5.000 euros diarios en la UCI de Tailandia y 250.000 por repatriarla
Un viaje a Tailandia puede costar menos que una semana de UCI en Tailandia. La familia de Ángela Agudo, una joven valenciana de 24 años que permanece en coma inducido desde el 6 de octubre tras un accidente de moto, pide ayuda para pagar los gastos médicos y traerla de vuelta a España. La cifra es aterradora:
5.000 euros diarios de hospitalización y unos
250.000 euros por el avión medicalizado que la repatriaría. Con el seguro de viaje agotándose, su hermano Diego ha abierto una cuenta solidaria para reunir el dinero.
La pareja, que viajaba con su novio, Luis, regresaba de una cena hacia el hotel cuando una tromba de agua les sorprendió y les hizo perder el control de la motocicleta. La joven fue trasladada en lancha al Hospital General de Ko Samui con un
traumatismo craneoencefálico grave; su novio, también herido, fue a pedir ayuda al complejo donde se alojaban. Desde entonces, ella sigue en estado crítico.
¿Quién paga la repatriación de un español accidentado en el extranjero?
En este caso, el coste recae en el seguro de viaje y, cuando este se agota, en la familia o en la caridad privada. El caso ha sacado a relucir un precedente que se recuerda en el hilo: cuando un turista vasco llevaba un mes en la UCI de un hospital tailandés, el Gobierno fletó un
avión militar para traerlo, una operación que se atribuye a la entonces responsable de Defensa, Margarita Robles, con la frase «el Ejército del Aire no deja a ningún español atrás». La comparación entre ambos episodios es el eje de buena parte del malestar.
La diferencia no es menor. Un traslado medicalizado privado, con soporte vital y equipo médico a bordo, se mueve en el entorno de los 250.000 euros. Ese doble rasero, se argumenta, deja la protección del Estado en manos de la casualidad: depende del caso, del momento y del ruido mediático que genere.
Qué cubre realmente un seguro de viaje
La factura diaria y el coste del traslado chocan con la letra pequeña de las pólizas. Un seguro de viaje de 150 euros puede cubrir hasta 500.000 euros de hospitalización e incluir la repatriación, según un cálculo que circula en torno a este asunto. Pero la misma discusión recuerda que la mayoría de las pólizas excluyen las actividades consideradas de riesgo —y conducir una moto en el extranjero lo es—, además de que muchos desplazamientos se contratan con prisas y sin leer los condicionados. El resultado es una cobertura que se queda corta justo cuando hace falta.
Hay un matiz que suele pasarse por alto: el seguro de viaje es un producto con límites y supuestos excluidos que rara vez se revisan antes de subir a una moto alquilada. Cuando el siniestro es grave y se prolonga en el tiempo, el margen se agota.
Conducir una moto en Tailandia: por qué el extranjero paga siempre
Quien conoce el país lo advierte con insistencia. En Tailandia las motos no cuentan con seguro y, en caso de choque, el conductor del coche aparece como responsable frente al motorista, según coinciden varios relatos de personas que han circulado allí. A eso se suma una conducción con reglas propias y tormentas súbitas que convierten la calzada en una trampa.
La recomendación que repiten quienes lo han vivido es bajar la velocidad hasta lo ridículo y ceder siempre la prioridad al otro. Los motoristas veteranos señalan que la peligrosidad no está tanto en la moto como en el entorno y en el modo de conducir, con una preferencia que se negocia a cada metro. En un país donde el turista es, casi por definición, el que paga, un accidente deja de ser un mal día y se convierte en una factura.
Donaciones privadas o dinero público: el agravio que se repite
El caso ha reabierto el debate sobre quién debe costear estas situaciones. Una parte del análisis sostiene que recurrir a donaciones particulares es la vía correcta: la familia no pide recursos públicos, sino ayuda solidaria, y eso marca la diferencia con rescates pagados con impuestos. Enfrente pesa otro argumento: si el Estado moviliza aviones militares para unos y deja a otros atados a la buena voluntad de los donantes, el criterio deja de ser la nacionalidad y pasa a ser la capacidad de movilizar una campaña.
De fondo asoma una discusión más amplia sobre el gasto público y las prioridades: qué se cubre dentro y qué se cubre fuera, quién entra en el sistema y quién queda expuesto a pagar de su bolsillo. No es una polémica nueva, pero cada caso la reaviva.
Lo que queda por resolver
Mientras, la joven sigue en la UCI, la familia sigue sumando donaciones y el reloj corre a 5.000 euros al día. En el debate conviven la solidaridad con quienes creen que debe volver a casa y el rechazo a que los contribuyentes paguen lo que consideran una imprudencia. La duda es si ese regreso dependerá del eco que despierte en las redes o de un sistema que aún no ha decidido a quién protege. ¿Quién debería pagar el próximo caso?