El bolso de 32.000€ de la mujer de Sinwar y los millones del túnel
La imagen de la esposa de Yahya Sinwar con un bolso de lujo valorado en 32.000 euros, junto a los fajos de billetes y shekels hallados en un túnel de Gaza, ha reabierto una pregunta incómoda: ¿a dónde va el dinero que la comunidad internacional envía a la Franja? Los datos disponibles apuntan a un patrimonio personal del líder de Hamás estimado en 3.000 millones de dólares, según recoge The Jerusalem Post en el material citado. La discusión no es nueva, pero el hallazgo le ha dado una imagen concreta.
¿Qué se encontró en el túnel de Sinwar?
Las imágenes difundidas muestran una caja fuerte con fajos de billetes y shekels en el interior de un túnel. Según el relato que circula, esas grabaciones proceden de las propias cámaras de seguridad instaladas por Hamás en la red subterránea, no de una filtración externa. Ese detalle es el que ha convertido el hallazgo en un problema de credibilidad para quienes niegan cualquier desvío de fondos.
Hay quien sostiene que el bolso es una falsificación comprada en un zoco y que la cifra de 32.000 euros es una exageración. Otros responden que, auténtico o no, el bolso es lo de menos: lo relevante son los fajos de billetes y la estimación patrimonial que manejan medios israelíes. La discusión sobre el accesorio ha servido, paradójicamente, para desviar la atención del dato económico.
El patrimonio de los líderes de Hamás
La cifra que más ha circulado es la de 3.000 millones de dólares como patrimonio neto estimado de Sinwar, según The Jerusalem Post. A ella se suman las estimaciones sobre otros dirigentes del movimiento: se habla de 4.000 millones para el responsable de la diáspora palestina, con una mansión de 800 metros cuadrados en Qatar, gimnasio y sala de ping-pong. Son datos que aparecen en el material y que dibujan un patrón: los dirigentes viven fuera de Gaza, en hoteles de cinco estrellas, mientras la población de la Franja depende de la ayuda humanitaria.
El cálculo que manejan algunos análisis es que, con el volumen de fondos que han llegado a Palestina durante décadas desde la ONU, Estados Unidos, la UE y Japón, la población podría vivir casi como un país de primer mundo. La pregunta es por qué no ocurre. La respuesta que se repite es que una parte muy significativa de esos fondos se queda en el camino, canalizada por las propias estructuras de poder.
¿Por qué se quedó Sinwar en Gaza?
La lógica de la huida tiene su propia explicación. Si el líder máximo de Hamás en Gaza se marcha a Qatar al empezar la guerra, el chiringuito se desmonta. Necesitaba quedarse para mantener la estructura. Lo que no previó, según los análisis que circulan, es que Israel sellaría el sur de la Franja por Rafah, cortando la salida hacia Egipto. Cuando Netanyahu avisó de que iba a por Rafah, se montó el revuelo internacional y las presiones para un alto el fuego, pero la operación siguió adelante.
El corredor Filadelfia, conocido como corredor Saladino en la parte palestina, está sujeto a los Acuerdos de 2005 con Egipto, que pusieron fin a la presencia israelí en Gaza. El paso fronterizo pertenece a la Autoridad Palestina y está supervisado por la Unión Europea, según los acuerdos derivados de Camp David. Ese marco legal es el que se ha visto desbordado por la operación militar.
El destino de la ayuda humanitaria
La discusión sobre el bolso y los fajos de billetes es, en el fondo, una discusión sobre el destino de la ayuda humanitaria. Los fondos que llegan a la Franja se canalizan a través de estructuras que, según las críticas, benefician a los dirigentes antes que a la población. La estimación de 3.000 millones para un solo líder es difícil de cuadrar con la imagen de los túneles sin aire acondicionado y de la población que depende de la ayuda externa.
Hay quien argumenta que la solución pasaría por cerrar el grifo de los fondos de reconstrucción canalizados por las estructuras palestinas. Otros responden que eso castigaría a la población civil, que ya es la principal víctima. El debate sigue abierto y no tiene visos de cerrarse.
Con estos mimbres, la pregunta no es si el bolso es auténtico o una imitación de zoco. La pregunta es cuánto de ese dinero que llega con fines humanitarios acaba en cajas fuertes subterráneas y cuánto en manos de quienes dicen defender.