Brasil deja de exigir español en secundaria tras la ofensiva francesa
El español deja de ser asignatura obligatoria en la Nueva Escuela Secundaria de Brasil. La decisión, aprobada en el Congreso Nacional y pendiente de firma presidencial, llega después de una ofensiva diplomática de la embajada de
Francia en Brasilia, respaldada por las misiones de Italia y Alemania. El dato lo confirmaron a CNN las propias legaciones implicadas, según recoge el material que ha circulado estos días. La noticia ha caído como un jarro de agua fría entre quienes veían en el idioma compartido un activo económico y geopolítico de primer orden.
Qué ha pasado y quién lo ha movido
El proyecto de ley suprime la obligatoriedad del español en el currículo de secundaria. Detrás, según las embajadas citadas, hay un trabajo coordinado de
Francia, Italia y Alemania en el Congreso brasileño. No es una operación improvisada: París lleva años financiando la promoción del francés en el continente americano, y la pujanza demográfica de sus antiguas colonias africanas le da munición para reclamar el segundo puesto lingüístico global.
La paradoja es evidente. Brasil es una isla lingüística rodeada de países hispanohablantes. Un estudiante de São Paulo tiene más probabilidades de hacer negocios con un argentino o un chileno que con un quebequés. Los propios críticos de la medida lo resumen con sorna:
qué mierda va a hacer un brasileño con el francés.
El cálculo económico que nadie discute en público
El argumento que más peso tiene en el terreno práctico es el laboral. La aplastante mayoría de estudiantes brasileños seguiría escogiendo el español por facilidad de aprendizaje, utilidad y cercanía geográfica. El portugués y el español comparten estructura hasta el punto de que, según se sostiene en los análisis más repetidos,
del español al portugués se pasa en quince días de hacer oído. Ninguna otra lengua ofrece ese rendimiento.
El francés, en cambio, exige años de estudio para un retorno comercial limitado en el hemisferio. Alemania juega otra carta: la esperanza de que algún estado brasileño con fuerte presencia de inmigración alemana acabe reconociendo su idioma. Es una apuesta de largo plazo con poco recorrido inmediato.
La geopolítica del idioma: quién gana y quién pierde
La maniobra francesa se lee en clave de competencia por la influencia cultural en América Latina. París nunca ha digerido que su idioma quedara relegado mientras el español se expandía por veinte países. La
francofonía se ha replegado a África, donde su presencia es administrativa más que real: a nivel práctico se hablan idiomas locales y mezclas para la comunicación intergrupal.
Hay quien sostiene que el francés será residual en cien años, superado por lenguas africanas o por el árabe. En paralelo, el inglés se consolida como la única asignatura verdaderamente obligatoria. El resultado es un tablero donde el español pierde terreno institucional mientras gana hablantes por pura demografía.
El trasfondo español: sospechas y viejas cuentas
La noticia ha reabierto en España el debate sobre quién es realmente aliado. Francia no ha sido nunca una gran amiga, se repite. La ofensiva contra el español en Brasil se interpreta como un movimiento más de una política gabacha que actúa con líneas directrices independientes, al contrario que una España que, según esta lectura, va a remolque de los intereses ajenos.
En el trasfondo aparecen también Estados Unidos y su histórico apoyo a Marruecos en el Sáhara, o la colaboración con el sultán desde el tratado de amistad de 1783. La pregunta de fondo es incómoda: si los amigos actúan así, qué queda para los enemigos.
Qué se juega Brasil (y qué se juega España)
Brasil no pierde el español de un día para otro. Pierde su carácter obligatorio, que es distinto: lo convierte en optativo y lo deja expuesto a la competencia presupuestaria de cada centro. Para España, el golpe es simbólico y comercial. El idioma ha sido durante décadas la principal herramienta de influencia en la región, y verlo degradado en el mayor país de Sudamérica no es una buena noticia para nadie que venda en portugués.
La firma presidencial está pendiente. Con los datos disponibles, no hay fecha. Tampoco hay indicios de marcha atrás. La ofensiva diplomática francesa ha ganado esta batalla en el Congreso; la guerra por el segundo idioma en Brasil, como se apunta desde varios frentes, es otra cosa.