El 'currante nato' de UGT que nunca volvió a la fábrica
A los 70 años, el secretario general de UGT, Pepe Álvarez, ha reivindicado su condición de 'currante nato'. La frase, pronunciada en un contexto de precariedad y pensiones menguantes, ha generado una oleada de reacciones. Los críticos recuerdan que su trayectoria arrancó en una fábrica, pero que a los pocos meses ya se había convertido en liberado sindical. La contradicción entre el relato y la biografía es demasiado evidente.
El hito biográfico que desmonta el relato
Álvarez comenzó a trabajar en 1975, con 19 años, en La Maquinista Terrestre y Marítima de Barcelona. Ese mismo año se afilió a UGT. Al año siguiente, en 1976, ya era secretario de Acción Sindical. Es decir, apenas un año en la cadena antes de pasar a dedicarse por completo a la representación sindical. Para sus críticos, eso no es ser un currante, sino un profesional del sindicalismo que ha vivido de las cuotas y de los liberados. La reacción irónica no se ha hecho esperar: desde las alusiones a su afición por las mesas bien servidas hasta el recuerdo de que nunca más volvió al taller.
El 30% de caída salarial que los sindicatos no explican
En el debate que ha seguido a sus declaraciones, hay un dato que se repite: la pérdida de poder adquisitivo en la última década. Los ajustes salariales en convenio, la devaluación interna y la reforma laboral han dejado los sueldos un 30% más bajos en términos reales, según la crítica. Los sindicatos mayoritarios, con UGT a la cabeza, no han logrado revertir esa tendencia. Y el líder del segundo sindicato del país, a sus 70 años, asegura que él sigue siendo de los que se manchan las manos.
Jubilación y relevo generacional: la pregunta incómoda
Mientras Álvarez se ve con fuerzas para seguir, los trabajadores que empiezan ahora tienen ante sí una jubilación a los 67 años o más, con pensiones que no garantizan el nivel de vida. La pregunta que muchos se hacen es si quien ha pasado medio siglo como liberado sindical puede comprender la realidad de quien trabaja en una plataforma logística o en la hostelería. El propio debate sobre su frase muestra un hartazgo creciente hacia una cúpula sindical percibida como alejada de las bases.
La próxima vez que un dirigente sindical se autodefina como currante, habría que pedirle el historial de cotización. Por ahora, la contradicción entre el discurso y la biografía sigue sin explicarse. ¿Puede alguien que apenas conoció la cadena de montaje hablar en nombre de quienes la sufren cada día? La respuesta, para muchos, es un rotundo no.