La gran locura de tratar a los perros como si fueran humanos: "Cada vez los utilizamos más para describirnos a nosotros mismos"

Perro de compañía en un carricoche junto a su dueño, ejemplo de la humanización de los perros

La humanización de los perros: del carricoche al cine con palomitas​

¿En qué momento dejó el perro de ser un perro? La pregunta no la firma un vecino indignado en la panadería, sino Simon Garfield (Londres, 1960), autor de superventas sobre tipografías y sobre la historia de la correspondencia, en «El mejor amigo del perro», el libro que Taurus publicó en España en junio de 2023 y que va dedicado «a todos los perros que amamos». Su tesis es incómoda: el cariño por las mascotas ha llegado tan lejos que les estamos negando su condición animal. La humanización de los perros, sostiene, ya no es la excentricidad de unos pocos: es la norma.

Garfield no es sospechoso de detestar animales. Escribió el libro casi cuatro años antes de que llegara a las librerías españolas, cuando su perro Ludo aún vivía y lo normal era teclear con el animal husmeando sus zapatos. Aceptó el encargo, confiesa, porque rechazarlo era tan absurdo como «dejar de escribir sobre el amor». Lo que le movía era otra cosa: averiguar hasta dónde hemos estirado esa convivencia y qué hemos roto por el camino.

¿Qué es la humanización de los perros?​

Vestirlos con abrigo y gorro o llevarlos al cine. El problema, según el autor, no es quererlos: es trasladarles hábitos exclusivamente humanos; en el debate se añaden además ejemplos como sentarlos a la mesa o meterlos en un carricoche de bebé. «Si todo lo que hacemos los humanos lo pueden hacer los perros, estamos negando su perritud», resume. La fórmula es simple y no admite mucha réplica: para ejercer de humanos ya estamos los humanos.

Que un perro lleve ropa le parece, con sus palabras, «algo loco». Lo que le inquieta de verdad es que la escena ya no levante una ceja. «Lo que ha pasado es que lo hemos normalizado», apunta. Y una costumbre normalizada deja de discutirse, que es justo cuando conviene mirarla dos veces.

Cafés con menú canino y cine con palomitas para perros​

Dos fenómenos concretos le dejaron boquiabierto mientras documentaba el libro. El primero, la apertura de un café específico para perros: no un local que los admite, sino uno pensado para ellos y para sus dueños, con un menú canino que le pareció «un tanto extraño». El segundo, ver que hay cines donde los perros entran con su propia ración de palomitas, las llamadas pupcorn. «Pensé que también era algo extremo».

No son anécdotas aisladas de una ciudad excéntrica, sino dos casos que, según el autor, muestran hasta qué punto se ha normalizado la humanización de las mascotas.

Instagram y el perro convertido en mercancía​

Las redes sociales tienen buena parte de culpa en esta deriva. Cuantas más imágenes se ven de perros disfrazados o haciendo tonterías, más natural parece hacerlo con el propio. El autor no se declara enemigo de las plataformas, pero sí señala el efecto: lo raro se vuelve costumbre y la costumbre se vuelve norma.

Hay un riesgo mayor. «Con las redes sociales estamos tratando a los perros como si fueran comida manufacturada», denuncia. El animal pasa a ser producto, una pieza más de la que sacar rendimiento. Ahí están los creadores de contenido con sus mascotas adorables y su contabilidad de seguidores. Un ser vivo convertido en escaparate no es cariño: es inventario.
Las Vegas, 1992: el mejor espectáculo canino: «La alegría y tristeza que siente el perro es porque de verdad te quiere y te echa de menos. Es exactamente el mismo sentimiento que tenemos los humanos.» — un forero de burbuja.info

Caniches bailando el cancán en Las Vegas​

En 1992, Garfield viajó a Las Vegas como periodista para cubrir el que los entendidos llamaban el mejor espectáculo canino del mundo. Durante los diez minutos que duró la función, el público estuvo boquiabierto: los caniches hacían cosas insólitas. El número se cerraba con los perros bailando el cancán.

La anécdota no habla de las capacidades de esos animales, sino de nosotros. «Queremos que se parezcan más a nosotros, reforzar nuestro vínculo mutuo de formas cada vez más absurdas y agradables. No vamos a dejar que un perro sea solo un perro si puede ser, además, un perro artista, ¿no?». Ahí, probablemente, está todo el problema en una sola frase.

¿Los perros sustituyen a los hijos que no se tienen?​

Es uno de los argumentos que aparece en el debate. La tesis del autor es que los dueños eligen perros que se parecen a ellos o que directamente los completan: si no hay hijos, se adopta un cachorro que rellene el hueco. Sobre esa idea, un forero sostiene una explicación más dura: que la parte de la cabeza preparada para criar bebés se conforma con un animal que se comporta como un bebé durante casi toda su vida.

