Bajmut cayó, pero la batalla se pelea ahora en los flancos
El casco urbano de Bajmut pasó a manos rusas y la ciudad se dio por tomada. Aun así, en esos mismos días de mayo de 2023 media batalla seguía pendiente en un terreno que no sale en los titulares: los flancos. Allí, en las alturas que dominan los accesos, se decide si la conquista de unas ruinas sirve para algo o si la posición queda colgada de un hilo. La discusión se reabrió con cada kilómetro ganado en los hombros norte y sur del eje Bajmut-Soledar.
Por qué tomar el casco urbano no cierra la batalla
El argumento, según quienes siguen la batalla al detalle, es topográfico y no admite muchas vueltas. Quien controla las cotas altas de los flancos domina con fuego las carreteras que alimentan a quien está dentro, y Bajmut, convertida en un campo de escombros, no se sostiene cuando las vías de entrada quedan batidas. De ahí la insistencia en que el porcentaje de ciudad ocupada —
el 100%, el 99% o el 95%— es un dato casi cosmético mientras los costados no estén asegurados. La batalla, se repite, dejó de ser casa por casa como en los nueve o diez meses anteriores y pasó a ser una pelea por posiciones dominantes.
Si esas alturas cayeran en manos ucranianas, todo el eje
Bajmut-Soledar quedaría comprometido y las líneas podrían volver a una geometría parecida a la de principios de 2022. Nadie firma que ese escenario vaya a producirse, y ahí está buena parte del asunto: lo que se discute no es una certeza, es una hipótesis condicionada por lo que ocurra en dos o tres cerros.
Los flancos: 1.500 metros en tres días
Los datos que se fueron acumulando apuntan a avances concretos. Fuerzas ucranianas
avanzaron hasta 1.500 metros en dirección a Berkhivka y expulsaron al enemigo del canal al oeste de Andriivka, según los partes que recoge la cartografía abierta ucraniana. En el sur, la 3.ª Brigada de Choque, de origen azov, se anotó más de un kilómetro en 24 horas a lo largo de una línea de casi dos.
El contraste temporal es el que más se subrayó: terreno que, según uno de los cálculos que circulan, costó
tres meses de asaltos frontales se recuperó en tres días de maniobra. También hubo un episodio incómodo, porque una tanda de prisioneros presentada como rusa resultó ser ucraniana y la confusión se explicó con un detalle poco habitual: ambos bandos operan con uniformes indistinguibles en el mismo barrizal.
¿Por qué Rusia no pudo rodear Bajmut?
La explicación más repetida es material, no de voluntad. La guerra de maniobras exige unidades mecanizadas, blindados y un mando flexible que encadene operaciones; el asedio se resolvió con oleadas frontales durante meses, un formato que consume infantería y no produce cercos. Los precedentes que se citan para ilustrar el desgaste son
Kherson, Kupyansk, Lyman e Izium, plazas perdidas en una sola temporada tras haber sido dadas por seguras.
De fondo late una pregunta incómoda: una fuerza que no logró envolver una ciudad tampoco tiene garantizado sostener el terreno que la rodea cuando el adversario cambia de método. Los carros y blindados quemados que se cuentan por decenas en los accesos a Chasiv Yar son la letra pequeña de ese problema.
La guerra dentro de la guerra: Wagner y Prigozhin
En paralelo, el jefe de Wagner libró su propia campaña.
La ocurrencia de proponer el envío de dos antiguos reclusos a Belgorod para «estabilizar la situación» y evitar una escalada funcionó como lo que era: un mensaje de fuerza hacia dentro, con el que se viene a decir que su ejército de convictos rinde más que la propia cúpula militar rusa. A eso se suman sus declaraciones sobre el plazo de la ciudad —mes y medio, dijo— y la especulación sobre una salida de sus unidades el 25 de mayo, dejando los flancos a quien los estaba cediendo.
Nada de esto es folclore. Cuando el peso de una ofensiva recae en una estructura privada que recluta presos, la disputa por el relato pesa tanto como la artillería, y el desgaste se mide también en quién queda retratado como responsable.
Chasiv Yar: el flanco norte cambia de signo
El cuadro no fue de un solo color. Las fuerzas rusas llegaron a las puertas de
Chasiv Yar y lanzaron asaltos frontales con blindados que dejaron vehículos ardiendo en el intento, mientras en el sector de Kreminna cedían algunas posiciones. Las ganancias ucranianas en los costados, que durante unos días parecieron imparables, empezaron a desdibujarse con la presión sobre Klishchiyivka y Andriivka, las dos localidades que sostienen el flanco sur.
Con el norte bajo amenaza y el sur pendiente de esas dos plazas, el balance quedó abierto. Hay quien sostiene que la ofensiva en los flancos está prácticamente fracasada; enfrente pesa el argumento de que mientras no se desaloje al adversario de las cotas ganadas, el control del casco urbano no compra tranquilidad ninguna. La localidad tomada y la batalla ganada, en este tipo de guerra, hace tiempo que dejaron de ser la misma cosa.
¿Se puede dar por ganada una ciudad sin los cerros que la vigilan?