Ketty Garat salta de ABC a Cuatro y reabre el debate del programa
Ketty Garat, adjunta a la dirección de ABC, pasó por
Horizonte para elogiar sin regatear el «periodismo que se arriesga para contar la verdad» y decir que es un orgullo formar parte de él. La frase, en boca de una directiva de un diario de referencia, resume el giro de un programa que nació mirando al cielo y hoy mira a la actualidad política. El fondo del asunto no es la invitada: es el rumbo del formato que la sentó en su mesa.
Qué es Horizonte y por qué ha cambiado tanto
Horizonte es el programa de
Iker Jiménez en Cuatro, emitido a las 21:40 y con Carmen Porter como copresentadora. Lo que fue un espacio de misterio y fenómenos extraños se ha convertido en una tertulia de actualidad donde desfilan firmas de medios como ABC u
OkDiario. En la llamada Gran Noche compartieron plató, entre otros, Jorge Calabrés, Eduardo Inda, Miquel Giménez y el General Dávila. De la nave del misterio a la mesa camilla.
El diagnóstico de su propia audiencia: menos rigor, más broma
Buena parte del público más fiel ha levantado la mano. Se critica que el tono ha derivado en risas, bromas y chistes fáciles, con contertulios que parecen estar
al fresco y no en un plató. El diagnóstico más repetido: el único que mantiene la seriedad es el colaborador Olmo. También se ha leído como síntoma la relegación de la colaboradora Bea Talegón a tareas de redacción. El malestar no viene de fuera: viene de quien lo veía a diario.
El escote como reclamo de audiencia
Una parte de la atención que recibe el formato no va de política. Va de la imagen de sus invitadas, de su presencia física en pantalla. Es un viejo motor de audiencia en televisión —el
reclamo visual— y no aporta un solo dato al fondo del asunto. Que un espacio que presume de persistencia informativa dependa de eso dice bastante de hacia dónde sopla.
¿Hacia dónde va Horizonte si gobiernan PP y VOX?
En el escenario que ya se comenta, un cambio de Gobierno desplazaría al programa hacia
ovnis, crímenes y guerras exteriores, y hacia las conspiraciones geopolíticas: el terreno que siempre le dio audiencia y que no pisa la trinchera doméstica. No hay certeza de nada. Pero la hipótesis encaja con la deriva que ya se discute dentro y fuera del plató. Con la parrilla en movimiento, quedan dos salidas: recuperar el rigor que parte de su público le reclama o subir la temperatura. Una predicción con reservas: la segunda sale más barata y da más titulares.