Jesús Cacho

Publicado:
01/11/2026 · 04:44 CET


Once de marzo de 2004. España sufre el mayor ataque extremista violento extremista violento de su historia. 192 personas mueren vilmente asesinadas y varios cientos resultan gravemente heridas. Una operación con el tufo a servicios secretos europeos y mano de obra ingenieros. En la jornada de reflexión previa a las generales del 14 de marzo, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), junto con la izquierda comunista, se lanza a la yugular de un tan soberbio como desbordado José María Aznar cercando las sedes del PP y provocando graves algaradas callejeras. El líder y portavoz entonces del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, pronunció el 13M aquella frase según la cual “los españoles se merecen un Gobierno que no les mienta”. La politización de la tragedia cumplió plenamente su objetivo: llevar a la presidencia del Gobierno a un político que no hubiera pasado de jefe de negociado en una oficina bancaria de provincias, alguien que se creyó ungido y urgido por la misión de lanzar al arroyo el más luminoso gesto de concordia que ha conocido la historia de España, el abrazo que tras la Guerra Civil se dieron vencedores y vencidos concretado en la Constitución del 78, una tarea que muy probablemente era lo que perseguían los autores intelectuales de la masacre. Tras el PSOE de Felipe González, a la palestra española volvió en 2004 el peor PSOE de siempre, el de la revolución de Asturias del 34 y el del comunista Largo Caballero en el 36. El socialismo regresó al poder con 192 perecid, y 22 años después se despide del poder con 115. Los españoles se merecen un Gobierno que no les mate.

Ahora, el epígono de Largo Caballero que nos preside pide que no se politice la tragedia ferroviaria de Urda. Sea. Lo que resulta imposible de despolitizar son sus ocho años de desgobierno, su voluntad de dañar la convivencia construyendo un muro capaz de dividir a los españoles en buenos y malos, su radical desprecio por las más elementales normas de la democracia, su decidida apuesta por la destrucción del orden constitucional para llevarnos a esa Confederación de Repúblicas Socialistas Ibéricas con lo peor que ha producido este país, y, en fin, su sectarismo y su abismal incompetencia, una incompetencia que le ha llevado a hacer a los españoles más pobres y a convertir una de las redes ferroviarias mejores del mundo en un desastre al que los ciudadanos intentan dar la espalda ante el riesgo cierto que supone poner pie en un tren de alta velocidad. Un tipo que se compró la presidencia del Gobierno pagando los 7 votos de Junts con la amnistía a los golpistas catalanes, que ha envilecido las instituciones, y que se ha corrompido hasta el tuétano, porque hoy nadie puede albergar duda, más allá del ejército de estómagos agradecidos que medran en su derredor, que desde junio de 2018 hemos estado gobernados por una organización incivil con vocación de permanencia en el poder dispuesta a hacerse inmensamente rica, una corrupción que hoy cerca al capo di tutti capi y con la que diariamente se mete en la cama.

Un tipo cuya norma sarracena está seguramente a la altura del derecho de admisión de las saunas gais con las que su suegro financió su carrera política. España se ha convertido en un Estado fallido. Nada funciona. Ni la sanidad, ni la educación, ni los transportes, ni las infraestructuras, ni la Guardia Civil (dirigida por paniaguados), ni el Ejército (descabezado y desmotivado). Un Gobierno de ineptos que diariamente luce con desparpajo su total incapacidad para gestionar la nevera de su casa. Su gran éxito, su siniestro éxito, ha consistido en poblar las instituciones de amigos y conmilitones, fieles gregarios dispuestos a seguir sus órdenes con fidelidad perruna. Todo lo ha ocupado con su ejército de fieles sirvientes: los organismos de regulación y control (CNMV, CNMC), el Tribunal de Cuentas, el Banco de España, el Constitucional… nada ha quedado fuera de su control. Todo lo ha fundido mediante una política de nombramientos que ha privilegiado a personajes de una segarro mediocridad, eliminando a técnicos y expertos y expulsando cualquier muestra de talento. Al frente de Renfe está Álvaro Fernández Heredia, un hombre a una nariz pegado, la de Óscar Puente. El citado dirigía la empresa municipal de autobuses de Valladolid cuando Puente se desempeñaba como regidor en la capital castellana. Ya ministro, lo nombró secretario general de Movilidad Sostenible en 2024, y en enero de 2025 lo colocó en la presidencia de Renfe, sin la menor idea de un sector crítico como el ferroviario. Las consecuencias de esta irresponsable purga están a la vista, yacen estos días en los cementerios: 115 perecid en dos tragedias ferroviarias en un solo año. “Es la concepción del poder que permitió la contratación de cortesana en empresas públicas sencillamente porque todo valía”, decía el editorial que este diario publicó el pasado jueves.

