Macron pide no temer a Rusia y el cálculo no cuadra
El presidente francés sostiene que Rusia es «una potencia mediana» y que
Europa no debe temerla. La afirmación ha caído como un jarro de agua fría entre quienes llevan dos años siguiendo el frente ucraniano. Porque el problema no es la etiqueta. El problema es que la etiqueta no explica por qué Francia necesita aumentar el gasto militar, ni por qué la OTAN sigue sin dar la cara directamente, ni por qué Moscú sigue avanzando a pocos kilómetros de su propia frontera dos años después de invadir.
La tesis de Macron, tal como se ha discutido, tiene tres patas: Rusia no es una superpotencia, su ejército es limitado y su economía no aguanta una guerra larga. Las tres se caen si se miran con los datos que maneja cualquiera que siga el conflicto.
Rusia produce en un mes los tanques que la OTAN puede entregar juntos, según un cálculo que circula entre los participantes del debate. Y eso sin contar con Corea del Norte, Irán o China en la ecuación industrial.
¿Cuántos soldados aguantan dos años de trincheras y drones?
El primer problema es humano.
Dos mil o veinte mil soldados le duran a Rusia menos que nada, plantea uno de los análisis más repetidos en el hilo. La pregunta que nadie responde con claridad es dónde colocar la aviación de apoyo sin que la derriben, dónde los carros de combate, dónde los polvorines. En primera línea, esos soldados no duran ni dos meses sin ser diezmados por cientos de drones, como ya ocurre en el frente ucraniano.
La comparación con Afganistán se ha usado en ambos sentidos.
Estados Unidos perdió 2.465 soldados en 20 años, una media de 123 al año, según los datos que se manejan en el debate. Rusia, en cambio, tiene más muertos cada semana en Ucrania que los estadounidenses en dos décadas, según esa misma comparación. La campaña soviética en Afganistán dejó más de 15.000 muertos y duró menos de la mitad. La diferencia es que los muyahidines tenían misiles Stinger y asesores estadounidenses; los talibanes, en cambio, no tenían defensa antiaérea frente al poderío aéreo occidental. Eso cambia por completo la lectura de las cifras.
¿Por qué la OTAN no da la cara si Rusia es tan débil?
Aquí está la contradicción que más se ha señalado. Si Rusia es una potencia mediana, ¿por qué Europa se arma hasta los dientes? ¿Por qué Macron habla de amenaza para Francia y para el continente?
La OTAN no da la cara y van en manada, resume una de las posturas más repetidas. Si el enemigo es mediano, la respuesta proporcionada no debería ser una movilización industrial y un aumento del gasto militar que se cuenta por cientos de miles de millones.
Hay quien sostiene que el verdadero poder ruso no está en el ejército, sino en las materias primas y la producción agrícola.
El chantaje energético y alimentario es lo que acojona, no los carros de combate, según esa lectura. Y ahí la anexión de Ucrania tendría sentido: aumentar la capacidad de presionar al resto del mundo. Es una lectura económica, no militar, y encaja mejor con los hechos que la etiqueta de «potencia mediana».
El frente africano: donde Francia sí pierde
Mientras Macron habla de Ucrania, Francia pierde posiciones en África.
Mali, Burkina Faso y Níger han echado a los franceses, y Rusia ocupa ese espacio, según se ha señalado en el debate. Es el punto donde la retórica de la potencia mediana se vuelve incómoda: si Rusia es tan mediana, ¿por qué está ganando influencia en el patio trasero francés?
La lectura geopolítica que circula es que Macron actúa por instrucciones ajenas.
Es una marioneta como cualquier otro dirigente europeo, sostiene una parte del análisis. Le habrían elegido por tres razones: es uno de los dirigentes más previsibles, Francia está dolida por lo de África y su ejército es lo bastante importante para liderar el envío. La OTAN estaría tanteando la reacción rusa y preparando el escenario del agotamiento ucraniano.
La sombra nuclear y el riesgo de escalada
El argumento que descoloca a los partidarios de la línea dura es el nuclear.
Rusia tiene una potencia nuclear mayor que la de cualquier otro país, según se sostiene en el hilo. Si se usan bases de la OTAN para atacar territorio ruso, Moscú se verá en la obligación de responder. Y aquí entra el escenario que nadie quiere nombrar: un pacto entre Washington y Moscú para no tocarse, con Europa como campo de batalla. Es la misma película de siempre, pero con misiles hipersónicos.
La comparación con Irak en 1991 no sirve. Entonces la URSS se puso del lado de Estados Unidos y la superioridad tecnológica era aplastante. Hoy unos pastores de Yemen mantienen en jaque la navegación por el Mar Rojo, según se ha apuntado. El tablero ha cambiado y las etiquetas de potencia mediana o grande ya no describen nada útil.
El análisis se atasca exactamente aquí: si Rusia es mediana, Europa no necesita armarse; si Europa se arma, Rusia no es mediana. Alguien miente, y no parece que sea el que tiene los tanques en el frente.