Por qué Palestina se queda sin agua mientras Israel la exporta
Mismo clima árido, mismos recursos limitados. Israel ha convertido la escasez en una industria puntera: desalinización, reciclaje de aguas residuales, riego de precisión y detección de fugas. El sistema hídrico palestino, en cambio, sigue fragmentado: tuberías rotas, conexiones ilegales, facturación débil. La pregunta es si la sed palestina es un fracaso de gestión o una política deliberada.
El contraste israelí-palestino
Los datos del problema no están en disputa: el agua se pierde antes de llegar al grifo. Una gran canalización de regadío, financiada con dinero internacional e israelí, acabó destruida durante los ataques con cohetes. Cada sabotaje refuerza la tesis de la ineficiencia. Pero hay quien recuerda que Israel controla los acuíferos y que en Cisjordania existen bolsas de agua fósil sin explotar porque la ocupación lo impide.
La réplica de la ocupación
La eficiencia israelí es indiscutible, pero también lo es el control de los recursos. Desde esa óptica, culpar a la “vagancia” palestina oculta el bloqueo. La discusión se encona porque el agua en Oriente Próximo nunca es solo agua: es geopolítica líquida.
Mientras tanto, el grifo gotea. Los datos no resuelven el pulso: quien tiene la tecnología y quien tiene el grifo no son los mismos. Y los palestinos siguen esperando el agua que no llega.