El Bierzo: cuando la España rural se desangra a tiros
Un suceso violento en la comarca de El Bierzo ha reabierto la caja de los truenos sobre la España rural. Los vídeos que circulan por redes sociales muestran una escena que muchos han calificado de dantesca:
gente con bastones al lado de un finado, un herido por arma casera y una Guardia Civil que, según los testimonios, llega al lugar sin saber muy bien qué hacer. El debate sobre la seguridad en los pueblos, el aislamiento de las fuerzas del orden y la idiosincrasia de una España que se resiste a morir ha estallado con fuerza.
El suceso: armas caseras y una reacción tardía
Los hechos, tal como se describen en los vídeos y testimonios, son confusos. Se habla de un
arma casera y de una mano ensangrentada por su uso. Un participante con conocimiento directo de la zona, de Bembibre y alrededores, describe un pueblo de
naturaleza bastante desequilibrada donde las peleas y reyertas no son infrecuentes. Menciona que años atrás también mataron a un taxista con extrema violencia y que este tipo de sucesos, sin ser muy frecuentes, tampoco son aislados en todo El Bierzo. La llegada de la Guardia Civil, según varios mensajes, fue tardía y confusa, lo que ha alimentado las críticas hacia la labor de las fuerzas de seguridad en el medio rural.
La España vaciada y sus demonios
El suceso ha servido para que muchos proyecten sus fantasmas sobre la España rural. Se evoca
La España infinita, los
garrotazos de Goya y el fantasma de Puerto Hurraco, el pueblo de Badajoz donde en 1990 una familia mató a nueve personas por una venganza de tierras. La comparación no es casual: hay quien sostiene que estos crímenes son
patrimonio cultural en vías de extinción, una muestra de una España profunda que se resiste a desaparecer. Frente a esta visión, otros defienden que la vida en la aldea es más segura que en la ciudad, que allí se pueden dejar las puertas abiertas sin temor a robos, y que la inseguridad es un fenómeno urbano.
¿Es la violencia un rasgo de la España rural?
La discusión deriva hacia terrenos más pantanosos. Un mensaje sostiene que España es la
tierra de Caín, donde la envidia y el odio son rasgos de personalidad, y donde los odios de familia y las disputas vecinales han sido históricos. Se citan
tres y cuatro mil muertos por crímenes hace un siglo, sobre todo en zonas rurales por venganzas, litigios, tierras y herencias. La sociedad de consumo, se argumenta, ha anestesiado a los españoles para que no se maten. Otros, en cambio, rechazan esta visión esencialista y la atribuyen a un prejuicio urbano sobre el mundo rural.
El factor portugués: ¿violencia importada?
Un giro inesperado del debate ha sido la mención a la población portuguesa en la zona. Un participante de Bembibre explica que siempre ha existido una masificación de portugueses y caboverdianos que acudían a trabajar a las minas, y que algunos de ellos eran retornados de la guerra de Angola. Se argumenta que esta mezcla ha contribuido a la
naturaleza desequilibrada del pueblo. Otros mensajes generalizan sobre los portugueses, pero también hay quien matiza que son gente tranquila y que no se debe provocar. La discusión, en cualquier caso, roza peligrosamente el prejuicio nacional, y conviene recordar que la violencia no entiende de fronteras.
La Guardia Civil y el abandono del medio rural
Uno de los puntos de mayor consenso es la crítica a la respuesta institucional. Se describe a la Guardia Civil llegando al lugar
sin saber qué hacer, y se contrasta con la actuación de dos policías jubilados que, según se afirma, hicieron más que la propia Benemérita. La falta de medios y la lentitud en la reacción en zonas despobladas es un problema estructural que este suceso ha vuelto a poner sobre la mesa. La España rural, con su dispersión geográfica y su envejecimiento, presenta un desafío para las fuerzas de seguridad que no parece resuelto.
El morbo y la banalización de la tragedia
No todo es análisis. Una parte del debate ha derivado hacia el morbo y la banalización. Se hacen bromas sobre los
Puerto Hurraco Boys, se pide prohibir las pistolas caseras y a los portugueses, y se frivoliza con la muerte. Otros mensajes, en cambio, llaman a la reflexión y critican la falta de respeto hacia las víctimas. La línea entre el humor negro y la falta de empatía es fina, y en un suceso con muertos y heridos, conviene no cruzarla.
El contexto económico: la España que se vacía
Detrás de todo late un problema económico y demográfico. La España rural se vacía, los servicios públicos se desmantelan y las oportunidades desaparecen. Bembibre, como tantos otros municipios, ha visto cómo su población envejecía y cómo los jóvenes se marchaban a las ciudades. La mina, antaño motor económico, ha perdido peso. Ese cóctel de despoblación, falta de perspectivas y aislamiento es caldo de cultivo para tensiones sociales que, en ocasiones, estallan de forma violenta. No es una excusa, pero sí un factor que no debería ignorarse.
¿Es este suceso un caso aislado o un síntoma de algo más profundo? La respuesta no es sencilla. Lo que está claro es que la España rural existe, con sus luces y sus sombras, y que ignorarla no la hará desaparecer.