Extremadura pide contratar migrantes con 5.415 parados del campo
¿Cómo se explica que una región con 5.415 personas en paro atribuidas al sector agrario pida traer trabajadores de fuera para recoger la cosecha? La Unión de Extremadura, organización agraria, ha solicitado una reunión urgente con la Junta para organizar la contratación de inmigrantes sudamericanos ante la escasez de mano de obra. El dato, publicado por
agroinformacion.com, deja una imagen incómoda: paro registrado en el campo y demanda de brazos extranjeros en la misma comunidad.
La explicación oficial es la falta de temporeros. La explicación oficiosa que recorre cualquier conversación sobre el asunto es otra:
las condiciones. Jornales que, según los propios testimonios, apenas cubren comer y dormir, y una estacionalidad que deja al trabajador tres meses cobrando y nueve mirando el techo.
Cuánto se paga por un jornal en el campo extremeño
El cálculo más repetido en la conversación parte de una comparación generacional. Un antiguo recolector recuerda que hace 35 años, cuando estudiaba la carrera, le pagaban
5.000 pesetas por jornada de ocho horas —unos 30 euros— y las cuadrillas se llenaban de estudiantes. Hoy, sostiene, se paga a los inmigrantes
40 euros el jornal. Tres décadas y media después, diez euros más.
La cifra gruesa esconde el detalle que desmonta el relato. Hay quien apunta a
ocho euros brutos la hora en la vendimia, y quien recuerda que el convenio se queda en 8,67 brutos. Sobre el papel suena aceptable. Restando alojamiento y comida, el saldo se acerca a cero. Un participante lo resume con crudeza: dos menús del día más la gasolina cuestan más que el sueldo del propio día. Es decir, pagar por trabajar.
La peonada, el subsidio y el incentivo perverso
Aquí entra el mecanismo que nadie quiere mirar de frente. El subsidio agrario exige un número mínimo de peonadas para cobrarse, y ese umbral se ha rebajado. El efecto es conocido: quien necesita las peonadas para cobrar la ayuda tiene un incentivo para trabajar, pero también para que el trabajo se reparta entre conocidos y parientes del propietario antes que entre desconocidos.
Hay quien relata haber pedido trabajo en el campo y encontrarse con que la cuadrilla «ya estaba hecha», con los allegados del dueño cubriendo las peonadas y con trabajadores extranjeros a los que, según su versión, no se les pedía ni el nombre mientras a él le exigían certificado de penales. La anécdota no es un dato, pero describe un mercado laboral opaco donde la intermediación manda más que la oferta pública de empleo.
Mecanizar o traer gente: el dilema que la patronal evita
La alternativa técnica existe y ya se ha aplicado. Se recuerda que la alfalfa del Guadiana se mecanizó con cosechadoras, y que el mismo camino es viable en otras recolecciones. El argumento es simple: si el coste de la mano de obra hace inviable la explotación, se mecaniza o se ajusta el tamaño de la finca. Lo que no se sostiene es un modelo que necesita brazos baratos para cuadrar los números doce meses al año.
Frente a eso, la patronal agraria plantea contratos en origen: traer trabajadores por temporada, con condiciones conocidas de antemano y retorno al país cuando acaba la campaña. El precedente que se cita son las temporeras que llevan más de quince años viniendo a la fresa de Huelva, campaña tras campaña. El modelo funciona cuando el contrato es claro y falla cuando se convierte en una puerta de entrada sin retorno.
Quién acaba pagando la factura
El debate deriva hacia el coste público. Se sostiene que muchos temporeros, acabada la campaña, se quedan y pasan a engrosar las listas de ayudas, generando un saldo neto negativo para las cuentas públicas. Otros replican que el problema no es la nacionalidad del trabajador sino la precariedad del empleo, y que el mismo argumento se usó con los camioneros: se decía que faltaban conductores cuando lo que faltaba era gente dispuesta a pasar veinte días al mes fuera de casa por 1.200 euros.
La conclusión incómoda es que el mercado laboral agrario no tiene un problema de oferta de personas. Tiene un problema de precio. Mientras el jornal no cubra el coste de presentarse a trabajar, ningún contrato en origen va a resolver lo que la nómina no arregla.