La hija de Iker Jiménez, de 14 años, dice que votará a VOX y el debate estalla
Una adolescente de 14 años no puede votar. Ni ella ni ninguno de sus amigos. Y sin embargo, el comentario de la hija de Iker Jiménez y Carmen Porter en un programa de televisión —que ella y la mayoría de la gente de su edad quieren votar a VOX y que Pedro Sánchez corta las redes sociales porque van contra él— ha bastado para reabrir una discusión que va mucho más allá de una menor: la de si el voto joven se está desplazando hacia la derecha radical y qué papel juega en ello la prohibición de las redes sociales a los menores de 16 años que se debate en España.
El asunto llegó al subforo de Economía con un mensaje que resumía la escena y añadía una predicción:
si no es en estas elecciones, en las siguientes, Abascal será presidente. A partir de ahí, 117 respuestas que mezclan el sarcasmo con el análisis electoral, la crítica al Gobierno con la desconfianza hacia el propio VOX y una pregunta incómoda: ¿de verdad los chavales de 14 años piensan así o es solo el eco de la mesa de sus padres?
Qué dijo exactamente la hija de Iker Jiménez
El material de partida es un tuit que reproduce una intervención en el programa
Horizonte. En ella, Alma, hija de Carmen Porter e Iker Jiménez, de 14 años, afirma que la prohibición de las redes sociales a los menores de 16 responde a que «van en contra» del presidente del Gobierno y que la mayoría de la gente de su edad quiere votar a VOX. Es una opinión de una menor, emitida en televisión, y conviene tratarla como lo que es: una declaración personal, no un dato demoscópico.
La reacción inmediata en el debate fue recordar lo obvio:
con 14 años no se vota. Varias respuestas incidieron en que la chica tendría que esperar hasta los 18 —y una de ellas calculó que, si no hay elecciones anticipadas, no podría depositar un voto hasta 2032—. Otra parte del debate, en cambio, consideró que el detalle de la edad es lo de menos: lo relevante es que una adolescente formule ese diagnóstico en prime time y que, según ella, sea la opinión mayoritaria de su entorno.
La prohibición de las redes a menores de 16 años, en el centro
El contexto que maneja el debate es la medida que restringe el acceso de los menores de 16 años a las redes sociales, un asunto que en el momento de la discusión estaba sobre la mesa. La interpretación que hace la hija del presentador —que la norma persigue a un electorado hostil— es suya, y así se recoge. Otras intervenciones van más allá y sostienen que la medida, se aplique o no, ya está haciendo daño electoral al Gobierno: hay quien afirma que en los institutos se ha convertido en el tema más comentado y que está poniendo al presidente «de vuelta y media» entre los adolescentes.
El contraargumento más repetido es el de la eficacia: una norma que no se va a aplicar con rigor no cambia nada, y si el objetivo era proteger a los menores, el resultado será un aumento de la desobediencia digital. La discusión derivó hacia un terreno más áspero —la verificación de edad en internet, la identificación obligatoria de los usuarios— donde las posiciones se cruzaron: hay quien defiende la medida como protección y quien la ve como una puerta abierta al control estatal, con el argumento de que el Estado castiga al que cumple y no al que delinque.
¿Es real el giro de los jóvenes hacia VOX?
Aquí el debate se parte en dos. Una corriente sostiene que el voto joven hacia VOX es lógico y no necesariamente racista: si un chaval ve que la delincuencia de determinados grupos queda impune y que solo un partido grande promete actuar, el voto se explica por sí solo. Es la tesis que aparece en varias respuestas, apoyada en la idea de que existe un problema real con la delincuencia y que las estadísticas lo respaldan. Otra corriente responde que VOX está lleno de «cuñados, personajes corruptos y listillos» y que votar a un partido por un solo tema es una forma pobre de decidir el futuro.
Hay una tercera vía, más incómoda para todos: la que sostiene que VOX funciona como válvula de escape del sistema. Según esta lectura, el partido recoge el descontento y lo conduce a vías muertas, igual que en su día hizo Podemos desde el otro lado. El resultado sería el mismo: que nada se salga del régimen y que todo siga igual. Es una tesis que aparece entre los mensajes más valorados y que conecta con la desconfianza hacia el propio mecanismo electoral.
El precedente de Podemos y el desencanto juvenil
La comparación con Podemos no es casual. Varias intervenciones recuerdan que aquel partido se aprovechó del desencanto juvenil del 15-M y del espíritu de cambiar el mundo para, una vez en el poder, vivir «como majarás» y aplicar políticas que, según esta lectura, benefician al vago y al delincuente a costa del trabajador. La conclusión que extraen es que el entusiasmo juvenil es un recurso que se agota y que los partidos que lo capturan acaban decepcionando.
La otra cara de esa desconfianza es la predicción demográfica: hay quien sostiene que VOX, dentro de diez años, será cosa de treintañeros y cuarentones comparado con lo que viene detrás, y que algunos se van a sorprender cuando vean a qué votan los jóvenes españoles que queden. Es una apuesta a futuro, no un dato, y así conviene leerla.
El voto migrante y el voto de los que no votan
Uno de los giros más curiosos del debate fue el que señaló que lo sorprendente no es que una adolescente de clase media vote a VOX, sino que lo hagan votantes de origen migrante. La afirmación apareció como contraste y no como dato verificado. En paralelo, otra línea de discusión apuntó a los millones de personas que se regularizarían y que, según esta tesis, ni siquiera meterían el sobre en la urna: «ya los pondrán ellos». Es una sospecha sobre el funcionamiento del sistema, no una prueba.
También apareció el argumento de que los hijos suelen votar distinto a sus padres, lo que rebajaría el valor predictivo del comentario de la adolescente. Y el recordatorio de que en Cataluña los jóvenes se inclinan por formaciones independentistas radicales, lo que sugiere que el fenómeno no es exclusivo de VOX sino de un desplazamiento juvenil hacia opciones de ruptura.
Lo que el debate deja sin cerrar
El asunto quedó donde empezó: con una menor diciendo en televisión a quién votaría si pudiera, con una norma sobre redes sociales sin aplicar del todo y con una predicción electoral —Abascal presidente— que nadie puede verificar. Lo único comprobable es que la conversación sobre el voto joven se ha instalado y que ya no se dirime solo en las encuestas. Se dirime en los institutos, en las mesas de televisión y en los comentarios de una adolescente que, hasta 2032, no podrá votar a nadie.