Frente a eso hay quien defiende lo contrario, que el vínculo es real y no una imitación barata. «La alegría y tristeza que siente el perro es porque de verdad te quiere y te echa de menos. Es exactamente el mismo sentimiento que tenemos los humanos», sostiene una de las posturas repetidas en el hilo, para la que la única diferencia entre especies es el nivel de inteligencia. Hay quien replica que una familia humana se compone exclusivamente de humanos emparentados entre sí, y que llamar familia al perro equivale a humanizar al animal o a deshumanizar a la persona.

En medio queda la posición más común entre quienes tienen perro y no han perdido la cabeza: es parte de la casa, pero no es una persona, y no hace falta disfrazarlo para demostrarlo. La discrepancia, en el fondo, no va de animales: va de qué palabra usamos para describir lo que sentimos.

Playas, tiendas y carricoches: dónde choca la convivencia​

El roce diario está en el espacio público. Se sostiene que en la práctica totalidad del litoral español los perros están prohibidos en temporada estival, y que cada verano vuelve la misma petición de habilitar unos metros de arena, con propuestas para abrir playas urbanas contiguas a otras ya vetadas. El contrapeso no es ideológico, es de suela de zapato: los restos que aparecen donde se permite el acceso.

También hay quien se queja de verlos dentro de tiendas de bricolaje anunciadas como pet friendly, de perros en carricoches de bebé o de mascotas con visera y modelitos conjuntados. A un dueño le basta con que se le llame «papá de perro» para perder la paciencia. Y en el extremo sanitario circula el relato de un menor que habría contraído una parasitosis tras besar al animal; conviene recordar que cualquier duda sobre transmisión de parásitos entre animales y personas se resuelve con un veterinario o un médico, no a base de mensajes encendidos.

Mientras tanto, el perro seguirá haciendo lo que sabe hacer: mear donde le dejen y meter el hocico donde no debe. Le pongan visera o no.
💬 LO QUE DICEN LOS FOREROS
«La alegría y tristeza que siente el perro es porque de verdad te quiere y te echa de menos. Es exactamente el mismo sentimiento que tenemos los humanos.»
— Manoliko · Vínculo emocional con el perro
«Es evidente que los perros reemplazan a los hijos que no se tienen. Esa parte de la mente destinada a criar permanentemente bebés, se reconforta con un animal que se comporta como un bebé la mayor parte del tiempo.»
— ATARAXIO · Perro como sustituto del hijo
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
Humanizarlo es un error, sigue siendo un perro40%
Es familia, pero sin disfrazarlo25%
Sustituye al hijo que no se tiene20%
El vínculo emocional es real y equiparable15%
📌 DATOS
Simon Garfield (Londres, 1960) publica en España «El mejor amigo del perro» en junio de 2023, en la editorial Taurus
El libro se escribió casi cuatro años antes de su publicación, cuando todavía vivía su perro Ludo
En 1992 Garfield cubrió en Las Vegas un espectáculo canino de diez minutos que cerraba con caniches bailando el cancán
Se citan dos casos concretos: cafeterías con menú específico para perros y sesiones de cine con palomitas para perros
❓ PREGUNTAS FRECUENTES
¿Qué significa la palabra perritud que usa Simon Garfield?
Es el término con el que el escritor británico se refiere a la condición propia del perro como animal, la que a su juicio le negamos al trasladarle costumbres humanas como vestirlo o llevarlo al cine. De ahí su frase de que, si todo lo que hacemos los humanos lo pueden hacer los perros, estamos negando su perritud.
📅 EVOLUCIÓN
1992 Simon Garfield cubre en Las Vegas un espectáculo canino que cierra con caniches bailando el cancán
Marzo 2020 El confinamiento permite sacar a pasear al perro mientras los niños no pueden salir, comparación que reaparece en la polémica
Junio 2023 Se publica en España «El mejor amigo del perro» (Taurus) y se reaviva la discusión sobre la humanización de las mascotas
🔗 FUENTES
Leroy Merlin ↗
Cadena que aplica políticas pet friendly en sus tiendas
💬 POR QUÉ PARTICIPAR
✓La entrevista en la que Garfield explica por qué aceptó escribir el libro y qué dos escenas concretas le dejaron boquiabierto
✓El episodio de Las Vegas de 1992, con los caniches cerrando el número bailando el cancán, que solo se cuenta al completo en esta fuente
✓El pulso entre quienes defienden que un perro es familia y quienes sostienen que llamarlo así humaniza al animal o deshumaniza a la persona
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Descargo de responsabilidad: Las afirmaciones sobre transmisión de parásitos entre animales y personas recogidas en este artículo proceden de testimonios particulares y no constituyen diagnóstico; ante cualquier duda debe consultarse a un veterinario o a un profesional sanitario.
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