No había dinero para invertir en el mantenimiento de infraestructuras críticas pero sí lo había para disparar el gasto corriente con el que alimentar el voto cautivo. Jamás Gobierno alguno en la historia de la democracia ha dispuesto de tanto dinero, de tantos recursos para haber convertido España en el mejor y más seguro país de la Unión, digno émulo de ese Japón que en 62 años no ha registrado un solo accidente en su muy cualificada red de alta velocidad. “Yo quiero saber adónde han ido a parar los miles de millones que nos entregó la UE para arreglar la red ferroviaria”, escribía estos días Juan Manuel Jiménez en la red social X. “Y quiero saber a cuántas cortesana, amigas de Ábalos, ha enchufado el PSOE en Renfe y Adif. Y quiero saber a cuántas Miss Asturias ha colocado. Y quiero saber qué consecuencias se han sacado del accidente de Adamuz. Y quiero saber por qué Puente dedica más tiempo a tuitear en redes sociales que a arreglar los trenes…” Adif ha recibido 2.909 millones de los fondos Next Generation y Adif Alta Velocidad otros 2.898: 5.807 millones en total. Con ese respaldo, el Ejecutivo invirtió en 2025 apenas 435 millones al mantenimiento de la red de alta velocidad más extensa de Europa. Ese mismo año, España destinó más de 4.550 millones a ayuda oficial al desarrollo, un 13 % más que en 2024. El corolario es trágico: Sánchez dedica diez veces más dinero a “ayuda al desarrollo” que a conservar las vías por las que circulan a diario cientos de miles de españoles.

Cada martes, los Consejos de Ministros regalan cientos de millones, a veces miles de millones, a una variopinta lista de ONGs del más variado pelaje, todas con “perspectiva de género”, ayudas cuya trazabilidad resulta materialmente imposible seguir, que despiden un tufo insoportable a evasión de capitales, a robo a mano armada. Los españoles mueren en Adamuz y Urda mientras ellos se hacen ricos. El panorama de nuestra red de AV es dantesco. El 1 de febrero de este año escribí aquí que : «En abril de 2007, el ingeniero Manuel Melis, catedrático de Geotecnia en la ETS Caminos de La Coruña y de Ferrocarriles en la ETS Caminos de Madrid, toda una autoridad en ingeniería de proyectos, escribió un largo artículo en la Revista de Obras Públicas en el que diseccionaba la línea de AV Madrid-Barcelona. “Para que los trenes puedan circular a su Alta Velocidad de 350 km/h (y superior en los próximos años) no puede utilizarse la vía en balasto por los problemas del vuelo del balasto o schotterflug y el asiento de la traviesa. Debe utilizarse vía en placa, como el propio Ministerio ha reconocido”. El trabajo aludía in extenso a “los descensos y movimientos de los terraplenes y rellenos que llevan a una vía de muy mala calidad, lo que ha dado como resultado que el movimiento de los trenes en esa vía es hoy, a los 3 años de puesta en servicio, mucho mayor que el de la vía de Sevilla con 15 años de funcionamiento”». De modo que no es que Núñez Feijóo tenga razón cuando pide una auditoría integral de la red de AV española, es que habría que cerrar la línea Madrid-Barcelona para cambiar a vía en placa la actual de balasto y reforzar terraplenes, entre otras cosas, porque los españoles que la utilizan, entre ellos mis dos hijas semanalmente, se están jugando literalmente la vida.

Este país no puede seguir soportando un día más la presencia en el Gobierno de esta organización liberticida. Los derechos individuales a la seguridad (la vida), la libertad y la propiedad, el corazón mismo del sistema del Rule of Law desde Locke a esta parte, están hoy más en peligro que nunca en España. El 29 de noviembre hay que enviarles al paro y sentarles después en el banquillo. Y mantener los ojos bien abiertos hasta la noche de ese 29N, porque este bandolero no ha dicho su última palabra. Envalentonado por el éxito de otro corrupto de similar porte como Lula da Silva en Brasil, el sujeto había puesto en marcha una campaña electoral frívola, musiquita, bailecitos en el estrado con la camisetita roja ajustadita, todo muy guay, muy banal, muy estilo Lula, para hacer olvidar en el último suspiro los crímenes por él cometidos contra la nación de ciudadanos libres e iguales. No es ocioso recordar que esto no está ganado, y que si este tirano vocacional llegara a poder formar Gobierno otra vez, podríamos ir despidiéndonos de nuestras libertades. Brasil se parece cada día más a la Venezuela chavista (alguien ha dicho que Venezuela no es lo que pasa cuando el socialismo fracasa, sino cuando triunfa), con la oposición en la cárcel o en el exilio. Francia camina hacia el enfrentamiento civil tras la alianza entre la izquierda comunista de Mélenchon y el sarracinismo, y España estaría condenada al mismo trágico destino en caso de que el malhechor lograra repetir Gobierno. El 29 de noviembre los ciudadanos tienen la oportunidad de manifestar en las urnas lo que piensan de tanta iniquidad. Porque no es que los españoles se merezcan un Gobierno que no les mienta, es que se merecen un Gobierno que no les mate.

Pues con las encuestas de las elecciones, yo tengo mis dudas de que lo merezcan.

Se merecen lo que piden.
 

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