Sinwar eliminado: Israel decapita la cúpula de Hamas en Gaza
Un cuerpo con un orificio en la frente y un rasguño en la ceja izquierda. La imagen que circula atribuida al líder de Hamas en Gaza, Yahya Sinwar, tras ser abatido por las Fuerzas de Defensa de Israel, ha desatado una cascada de reacciones que van del sarcasmo al análisis geopolítico. La operación, presentada como un golpe quirúrgico más de la campaña israelí, deja a la organización sin su máximo responsable operativo en el enclave y abre un interrogante sobre quién —y cómo— ocupará ese puesto. El anuncio llega después de dos semanas en las que Israel ha eliminado a varios mandos de alto rango de Hamas y Hezbolá, según el relato que se impone en los círculos que siguen el conflicto al minuto.
Qué ha pasado y por qué importa
La eliminación de Sinwar se presenta como el cierre de una secuencia. En menos de un mes, Israel habría neutralizado a una parte sustancial de la estructura de mando de Hamas y de Hezbolá, incluyendo a su líder Hassan Nasrallah. La operación contra Sinwar, según las versiones que circulan, se habría producido tras un tiroteo prolongado en un edificio, con el objetivo acorralado junto a dos acompañantes y sin vía de escape. El remate habría llegado con el concurso de un tanque.
Sinwar tenía más de 60 años y había pasado media vida en cárceles israelíes, según los datos que manejan quienes siguen el conflicto. La pregunta que sobrevuela es si su muerte cambia algo sustancial o si, como sostienen algunos análisis, la organización ya operaba con una estructura descentralizada capaz de absorber el golpe.
El debate sobre la efectividad de la operación
La corriente dominante en los círculos que apoyan la ofensiva israelí sostiene que se trata de un golpe sin precedentes.
Nunca antes Israel había logrado eliminar de forma simultánea a tantos líderes de organizaciones hostiles, ni siquiera en las guerras de 1967 o 1973, cuando los enemigos eran Estados y no grupos armados. El argumento es que la disuasión clásica ha sido sustituida por una campaña de decapitación sistemática que busca dejar a estas organizaciones sin capacidad de mando. Frente a esta tesis, otra línea de análisis subraya que la eliminación de un líder no equivale a la desaparición de la organización.
Siempre hay un sustituto, y en organizaciones como Hamas o Hezbolá el relevo suele venir acompañado de un endurecimiento del discurso y de una mayor dificultad para la negociación. La historia reciente ofrece ejemplos en ambos sentidos, y ninguno es concluyente.
El frente de los rehenes y la negociación
Uno de los puntos más disputados es el efecto sobre los secuestrados. Hay quien sostiene que la presión militar y la eliminación de los mandos de Hamas son la única vía para recuperarlos, porque
negociar con quienes tienen rehenes solo genera más secuestros en el futuro. La lógica es la de la disuasión: si tomar rehenes no reporta beneficio alguno, la práctica se abandona. En el lado opuesto, se argumenta que la eliminación de los interlocutores dificulta cualquier acuerdo y prolonga la situación de los cautivos. El debate no está cerrado, y las cifras sobre cuántos rehenes siguen con vida no forman parte del material disponible.
Las reacciones en el terreno diplomático
La operación ha sido leída también como un mensaje a Irán y a sus aliados regionales.
La advertencia es explícita: cualquiera que ataque a Israel pagará un precio alto, según la línea que se atribuye al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. En paralelo, circula la idea de que la campaña continuará hasta recuperar a los secuestrados y devolver a los desplazados del norte del país a sus hogares. La dimensión internacional del conflicto se refleja en el hecho de que la operación se haya producido en un contexto de máxima tensión con Teherán y con el eje que Irán coordina. Algunos análisis subrayan que la eliminación de Sinwar debilita la posición negociadora de Hamas, mientras otros advierten de que puede reforzar el relato del martirio y la captación de nuevos combatientes.
Quién ocupará el puesto y con qué condiciones
La sucesión es la incógnita más inmediata. En organizaciones de este tipo, el relevo suele recaer en alguien con perfil más duro o con menos que perder.
El sustituto tendrá que asumir un riesgo personal extremo, y eso reduce el universo de candidatos. Algunas voces señalan que el nuevo responsable exigirá mayores garantías de seguridad y compensaciones simbólicas para aceptar el cargo. Otras apuntan a que la estructura ya funciona con células autónomas y que la figura del líder único es más simbólica que operativa. Lo que no está en discusión es que la campaña israelí ha modificado el tablero de mando en Gaza y en el sur del Líbano en un plazo muy corto.
El dato que descoloca no es la muerte de un hombre, sino la velocidad con la que se han sucedido las eliminaciones de mandos en dos organizaciones distintas. Si la tendencia se mantiene, el mapa de poder en la región quedará irreconocible en pocos meses. Lo que nadie acierta a calcular es el precio que tendrá ese reordenamiento para la población civil de Gaza y para la estabilidad de la frontera norte.